Un frustrado proyecto del gobernador Obligado
El 25 de noviembre de 1884 asumía sus funciones el primer Gobernador del Territorio Nacional del Chaco, coronel Manuel Obligado, quien desde quince años antes se desempeñaba como comandante en jefe de la Frontera Norte.
Por María Cristina de Pompert de Valenzuela
Su gestión ampliamente detallada y ponderada por monseñor José Alumni en su obra El Chaco. Figuras y hechos de su pasado (Resistencia, 1957), lo mostró en su condición de organizador del territorio en su aspecto administrativo. Merece destacarse la fluida relación que el Gobernador tuvo con los aborígenes y las acciones que proyectó para lograr su incorporación a la sociedad.

Poco tiempo antes de ocupar la Gobernación había recibido la orden del ministro de Guerra, Benjamín Victorica, en el sentido de tratar de reducir al mayor número de aborígenes a fin de facilitar el poblamiento. Este fue el origen de la fundación de San Antonio de Padua y pueblo de Obligado, bajo la dirección del padre misionero fray Hermete Constanzi entre las colonias Las Toscas y Villa Ocampo., hoy convertida en pueblo.
La reducción se fundó con 286 aborígenes el 21 de junio de 1884. Poco después su población llegaba a 600 personas que se habían presentado a reducirse al comprobar que se les cumplía lo prometido. El coronel Obligado describía la situación de ese momento como de pacífico sometimiento y entera conformidad por parte de los indígenas, entre quienes no se había producido ningún caso de deserción.
Ellos construyeron sus casas, la escuela y la capilla. Pronto hubo en la población una fábrica de ladrillos, una panadería, tres casas de negocios y una carnicería, mientras día a día la agricultura tomaba mayor impulso y algunos habitantes trabajaban en los ingenios vecinos. El Regimiento Indígena, creado por Obligado, colaboraba en la defensa de las fronteras. Cabe destacar que el pueblo estaba aún en territorio del Chaco, Hoy pertenece a Santa Fe
Un nuevo proyecto
En sucesivas notas, que hoy constituyen un expediente en el Archivo General de la Nación, el flamante Gobernador formulaba un nuevo proyecto para el suelo chaqueño: la creación de nueve reducciones en los sitios en que residían los grupos originarios del momento.
Fundamentaba legalmente la propuesta en el artículo 67 de la Constitución Nacional. Y hallaba un argumento a favor de su propuesta en la existencia de 4.000 leguas cuadradas de desierto que se entregarían a sus “primitivos dueños”. El expediente (Archivo General de la Nación, Ministerio del Interior, 1885, leg 5) revela, además de las ideas de Obligado, el concepto que tenía de los aborígenes.
Ellos eran capaces de mantenerse con sus trabajos siempre que se les diera una porción de tierra en propiedad y de la que pudieran estar seguros de que no se los desalojaría. Habría que ubicarlos en un “pedazo de tierra de su antiguo dominio” y “atender a civilizarlos y mejorar su condición de seres humanos”. La tierra debería serles entregada en propiedad y el Gobierno debería auxiliarlos con algunos animales, útiles de labranza y semillas.
Las reducciones estarían bajo la vigilancia de autoridades civiles y contarían con la dirección de un padre misionero. El proyecto fue aprobado por la Oficina Central de Tierras y Colonias la que se expidió en el sentido de que era necesario radicar a los grupos originarios.
El proyecto tuvo aparentemente favorable acogida en esferas oficiales. Prueba de ello es la existencia al final del expediente de un borrador de decreto del presidente Julio A. Roca por el que se autorizaba al Gobernador del Chaco a crear dos reducciones de indios sobre la base de la de San Antonio de Obligado.
Para cada una de ellas se destinaban dos leguas no comprometidas en los lugares que se consideraran más apropiados. El Gobernador debía proponer la delimitación de lotes que serían entregados a los aborígenes con o sin familia, asignándoles el carácter de propietarios.
Inexplicablemente, las reducciones no se crearon, a pesar de los insistentes reclamos de Obligado. Pero los documentos que nos ocupan resultan de mucho interés para rescatar las ideas o propósitos de su autor. En primer lugar, su preocupación por mejorar la condición de vida de los aborígenes. Por otra parte, el reconocimiento de su derecho a la tierra, mencionando frases como “primitivos dueños de las tierras” o “tierras de su anterior dominio”, entre otras.










