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Ahorraron dos años para un viaje que se convirtió en una pesadilla

La odisea de 16 chaqueñas para regresar al país el mismo día que se cerraba la frontera. Lo más difícil: sobrevivir al estigma social.

Al viaje lo venían organizando hace dos años. La decena de adolescentes acompañadas de seis madres partieron del país el 10 de marzo y llegaron a Estados Unidos el 11. El mismo día que la OMS declaraba que el Covid-19 se convertía en una pandemia mundial la comitiva comenzaba su recorrido por el complejo recreativo de Orlando. “Estando allá nos enteramos, entonces apuramos nuestras actividades porque había posibilidad de que se cierren los parques”, cuenta María Silvia Zapata.

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Una mujer describe las dificultades que enfrentó en medio del desconcierto internacional. Foto ilustrativa.

El 16 la empresa de viajes les avisó que debían estar listas para volver en cualquier momento desde el aeropuerto de Miami. “Aunque estábamos a cuatro horas y media y necesitábamos un margen para trasladarnos, igual nos preparamos y tuvimos las valijas listas”, describe.

El vuelo de regreso debía hacer escala en Panamá y el destino era Asunción. La compañía consiguió asientos para el 19 de marzo, pero el problema era que Paraguay cerraba sus fronteras un día antes.

La situación implicaba esperar sin certeza en un aeropuerto centroamericano; entonces la contrapropuesta fue buscar opciones de Panamá a Buenos Aires: “Lo hablamos entre las madres y decidimos que no podíamos quedarnos indefinidamente, viendo que no iba a ser tan fácil que nos ubiquen en un avión desde ese lugar. Pasaron los días hasta que nos dijeron que no se podía y que intentáramos solucionar con la aerolínea directamente”.

Para ese momento el ticket para volver ya estaba cancelado y el estrés por la falta de respuestas crecía. El 17 completaron planillas de Cancillería Argentina y, una vez en Miami, un grupo fue al consulado y otro al aeropuerto. María Silvia fue al primero, donde vía teléfono interno le pidieron completar otro formulario y esperar. En simultáneo las llamaron para comunicarles que el hotel donde se alojaban iba a cerrar en dos días y en el consulado les dieron una lista de lugares alternativos donde alquilar. “Terminamos el día bastante mal, angustiadas; tratamos de mostrar la mejor cara a las nenas y cuando les contamos la situación. Lo mismo al transmitirles a sus madres que estaban lejos. Nos largamos a llorar”.

LA REPATRIACIÓN

A las mamás que fueron al aeropuerto una mujer de Mendoza les pasó una dirección para contactar a la oficina de Aerolíneas Argentinas.

El 21 encontraron la opción para regresar a suelo argentino el 27. Faltaba encontrar un lugar donde pasar los siguientes días. “Gracias a Dios un argentino, de Tucumán, nos alquiló una casa y el 22 ya con más tranquilidad pensábamos en el traslado de Buenos Aires a Resistencia”, comenta.

Para esa altura en Miami ya no se podía salir a la calle; ni siquiera para comprar algo en el supermercado. Había muchas restricciones horarias y en cantidad de productos para elegir. Los coordinadores -que paraban en otro lugar- les dieron una mano comprando lo que necesitaban y se lo llevaban sin necesidad de que ellas salgan. En los supermercados ya se advertían faltantes de algunos alimentos o se limitaban otros como los packs de agua por persona.

Además cuando faltaban tres o cuatro días para regresar la policía las notificó de que una resolución local prohibía el alquiler a extranjeros y que debían abandonar la vivienda, completando la espera en el aeropuerto. “Le explicamos que era menos seguro para la salud de las chicas irnos así y nos dejaron con la condición de que ningún vecino se queje. Así que además de estar encerradas debíamos mantenernos en silencio. Un viaje que fue tan soñado por las chicas terminó muy distinto. Recién cuando subimos al avión lloramos por la emoción de volver”.

“Fue muy fuerte lo que nos pasó y lo compartimos con gente increíble”

El viaje de quinceañeras que se convirtió en una preocupación mayúscula fue para el grupo de mujeres una responsabilidad enorme. “Veíamos la evolución de todo allá y de acá con mucha angustia. Enterarnos del cierre de la frontera, por ejemplo, y salir corriendo a confirmar si salíamos o nos quedábamos. Cuando estábamos en el avión de regreso y todos aplaudían”-a María Silvia se le hace un nudo la voz-“se me llenan los ojos de lágrimas porque fue muy duro, muy fuerte lo que nos pasó”.

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“Cuando subimos al avión aplaudimos y lloramos”, recuerda una mamá. Foto ilustrativa.

Hoy agradece haber compartido esas horas difíciles con un grupo de personas ‘increíble’, que tiraba para el mismo lado, “dándoles a las chicas toda la tranquilidad que se puede transmitir en ese momento”.

SENSACIÓN DE DESAMPARO

En cuanto al Consulado argentino en Miami, su percepción es de desamparo. “Nos contactaron una sola vez para decirnos que estaban al tanto de nuestra situación y nada más. Pero para ese momento ya teníamos los pasajes y todo. Ni siquiera vimos la cara de una persona, todo fue a través de un teléfono”.

Una vez en el aeropuerto de Ezeiza, donde la mamá asegura que las trataron muy bien, pasaron controles sanitarios similares al protocolo cumplido antes de embarcar.“La gente del Ministerio de Transporte también se portó muy bien, nos dejó números de los choferes por si necesitábamos avisar una urgencia”.

Con una comitiva organizada por regiones, el ómnibus que las trasladó fue dejando pasaje de las provincias de Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, con parada final en Misiones. En cada parada los controles duraban unos 20 a 25 minutos pero al llegar a Corrientes, la escala más cercana a Resistencia apareció un nuevo obstáculo. “No nos dejaron bajar, llegaron agentes en unos patrulleros que guiaron al colectivero hasta pasar a la otra orilla del río y después del peaje, donde hay un puesto de la Policía del Chaco, recién pudimos bajar del colectivo. Nos hicieron sentir muy mal realmente”.

Turismo de la provincia dispuso una combi para trasladarnos al lugar de aislamiento que tenía cada una, ya veníamos monitoreadas por una aplicación que nos pidieron descargar cuando llegamos a Ezeiza.

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