Cuarentena: Cambios y tiempo
Podría comenzar esta columna/diario/bitácora del coronavirus, con alguna fecha, día por día, pero he perdido la cuenta, prefiero resumirlo bajo dos conceptos. Mis palabras son cambios y tiempo.
“El mundo cambió”. Es una afirmación demasiado optimista y generalizada para una pandemia; ni siquiera estoy segura de que mi pequeño mundo haya cambiado.
La cuarentena aún no termina, pero sí creo que esta “guerra”- como la mayoría la ha denominado- contra un enemigo invisible, nos ha convertido en nuevo mundo, que el cambio sea permanente o no, será otra historia.
Mi primer cambio de hábito ha sido abrir ventanas. No estoy casi nunca en casa, por lo cual, no soy de dejar abierto nada. En 2 años creo que abrí dos veces la puerta ventana del balcón. Ahora lo hago todos los días. (Creo que hasta voy a poner plantas, pero no puedo ser tan optimista).

Creo que ha sido el cambio más significativo. Me gusta estar en casa, y disfruto la soledad. Pero, los últimos años, había dejado cerrado siempre casi todo (me molestaba el ruido, la tierra, me daba miedo que robaran, ya que una vez me robaron por la ventana la computadora).
No voy a hacer una metáfora de mi vida, pero creo que es parte de lo que nos pasó a muchos. Las ventanas, los balcones, se transformaron en la única puerta al mundo, donde es peligroso salir -más que antes- y además ahora tiene restricciones.
Como periodista estoy exceptuada, pero como persona dentro del grupo de riesgo no. Una ambivalencia que por primera vez me ha hecho poner un freno de mano a mi “por mi profesión, todo riesgo vale”. Porque no es solo mi vida, es la de mi familia, y compañeros, también. Entonces ya no es “mi” decisión o “mi” vida.
Esta pandemia, donde lo que “yo hago” puso de manifiesto –más que nunca- que nuestras acciones, las malas y las buenas, afectan a otros al punto de poder provocarle la muerte a alguien sin buscarlo, sea conocido o desconocido, quizás nos permita comprender que con virus o no, siempre estamos afectando a alguien con nuestras decisiones.
El mundo se desintoxica de nosotros. Sin querer, obligadamente, hemos hecho un bien a la naturaleza que de a poco está recuperándose del daño que por contaminación generamos. Lo que tantos años, dinero, protestas violentas y no, negociaciones, Greta, y reuniones de líderes mundiales, no pudieron resolver lo ha hecho un virus.
Los líderes mundiales, comienzan a conocer que el peso de sus decisiones hoy, son de vida o muerte (aunque siempre lo hayan sido), y que no hay negociación alguna. Sí, es cierto que las consecuencias, de actos y decisiones anteriores, afectaran en diferentes escalas a cada país. El valor que se la ha dado a la medicina, la ciencia en general, la educación, la infraestructura. Las mezquindades de ayer, serán el vacío en la caja de herramientas del hoy.
Otro cambio ha sido mi concepción del tiempo.
“No tengo tiempo”, “mañana lo hago”, “ya veré cuándo”, “cuando tenga menos trabajo”, “cuando descanse”, “cuándo pueda acomodar los horarios”. La lista podría ser más larga. Pero, enfrentarte a los por qué no hice o no quiero hacer x cosa, es sanador.
Me hago tiempo para hacer ejercicio: porque es necesario para estar saludable, física y mentalmente, para mí. Sea 20 0 30 minutos, o más si estoy con energías. Resulta que no era necesario estar 1 hora todos los días, o matarme intentando cosas que mi cuerpo no puede hacer (no quiero que ningún profe se sienta atacado, simplemente comprobé que a mi ritmo, es menos frustrante, y más duradero el progreso).

Tiempo para leer. Me costaba mucho concentrarme, para leer. Soy una lectora compulsiva, y he leído libros muy largos en un día (con su noche y madrugada incluida), pero hace unos años dejé de hacerlo. Más de dos hojas por noche, no podía.
El libro que elegí fue “Todos los hombres del Presidente”. ¿Más periodismo?. Sí, pero no. Lo terminé en una semana. No voy a hacer ahora un resumen del libro, pero no solo me ayudó a volver a leer, sino que me dio una palmada en la espalda (y en la cabeza) para recordar por qué me había enamorado de esta profesión.
Tiempo para dedicarle al trabajo: Esa frase “elige una profesión que ames y no trabajaras en tu vida”, termina siendo una presión para quienes amamos nuestro trabajo. No es cierta. Nadie tiene solo días felices y productivos en su trabajo, ni Messi.
A veces, no nos damos cuenta cuánto tiempo le dedicamos, y si bien es algo que de antemano conocemos, que el tiempo en el periodismo no lo manejamos nosotros, es cierto también que, generalmente no medimos ningún tiempo: el que debemos dedicarnos a nuestra salud, a la familia, los amigos, los pasatiempos.
El tiempo para escribir: empecé a escribir a los 13 años. Mi mamá me compró un bloc Gloria, de esos que parecen el papel de almacén de los fiambres, y no paré más, bueno, hasta hace unos años. Voy a cumplir 40.
Mi compañera de trabajo, en el diario, Eliana sugirió que escribiéramos una columna con nuestra experiencia con la cuarentena. No fue espontáneo, tarde casi tres semanas en sentarme. Gracias Ely!.
Hasta aquí la segunda fase de la cuarentena.
P. D: Les recuerdo que es solo un punto de vista como hay millones en este planeta. Todos podemos vivir de diferentes formas, porque somos diferentes, esta situación, nos atraviesan edades, circunstancias, y miles de cosas más, diferentes.
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