Epidemias, enfermedades y destrucción ambiental
Desde hace varios años expertos de distintas disciplinas vienen alertando sobre el peligro que representa el avance incontrolable de actividades humanas sobre los ecosistemas vírgenes, debido a que ese tipo de intromisiones aumentan notablemente las posibilidades de acercarse a especies animales portadoras de bacterias o virus que pueden enfermar a las personas. No son pocos los especialistas que en las últimas horas volvieron a asegurar que la actual pandemia del Covid-19 se explica en el deterioro ambiental.
Un amplio coro de voces venía planteando la necesidad de prestar una mayor atención al cuidado del ambiente y de evitar el contacto de seres humanos con especies animales que se ven obligadas a abandonar sus hábitats naturales por la destrucción de bosques, el avance de la frontera agrícola y de urbanizaciones con fuerte impacto ambiental. Muchas de esas voces coinciden también en pedir un cambio del actual esquema de producción de la sociedad industrial para marchar hacia modelos más sustentables. Una de ellas es la del economista y sociólogo norteamericano, Jeremy Rifkin, quien no duda en responsabilizar a la desmedida ambición humana de problemas tales como la alteración del ciclo del agua y del deterioro de ecosistemas que son fundamentales para un equilibrio en el planeta.
También el experto en historia de la medicina, el profesor de la Universidad de Yale, Frank Snowden, afirma que la tala de bosques es una de las causas del surgimiento de nuevas enfermedades. En su libro titulado “Epidemias y sociedad: de la peste negra al presente”, recientemente publicado, explica que las epidemias de gripe aviar, el ébola y otras enfermedades zoonóticas se explican en buena medida por la responsabilidad de los seres humanos en la perturbación de ecosistemas naturales.
Por su parte, científicos que integran el equipo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente señalan que la pandemia de Covid-19 es un llamado de atención y advierten que la destrucción de la naturaleza está amenazando la propia supervivencia humana sobre el planeta, ya que en promedio una nueva enfermedad infecciosa surge en los humanos cada cuatro meses. Según estos expertos, el 75 por ciento de estas enfermedades infecciosas emergentes provienen de animales. Por esta razón remarcan que para prevenir futuros brotes se debe poner fin al comercio ilegal de especies animales y a la destrucción de sus hábitats naturales. Un informe elaborado por este programa de Naciones Unidas recuerda que los ecosistemas saludables ayudan a proteger a la humanidad de las enfermedades porque la diversidad de especies hace más difícil la propagación de patógenos. Por eso se plantea que hay que trabajar con la naturaleza, no en contra de ella. El documento de la ONU, donde se hace un fuerte llamado a redoblar los esfuerzos en todos los países para detener el cambio climático y poner un freno a la alarmante pérdida de biodiversidad, recuerda también que las zoonosis que surgieron o reaparecieron recientemente como el ébola, la gripe aviar, el síndrome respiratorio del Oriente Medio (MERS), el virus Nipah, la fiebre del Valle del Rift, el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS), el virus del Nilo Occidental, el virus del Zika y, ahora, el coronavirus que causa el Covid-19, estuvieron de una manera u otra vinculados a la actividad humana. En ese sentido, se explica que el brote de ébola en África occidental derivó de la pérdida de bosques que condujo a contactos más cercanos entre la vida silvestre y los asentamientos humanos; la gripe aviar estuvo vinculada a la avicultura intensiva; y el virus Nipah se relacionó con la intensificación de la cría de cerdos y la producción de frutas en Malasia.
La organización Greenpeace, en tanto, observa que en todo el mundo cada vez más bosques se están deforestando para cultivar materias primas altamente demandadas por el mercado global como la soja, el aceite de palma, la pasta de papel o el caucho. Sostiene además que la caza, la alimentación y el tráfico internacional de fauna silvestre también plantean un riesgo considerable de transmisión de patógenos entre especies. Y recuerda que, como quedó demostrado con la actual pandemia, las altas densidades de población y al comercio internacional, también contribuyen a que los efectos de la transmisión de enfermedades pueden extenderse rápidamente por todos los rincones del planeta.
Es de esperar que esta vez se comprenda el mensaje de la naturaleza y que las comunidades humanas aprendan a gestionar los recursos para evitar nuevas pandemias.










