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La revolución de la biotecnología

Si bien en el campo de la biotecnología no todo lo que reluce es oro, el empleo de células vivas para la obtención y mejora de productos útiles, como los alimentos y los medicamentos, ha dado saltos cualitativos en los últimos años. ¿Cómo puede un país como la Argentina, que cuenta con recursos humanos calificados en esta disciplina, aprovechar esos avances?

La biotecnología moderna surgió en la década de los años 80 empleando técnicas de ingeniería genética para modificar y transferir genes de un organismo a otro. En nuestro país existe una incipiente industria biotecnológica argentina que, lamentablemente, sufrió la pérdida de valiosos investigadores que por las políticas de ajuste del macrismo se vieron obligados a buscar mejores horizontes en el exterior. Pero el regreso del apoyo del Estado nacional a la comunidad científica, con promesas de una mayor inversión en infraestructura edilicia, actualización tecnológica y equipamiento para investigación, generó nuevas expectativas en quienes trabajan en el desarrollo de aplicaciones biotecnológicas en áreas como la industria alimenticia, agropecuaria, forestal, los biocombustibles y la salud humana y animal, entre otras.

El desafío pasa, por un lado, por apoyar a la nueva generación de investigadores argentinos y, a la vez, generar vínculos más fuertes entre los centros de investigación básica y las empresas del sector privado interesadas en sumarse a la economía del conocimiento. En el campo de la salud, por ejemplo, ya se trabaja con tecnologías que facilitan el desarrollo de nuevos enfoques terapéuticos y de diagnóstico, así como nuevas vacunas y anticuerpos monoclonales para combatir enfermedades. Lo mismo se puede decir en relación a las técnicas de biotecnología aplicadas a la genética vegetal que ofrece al país la posibilidad de aumentar la productividad de los cultivos; y en el campo de agroalimentos el potencial también es enorme, y de hecho ya se trabaja en el desarrollo de nuevos productos que permitirán aumentar los niveles de producción.

La Cámara Argentina de Biotecnología, un espacio que reúne a empresas de la industria biotecnológica local, remarca la necesidad de afianzar un modelo público-privado que incorpore las necesidades estratégicas del país, las empresas y la sociedad en su conjunto. La entidad considera que uno de los principales desafíos para el futuro de la Argentina es el reemplazo de las fuentes no renovables de energía, y en ese sentido observa que los biocombustibles garantizan la producción de energía a partir de fuentes renovables permitiendo un desarrollo económico y social sustentable a largo plazo. Recuerda, además, que el lugar destacado que Argentina ha alcanzado en la exportación de biocombustibles a nivel mundial, marca el rumbo que se debe seguir en la producción de nuevas energías partiendo de insumos básicos con diferentes procesos biotecnológicos en los que el país tiene una amplia oferta de productos de exportación. De lo que se trata, en definitiva, es de aprovechar los extraordinarios avances que se dan en el mundo de biotecnología, como la técnica de edición genética, conocida como Crispr, y más recientemente, la nueva herramienta diseñada por el joven biólogo estadounidense David Liu, el Prime Editing, que mejora en forma notable la precisión de la primera.

La Argentina debe invertir más en investigación y biotecnología, ya que cuenta con biólogas y biólogos muy calificados que están preparados para aprovechar el potencial de las nuevas técnicas de edición genética. El país necesita generar puestos de trabajo de alta calificación y abrir sus puertas a nuevos desarrollos de productos que ayuden a resolver problemas de la salud, dar respuestas a las exigencias de la agricultura y avanzar en el camino que conduce al desarrollo basado en el conocimiento. No hay dudas que la nueva generación de investigadores argentinos está preparada para trabajar en prometedores desarrollos que contribuirán a consolidar la capacidad del país para producir y proporcionar al mundo alimentos más nutritivos, medicamentos más eficaces y productos industriales de alto valor agregado. Expertos de distintos países coinciden en afirmar que, en un futuro no muy lejano, la unión entre la biología y la tecnología permitirá curar enfermedades que hoy parecen invencibles, ayudar a alimentar a un mundo cada vez más poblado y avanzar con una revolución que, aseguran, intentará dar respuestas a los mayores desafíos que enfrentan hoy los países.  

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