Amplio respaldo político a renegociación de la deuda
La democracia argentina, desde su recuperación en 1983, ha logrado sortear los más variados obstáculos con acciones y acuerdos políticos que hicieron posible que en ningún momento la vida democrática en el país fuera interrumpida. El mérito debe atribuirse a una dirigencia que, con luces y sombras, ha sabido construir los consensos mínimos para superar las coyunturas más difíciles.
En ese contexto debe leerse el documento que firmaron todos los gobernadores y el jefe de Gobierno porteño, con excepción del mandatario puntano Alberto Rodríguez Saá, para manifestar en forma pública el apoyo al gobierno nacional en el complejo proceso de reestructuración de la deuda externa que encara el país en estos días.
“Este proceso nos tiene que encontrar unidos, más allá del gobierno de turno y de la crisis sanitaria mundial que estamos atravesando, ya que nos involucra a todos los argentinos y las argentinas, tanto en el presente como en las generaciones futuras”, dice, textualmente, la solicitada que lleva las firmas del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, de los gobernadores Axel Kicillof (Buenos Aires), Raúl Jalil (Catamarca), Jorge Capitanich (Chaco), Mariano Arcioni (Chubut), Juan Schiaretti (Córdoba), Gustavo Valdés (Corrientes), Gustavo Bordet (Entre Ríos), Gildo Insfrán (Formosa), Gerardo Morales (Jujuy), Sergio Ziliotto (La Pampa), Ricardo Quintela (La Rioja), Rodolfo Suárez (Mendoza), Oscar Herrera Ahuad (Misiones), Omar Gutiérrez (Neuquén), Arabela Carreras (Río Negro), Gustavo Sáenz (Salta), Sergio Uñac (San Juan), Alicia Kirchner (Santa Cruz), Omar Perotti (Santa Fe), Gerardo Zamora (Santiago del Estero), Gustavo Melella (Tierra del Fuego) y Juan Manzur (Tucumán). Un rápido repaso por esta lista permite comprobar que se trata de dirigentes con diferentes trayectorias que representan a distintos espacios políticos partidarios y que son, a la vez, referentes de regiones muy diversas del país. Esta heterogeneidad, sin embargo, no ha sido un impedimento para comprender la importancia de aportar en estas horas difíciles a la gobernabilidad y a la joven democracia argentina.
“Es necesario hacer el mayor esfuerzo posible y brindar todo el apoyo para que la Argentina pueda redefinir sus compromisos de forma sostenible de modo de poder cumplir con sus obligaciones y evitar la cesación de pagos o default”, agrega el documento firmado por los mandatarios que respaldan la negociación de la deuda emitida en divisas bajo legislación extranjera, por un monto estimado en alrededor de 67.000 millones de dólares.
En otro párrafo del documento, los mandatarios reconocen la necesidad de evitar enfrentamientos estériles para avanzar en lo que el país realmente necesita: un frente común para superar las adversidades en un país que ya venía padeciendo las consecuencias de una economía en recesión, con aumentos de precios, caída del poder adquisitivo de una amplia mayoría de la población que tiene ingresos fijos, en un escenario con altos niveles de pobreza y de desempleo, a lo que se agregó después la repentina emergencia sanitaria derivada de la pandemia global provocada por el nuevo coronavirus que trastocó todo y que, como coinciden en señalar distintos expertos, es muy probable que abra las puertas a una economía global completamente distinta de la que ha prevalecido en la últimas décadas. Éste, y no otro, es el mundo que pondrá a prueba a dirigentes políticos que deberán elegir entre el camino de la cooperación o del sálvese quien pueda.
Resulta alentador ver que en estas horas, y tal como se puede leer en el documento firmado por los gobernadores y el jefe de gobierno porteño, estos actores de peso en la política nacional reconocen su responsabilidad de “construir un gran consenso político, económico y social que nos permita cerrar con los desencuentros del pasado para lograr una Argentina unida en base a las políticas de Estado que perduren para las futuras generaciones”. Ojalá que esta declaración marque el comienzo de un nuevo tiempo de revalorización de la acción política que, sin desconocer las tensiones propias de la lucha por alcanzar y conservar el poder, hoy coincide en mostrar una voluntad ecuménica y una mayor predisposición a para servir a los intereses generales de toda la ciudadanía.
Son tiempos difíciles, sin dudas. Pero esta muestra de madurez política de los gobernadores que —hay que decirlo— es posible porque la continuidad del ejercicio democrático lo permite, es una buena y alentadora señal; sobre todo en momentos en que algunas voces agitan el fantasma de la antipolítica, sin decir, por supuesto, cuál es su propuesta para sustituir la representación legítima que necesita la conducción del Estado.










