Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°

El crecimiento desmesurado del endeudamiento externo

Los miles de millones de dólares que debe la Argentina a organismos de crédito y bonistas acotan los escasos márgenes de maniobra de negociación que, para colmo, se volvieron más estrechos con la repentina llegada de una pandemia que no hizo otra cosa que profundizar la crisis. Con ese escenario de fondo, todas las miradas apuntan ahora al viernes de la próxima semana. Ese día vence el plazo para que los acreedores extranjeros adhieran a la oferta que hizo el gobierno nacional para el canje de deuda.

En efecto, hasta el 22 de mayo se extendió el plazo para que los acreedores extranjeros comuniquen si adhieren, o no, al canje propuesto por la administración del presidente Alberto Fernández, que encuentra hoy una situación mucho más compleja y difícil que cuando se iniciaron las primeras conversaciones por la renegociación de las obligaciones derivadas del desmesurado endeudamiento externo que dejó el macrismo.

Muy lejos quedó la euforia que mostraron altos funcionarios del gobierno de Cambiemos cuando el entonces ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, festejaba -sin ruborizarse- el fallo de la Corte de Apelaciones de Nueva York que convalidó el acuerdo de Argentina con los fondos buitre. Fue la llave que abrió las puertas al gobierno de Macri para iniciar el fenomenal endeudamiento que hoy pesa sobre las espaldas de todos los argentinos y cuyas consecuencias sociales y económicas son harto conocidas en un país que parece estar empecinado en tropezar varias veces con la misma piedra.

Las posibilidades de remontar la cuesta se hicieron más difíciles con el desembarco del nuevo coronavirus Covid-19. Es que, si antes de la cuarentena las cosas ya estaban complicadas, el aislamiento obligatorio agudizó los problemas de una economía que ya venía en terapia intensiva. Hoy las proyecciones más moderadas hablan de una caída del PBI que este año podría llegar al siete por ciento, en un escenario que estará marcado por la expansión del gasto público derivado de la necesidad de atender las urgencias sanitarias y la abrupta caída de la recaudación que, como se sabe, aporta recursos al Estado para financiar sus erogaciones. Días atrás, las autoridades del Ministerio de Economía de la Nación dieron a conocer las estimaciones del déficit fiscal primario para este año: será de un 3,1 por ciento.

Así las cosas, el pedido que hizo la Argentina a los acreedores para que flexibilicen sus exigencias no es un capricho, sino que responde a la necesidad de lograr una recuperación, por mínima que sea, para poder cumplir con las obligaciones que, vale recordar, se acordaron con un contexto muy diferente al actual, que tiene como común denominador la caída de las actividades económicas en todo el mundo, producto de una situación sin precedentes. Un dato a tener en cuenta es que, en este contexto, Argentina ofrece pagar una tasa de interés promedio del 2,33 por ciento, cuando varios de los países más desarrollados ofrecen tasas del cero por ciento. Claro que esperar que los negociadores que representan a los acreedores (este grupo reclama el pago de unos 503 millones de dólares de intereses de los denominados bonos globales, emitidos durante el macrismo, que rigen bajo legislación estadounidense) adolezcan de un repentino sentimiento de identificación con los intereses del país en esta particular coyuntura sería ingenuo. En todo caso, habría que recordar los nombres del entonces ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay, y del secretario de Finanzas de aquella época, Luis “Toto” Caputo, a quien Macri definió como “el Lionel Messi” de las finanzas, para tener en claro quiénes fueron los responsables de emitir esos bonos, cuyos intereses hoy son difíciles de pagar, y que solo tuvieron sentido en un modelo que promovió la especulación y la fuga de capitales. A esta altura no resulta sencillo cuantificar cuánto daño hizo la política de endeudamiento de Cambiemos y cuánto el coronavirus. Lo llamativo es que el propio Prat-Gay se pasea por algunos medios de comunicación pontificando sobre cómo debiera manejarse la crisis, sin ahorrar críticas a la gestión del actual ministro de Economía de la Nación, Martín Guzmán. Es como si se pidiera consejo al lobo sobre cómo cuidar mejor a las ovejas.

En el otro extremo de la postura de Prat-Gay están, nada más ni nada menos, respetados economistas, como los premios Nobel como Joseph Stiglitz y Edmund Phelps, a los que se suman otras figuras prestigiosas como Thomas Piketty y Jeffrey Sachs, que no dudaron en firmar un documento de apoyo a la Argentina.

Te puede interesar