Mujeres y consumo problemático de drogas
Un documento publicado por la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas, en el marco de las actividades que se realizan durante todo el mes por el Día Internacional de la Mujer, reveló que en la mayoría de los hogares de personas que son víctimas de consumo problemáticos de drogas, son las mujeres las que comunican con los organismos oficiales para pedir ayuda para sus familiares o bien para otras personas.
El informe del organismo nacional señala que de cada diez personas que llaman al número 141, que es la línea oficial de atención, acompañamiento e información sobre consumo de sustancias, siete son mujeres que utilizan esa vía de comunicación para pedir asistencia. También observa que, paradójicamente, las mujeres con hijos son las que tienen mayores dificultades de acceso o para continuar con un tratamiento cuando son ellas las que atraviesan el problema. En otras palabras, estas cifras muestran que las mujeres piden más ayuda para otros que para sí mismas.
Estas son algunas de las conclusiones que surgen del informe de la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar) que muestra, además, que durante el tercer trimestre de 2019 hubo 3.986 llamados a la línea 141, de los cuales 2.677 fueron hechos por mujeres (67%), mientras que solo fueron 1.309 los consultantes varones (33%). Los responsables del organismo nacional observaron, por otra parte, que si se estudia con más detalle las diferencias por género según el tipo de consulta, se encuentra que la mayoría de las llamadas efectuadas por mujeres son indirectas (2.457 de 2.677 consultas femeninas). Es decir, consultas en las que se solicita orientación o ayuda para un familiar, cónyuge, amigo/a o conocido. Tan solo 220 consultas (alrededor de un 5%) son directas: efectuadas por la mujer que presenta un consumo problemático de sustancias. En cambio, en el caso de los varones, se observan valores similares entre consultas directas (695) e indirectas (614). Frente a estos datos, las autoridades de esta Secretaría nacional consideran que los mismos pueden servir, por un lado, para poner bajo la lupa las prácticas y estereotipos de género en torno a estos consumos, y por otra parte, para generar mejores estrategias de cuidado. La titular del organismo, Gabriela Torres, dijo que estos números confirman que en las expectativas y representaciones sociales regidas por el sistema dominado por hombres, las mujeres aparecen como cuidadora’ de los otros. “Es decir, llaman por una concepción de cuidado más obligada, que se traduce en una barrera adicional a la hora de lograr un acceso a estrategias de cuidado integrales por parte de las mujeres”, planteó la funcionaria que, a la vez, recordó que en el último Estudio Nacional en Población sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas, que se realizó con consultas a personas de la franja etaria que va desde los 12 a los 65 años, se ponen de manifiesto las dificultades de acceso cuando las mujeres tienen que asumir la responsabilidad de la crianza y del hogar: el 79,8% de las mujeres que realizaron tratamiento son jefas de hogar sin niños a cargo, el 17,6% no son jefas de hogar y no se registraron jefas de hogar con hijos que realizaran tratamientos.
A estos datos debe agregarse el panorama que describe otro informe, el de la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM), que revela que la mayoría de las mujeres detenidas en la Argentina, ya sea con prisión preventiva o con sentencia firme, permanecen privadas de su libertad por infracciones a la ley de estupefacientes. Al respecto, el documento de la UFEM observa que, por lo general, estas mujeres ocupan los eslabones más bajos de la cadena delictiva. Por su parte, un documento de la Dirección Nacional de Política Criminal en Materia de Justicia y Legislación Penal del Ministerio de Justicia y Derechos Humano de la Nación advierte que por lo general el rol de las mujeres en el tráfico de drogas se circunscribe “a enlaces prescindibles e intercambiables en los dispositivos de venta de drogas, no representan piezas significativas y son fácilmente captadas por las fuerzas de seguridad”. Se trata de una temática compleja que debe ser abordada con seriedad, teniendo en cuenta la necesidad de erradicar las desventajas que, por razones de género, pueden surgir a la hora acceder a programas preventivos y servicios asistenciales.










