Intestino irritable, el síndrome que fue en aumento durante la cuarentena
Este síndrome benigno pero molesto deteriora la calidad de vida de quienes lo padecen y, de acuerdo con las últimas consultas que he tenido, los casos fueron aumentando a medida que avanzaba la cuarentena preventiva y obligatoria que afronta hoy el país.

El Síndrome de Intestino Irritable (SII) es multifactorial y es fundamental conocer a fondo a nuestro paciente, ya que de eso depende el éxito de nuestro tan artesanal tratamiento. Y digo artesanal, porque lo vamos a ir adaptando, modificando, teniendo en cuenta que cada paciente es único porque, aunque parezca obvio, no siempre lo es.
EL CONCEPTO
El SII es un trastorno funcional, caracterizado por dolor o malestar abdominal asociado a cambios en la frecuencia o en la apariencia de las evacuaciones. Es crónico y recurrente. Es multifactorial y varía entre individuos. Hasta la fecha no se ha establecido un factor universal. Son diversos los que parecen estar involucrados en la generación de los síntomas, pero los alimentarios serían los disparadores lógicos y los que perpetúan los síntomas del SII.
Repercute de manera sustancial en la calidad de vida, la productividad y la vida social de los pacientes. Es justamente porque convergen muchos factores, que el número de consultas por casos de SII en el último mes ha crecido tanto. La irritabilidad, la falta de movilidad y una dieta desbalanceada son los ingredientes perfectos para despertar esta disfunción intestinal.
TODO LO QUE COMO ME CAE MAL
Es conocida la asociación entre la ingesta de alimentos y la aparición de síntomas gastrointestinales. Además en los pacientes con intestino irritable o con dispepsia la percepción de intolerancia a los alimentos es al menos dos veces mayor que en el resto. De hecho hay estudios que demuestran que las molestias de los pacientes con intestino irritable desaparecen con el ayuno prolongado.

Se ha investigado si estos pacientes tienen intolerancia a alimentos mediante tests cutáneos de alergia alimentaria, determinación de inmunoglobulinas de determinados alimentos y otras pruebas no validadas de alergia alimentaria. Sin embargo, ninguno resultó de utilidad. También se han intentado numerosas dietas (sin gluten, sin trigo, libres de carbohidratos, y otros tipos de dietas de exclusión). Pero hasta la fecha ha sido difícil determinar qué alimentos o componentes de los alimentos son los desencadenantes de los síntomas. Y esto supone un desafío.
Reconocer qué alimentos son los que producen los síntomas es muy difícil, las pruebas para hacerlo tienen muy poca utilidad clínica y las dietas son generalmente demasiados restrictivas y arbitrarias. Por eso nuestra investigación constante para encontrar una respuesta para tantos pacientes que se quejan de que la comida les produce molestias y empeora sus síntomas.
Los alimentos producen la distensión de la luz del tubo digestivo por su mera presencia física, pero también por efectos secundarios como la producción de gas a partir de la fermentación bacteriana. Además, la comida tiene gran cantidad de estimulantes químicos potenciales, componentes que también pueden influir sobre la composición de la flora intestinal. Por tanto, si reducimos la exposición a algunos productos químicos de los alimentos y a aquellos alimentos que produzcan distensión abdominal, podríamos aliviar los síntomas.
EL INTESTINO, NUESTRO SEGUNDO CEREBRO
¿Por qué decimos que el sistema digestivo es nuestro segundo cerebro? Todo el aparato digestivo está tapizado por una red de nervios que se disponen a lo largo del esófago, estómago, intestino delgado y colon.
Esta red se denomina sistema nervioso entérico. Desempeña un papel clave en el funcionamiento del aparato digestivo. Regula de forma autónoma, es decir independiente del cerebro, funciones de secreción de sustancias, sensibilidad, movimiento y absorción de alimentos. De hecho, se le denomina también el cerebro entérico, es decir, el cerebro intestinal.
Los síntomas de los pacientes con intestino irritable o dispepsia se originan primariamente a partir del intestino y específicamente del sistema nervioso entérico. Pero aunque funciona independientemente del cerebro, éste juega un papel de modificador. En condiciones habituales, los nervios del sistema intestinal responden a estímulos de baja intensidad que se producen en su luz. Normalmente muy poca de dicha actividad alcanzará el cerebro de forma consciente y tiene pocos efectos sobre la motilidad (movimiento como respuesta al estímulo).
En la mayoría de los pacientes con trastornos funcionales digestivos hay una alteración en la percepción del estímulo. Es decir, estímulos de baja intensidad que no tendrían que notarse ni producir molestias, pueden ser percibidos como dolorosos y generarse respuestas alteradas. Por esto los pacientes con intestino irritable se sienten distendidos y con dolor (retortijones) con alteración del hábito intestinal.
En un contexto de “encierro” social, el estado de ánimo juego una tarea primordial: la irritabilidad, los nervios a flor de piel y la angustia que puede traernos el no poder ver a nuestros seres queridos, es natural que el desajuste emocional repercuta en un desarreglo intestinal, que si no es tratado con la atención que merece puede lesionarse y terminar siendo algo aún más grave. Para concluir, si bien, es una entidad benigna, es recomendable realizar estudios diagnósticos complementarios en todos los pacientes que cumplan con criterios de intestino irritable y que presenten signos de alarma, síntomas refractarios o factores de riesgo.
La colonoscopía debe realizarse en pacientes con criterios de SII que tengan factores de riesgo para cáncer de colon, inicio de los síntomas en etapas tardías de la vida, cambios en el patrón del hábito intestinal, presencia de sangre en heces y en todos aquellos pacientes que no responden al tratamiento. La suplementación de fibra en la dieta tiene una larga historia en el tratamiento de los trastornos funcionales gastrointestinales.
Sin embargo, recomiendo cautela sobre su uso, debido a la posibilidad de que la fibra pueda exacerbar algunos síntomas en ciertos pacientes, sobre todo si no están habituados a ella. Debe suplementarse en forma gradual, guiada por el profesional.
El tratamiento para el SII debe dirigirse al síntoma más molesto o a los mecanismos fisiopatológicos de la enfermedad. Pero recuerden, no existe tratamiento universal; existen pacientes, con sus vivencias, su historia, su fragilidad, su capacidad de sanar, y eso depende mucho de nuestra capacidad como profesionales de curar. Nunca lo lograremos si no vemos al ser humano como un ser bio-psicosocial.
*Médica gastroenteróloga del Sanatorio Frangioli.











