Ramón de las Mercedes Tissera y su inmenso legado
Mañana, 5 de mayo, se cumplirán 39 años de la partida de Ramón de las Mercedes Tissera, político, escritor, periodista, historiador y artesano. El 24 de septiembre de este año cumpliría un siglo de vida. Podría afirmarse que es, como tantos otros, “un chaqueñero” de ley, según el concepto de Adolfo Cristaldo, ya que, nacido en Córdoba, vino muy pequeño al Chaco.
Hace casi 40 años que nos dejó, lo quiere decir que hay más de una generación que ni siquiera supo de su existencia y que apenas escuchó hablar alguna vez de él. Sin embargo, su legado permanece entre nosotros y es uno de los más lúcidos en cuanto a nuestra identidad se refiere.

Los que tuvimos la suerte de conocerlo y de considerarnos sus amigos, lo recordamos como un hombre amable, elegante, de buen decir, de sonrisa y carcajada fácil, de pensamiento profundo, de mano tendida y de no esquivarle al bulto cuando se trataba de pronunciarse sobre algún tema ríspido de la política o del quehacer comunitario.
Se graduó de bachiller en nuestro glorioso Nacional “José María Paz”, cursó algunas materias en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y en el Instituto de Filosofía de la Universidad Nacional de Córdoba, regresó a Resistencia para meterse de lleno en la vida de una ciudad que crecía sin pausa. Se incorporó al Ateneo del Chaco, institución con fines culturales creada en 1938 en la que un grupo de jóvenes creó la subcomisión Juventud, para menores de veintidós años, que auspiciaría distintas actividades. Entre ellos, estaban, junto con Tissera, Rosa Maluff (luego de Masramón), Antonio Yurkevich, Carlos Matta, Diego Pro, Julio Florencio Acosta y Adolfo Cristaldo, que publicaron sus primeros trabajos en los periódicos locales promovidos por el Ateneo. También fue integrante del movimiento por la creación de la Universidad Nacional del Noreste y secretario técnico del Departamento de Extensión Universitaria y Ampliación de Estudios. Estuvo entre los fundadores de la filial Chaco de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) y de una Junta de Historia, de vida efímera.
POLÍTICO DE ACCIÓN
Apasionado como era, lo atrapó la política y fue militante de la UCR primero y luego de la UCRI, elegido diputado provincial, cargo que ocupó en tres períodos entre 1958 y 1966, bajo las gestiones de Anselmo Zoilo Duca y Deolindo Felipe Bittel. Fue un legislador de permanente presencia en el recinto de la Cámara de Diputados y en las comisiones, y siempre intervino activamente en la discusión de las leyes. Se preocupó fundamentalmente por las leyes sociales, las que dieron origen al sistema de Previsión Social del trabajador, el entonces IPS (hoy InSSSeP), que fue lo más adelantado del país y, como integrante de la Comisión Permanente de Biblioteca, fue uno de los gestores y organizadores de la Biblioteca legislativa que hoy lleva su nombre.
Periodista e investigador
Sin embargo, donde se sintió más a gusto –nos parece- fue cuando ejerció el periodismo y se dedicó a la investigación histórica de ese Chaco misterioso y desconocido que le hizo descubrir su pasión por la lectura y la investigación histórica. Como periodista escribió en la primera etapa de La Voz del Chaco y en El Territorio. Estuvo entre los fundadores de NORTE en 1968 y fue su primer secretario de Redacción y luego editorialista y colaborador con notas fruto de sus investigaciones históricas. Fue el creador de la columna “La mar en coche”, incisiva sección sobre la actualidad política. Escribió también notas para “Los Principios” de Córdoba y para Clarín de Buenos Aires.
Su papel de investigador del Chaco ancestral y desconocido lo hizo cosechar una estrecha amistad con Félix Luna, creador de la revista “Todo es historia” de amplia difusión entre los estudiosos y en la que escribió una veintena de notas sobre esa temática. Su producción escrita comprende libros como “Reflexiones sobre Historia de la Nación Argentina” (1957), “Actualidad de las Misiones Guaraníes”; “Ensayo sobre el espíritu ortodoxo”, publicado por la UNNE (1968) y reeditado por Peña Lillo bajo el título “De la Civilización a la Barbarie”, estudio sobre las Misiones Guaraníticas del Paraná, con prólogo de Arturo Jauretche, en 1969; “Chaco Gualamba”, historia de un nombre, edición de la Comisión del Centenario de la Institucionalización del Chaco (1972); “Conciencia Histórica del Chaco Gualamba”, edición del Ministerio de Economía del Chaco (1974) y “Calendario Histórico del Chaco” (desde 1526 hasta 1976), publicado por Cultural Nordeste (1977). Estos trabajos revelaron su preocupación por el empleo de fuentes y bibliografía actualizada y por la atención a los postulados metodológicos aplicados por la Nueva Escuela Histórica en la Argentina. Pero también evidenciaron su aproximación al ensayo cuando se propuso indagar sobre las características y componentes de la realidad local. Con posterioridad a su muerte se publicó “Historia General del Chaco” como parte de la Colección Rescate de la Librería de la Paz (2008).
Al principio, entre sus actividades enumeramos la de “artesano”. Es que Tissera tenía su cable a tierra y era un excelente herrero, tirando a orfebre y en su propia fragua, daba rienda suelta a su fantasía para la creación o la reparación de algunos artefactos, como pudimos constarlo personalmente. Un año antes de su partido recibió la Orden del Quebracho que otorgan anualmente los Rotary Club de Resistencia y Corrientes.
Al cumplirse el primer año de su fallecimiento (1982) sus familiares donaron la biblioteca personal de 1.800 volúmenes, a la Biblioteca “Leopoldo Herrera” de Resistencia. Y a pesar de que a Escuela 14 de Adultos de Resistencia lleva su nombre desde el 16 de noviembre de 1984 y también la Biblioteca del Poder Legislativo, creemos que un manto de olvido ha caído sobre este miembro de esa pléyade de hombres y mujeres que integran Guido Miranda, Aledo Luis Meloni, Yolanda de Elizondo, Carlos López Piacentini, Crisanto Domínguez, Inés Marqués, Juan de Dios Mena y tantos otros, miembros de una generación que echó las bases de una nueva provincia y creó muchas de sus instituciones.
Versos de Aledo
No fue sembrador de trigo,
fue sembrador de palabras;
y todo lo que sembró
tuvo destino de zafra.
(ALEDO LUIS MELONI, LEVE FULGOR, 1995)










