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Poder e interés en las pymes

El 25 de noviembre de 1915, el célebre científico Albert Einstein presentó una innovadora y revolucionaria fórmula matemática que cambió para siempre la comprensión del universo: la Teoría General de la Relatividad.

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Sus postulados explican, entre otras cosas, que los segundos y los metros no midan lo mismo en todas partes, sino que son relativos a la velocidad y a la gravedad. Así, es perfectamente posible que dos acontecimientos tengan lugar de forma simultánea desde la perspectiva de un observador, pero que ocurran en momentos distintos desde la de otro y que ambos estén en lo cierto.

Ahora bien, ¿Se puede pensar al mundo de los negocios desde el concepto de relatividad? Claro que sí. Se puede y se debe. Es que, resulta absolutamente factible que una empresa funcione a la perfección desde la mirada de un actor, pero que no sea así desde la de otro siendo los partícipes de cualquier organización los que pertenecen a sus grupos de interés: clientes, socios, empleados, instituciones gubernamentales, proveedores y sindicatos.

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Por ejemplo, la pyme sabe funcionar de manera ideal para los compradores y los medios de comunicación, en función a las ventas y cantidad de locales, pero en cuanto a su realidad fiscal, la misma compañía puede estar debiendo pagos de declaraciones juradas, con moratorias caídas o deudas de aportes previsionales.

Al respecto, fue famoso el caso de una cadena de heladerías furor en el país por su variedad de productos y bajos precios y que, hasta hace no mucho tiempo, aparecían notas en toda la prensa especializada en negocios destacando sus ventas millonarias y las aperturas de nuevas franquicias. No obstante, su inadecuada política tributaria hizo que los dueños estuviesen en serios problemas legales, afectando con esto a sus empleados y a la marca.

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Entonces, ¿a esta empresa le va bien? La respuesta es relativa al espectador. Un periodista de management o un cliente habitual sostendría que sí, mientras que el fisco o un empleado declararía un rotundo no. De este modo se puede apreciar como la relatividad está muy presente en el mundo empresarial. Por ello, este artículo abordará sobre la variedad de tendencias y poderes con los que lidia habitualmente una pyme y como gestionar la incertidumbre que ello genera.

Empezaremos estableciendo que para todos los empresarios pyme es fundamental comprender en detalle las expectativas de sus participantes, las diferencias entre las mismas y su grado de influencia sobre los propósitos y estrategias de la organización. Lo antedicho en conjunto, se conoce como “partes interesadas” y existen tanto fuera como dentro de la compañía.

Se trata de conglomeraciones o individuos que dependen de un ente jurídico para alcanzar sus propias metas y de quien depende, a la vez, la misma empresa Puesto que las visiones de los grupos implicados son distintas, es bastante normal que existan conflictos sobre la importancia o necesidad de las estrategias aplicadas.

Por tanto, es clave comprender que en la mayoría de las situaciones será necesario alcanzar un compromiso entre las distintas aspiraciones que no se pueden satisfacer de manera paralela. Dichas discrepancias se pueden observar en frases como: “para poder crecer en unos años, es posible que haya que sacrificar la rentabilidad a corto plazo” o, “si nombramos a gerentes profesionales para que el negocio familiar se desarrolle, los propietarios vamos a perder el control”.

Por consiguiente, frente a este escenario de deseos y opiniones contrapuestas, es importante identificar las fuerzas en juego y sus prioridades. Para lograrlo, Jerry Johnson, Kevan Scholes y Richard Whittington proponen una herramienta denominada el “mapa de las partes interesadas”. La misma pretende describir el contexto en el que se va a desarrollar una maniobra.

En primer lugar, los autores invitan a clasificar a todos los involucrados en función de su poder (alto o bajo) y el grado en el que pueden mostrar una inclinación por respaldar u oponerse a determinado plan de acción (superior o inferior). En consecuencia, la herramienta se confecciona en una matriz que ubica en distintos cuadrantes el tipo de relaciones que logra establecer normalmente la empresa con cada grupo en cuestión.

Las clasificaciones pueden ser: de “Esfuerzo mínimo”, con bajo poder y grado de interés; de “Mantener informados” con alto nivel de inclinación por la compañía, pero bajo poder; de “Mantener satisfechos” con bajo grado de apego y alto poder; o de “Jugadores clave” con alto grado de predilección y alto poder de boicotear o impulsar una estrategia.

A menudo, las cuestiones más difíciles están relacionadas con los miembros del segmento de “mantener satisfechos” (socios de la pyme), dado que su general falta de compromiso puede mutar hacia un interés repentino, pero perjudicial, debido a su falta de involucramiento anterior, frustrando por ello la adopción de una nueva estrategia.

Por lo tanto, es responsabilidad del empresario pyme elevar constantemente el grado de interés de las porciones poderosas para que puedan cumplir mejor su papel esperado dentro de la empresa y no de modo intempestivo y desinformado. A su vez, el mapa descrito puede ayudar a comprender mejor algunas cuestiones, como conocer si los actuales niveles de interés/poder de las partes reflejan adecuadamente el marco en el que se mueve la pyme.

Por ejemplo, volviendo al caso de la cadena de heladerías mencionado, los propietarios no tuvieron en cuenta el nivel de poder de la AFIP con suficiencia. Manifiesta además quienes son los principales bloqueadores y cuáles las facilitadoras de una estrategia y como se puede responder a ellos para que no la saboteen, sino que la faciliten.

Siguiendo este criterio, se podría decir que el citado fabricante de helados no reflexionó en el hecho de que los empleados formaban parte de un grupo con bastante interés en que la compañía progrese. Al contrario, en lugar de incentivarlos a usar su poder en beneficio de la organización mediante mejores compensaciones, implementó una política salarial que los llevó a exponer al negocio ante el ministerio de trabajo y la AFIP.

Asimismo, la herramienta de Johnson, Scholes y Whittington permite prevenirse de que ciertos grupos sin interés en la empresa ganen mucho poder, reduciendo su influjo. De esta manera, si quienes gestionan la heladería aludida no quisieran que el fisco gane injerencia en sus decisiones, debería administrar sus impuestos más eficientemente.

Por último, tras alcanzarse un equilibrio entre el grado de interés y de poder de los participantes, es esencial sostenerlo. Actitudes como respaldos públicos, exposición de resultados y diálogo permanente contribuyen a esta tarea.

En resumen, la verdad sobre el mundo en el que nos movemos es relativo a sus observadores. En consecuencia, es imprescindible conocer el nivel de interés y de poder que tiene cada actor sobre el propio emprendimiento, a fin de responder adecuadamente sobre cada actor. Solo siguiendo esta lógica se alcanzará una mayor certeza sobre las fuerzas que movilizan la empresa. Pues, parafraseando a Albert Einsten: “todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”.

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