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Charla con Julieta Ramos

Instrumento de una voz poética

"Ella elige las palabras con los ojos y con la boca se lleva los sentidos. Es una mariposa que esparce en versos el vértigo del mundo", así la definió el poeta chaqueño Tony Salazar.

Foto de Cultura Resistencia

Poesía con lenguaje simple, coloquial, que expresa algo muy fuerte, profunda, hondo. Se hacen ondas armónicas mientras Julieta Ramos abre las aguas de la costa. La arena es cálida y una briza coquetea con su pelo negro. Se deja besar por el sol mientras sus parvas pestañas acarician las mejillas. 

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“Vivo el momento creativo de manera libre, no sigo reglas o patrones determinados”, afirma.

Viene de Villa Ocampo, Santa Fe. Le contaron que empezó a leer a los tres años. “Era muy hincha con los libros y cada vez quería aprender más”, cuenta y suelta una sonrisa espontánea, bella, amable. El gusto por la poesía se dio sin haberlo buscado, inconsciente. Siendo niña sintió la necesidad de expresarse. Escribía o canalizaba las cosas por medio de las palabras.

La abuela, Guillerma Maidana, escribía poemas. Nunca los publicó. Tenía un cuaderno y de ese cuaderno Julieta leyó muchos poemas. Después se fue ampliando la lectura con diversos géneros, novelas, historias, relatos de Cortázar donde “hay fantasía, metáforas, juegos de palabras, creaciones, conceptos y poesía”.

Hace un silencio largo y piensa, no puede precisar a qué edad escribió su primer poema. “Cuando tenía 10 o 12 años encontré cajas con escritos míos de cuando era más chica. No sé si lo primero que escribí eran poemas, eran cosas, versos, pensamientos sin mucha forma. Eran libres porque no me ataba a una estética en particular, si tenían una carga emotiva y muy sentida, cruda, desde adentro”, explica.

Libros libres

Sus textos están regados en diferentes antologías y libros propios. Mboyeré, Una ferretería en Andalucía, Para el viento, Las rayuelas que aún no solté, Punto de inflexión (junto a Paula Gialdroni) y Disculpe las molestias. También participó del slam de poesía oral de Corrientes y del Chaco. Su más reciente libro fue presentado eventos literarios donde además participa de rondas de lecturas. Soltar

Sus libro Disculpe las molestias se encuentra en las librerías de la región. Ahí aparecen muchos poemas donde el cuerpo está presente de manera más directa. “Puede ser”, dice mientras desdibuja su sonrisa en el rostro joven, moreno. “Pienso que sí, hay mucho cuerpo en mis poemas y de hecho la mayoría de los textos del libro coinciden o están impregnados de ciertas experiencias que dieron como resultado una relación distinta con mi propio cuerpo y con la noción de cuerpo en general. Una conexión diferente, revolucionaria para mí en ese momento. Un cuerpo que, además, contiene todo eso que origina el deseo de expresarme. Lo que me mueve y conmueve es manifestado por este cuerpo y por medio de ello puedo traducirlo en palabras”, describe.

Uno de sus libros artesanales lleva por título Las rayuelas que aún no solté. Sin embargo ahora ya están publicados y sueltos llegan hasta nosotros. Esos textos son como fotografías de un instante o de una fase propia. Sobre sus publicaciones desliza que se abre un abanico amplio, pues ahora publicados le provocan “tanto cariño como identificación, deseo de olvidarlos o "soltarlos". Incluso he sentido rechazo hacia algunas cosas que han sido publicadas luego de cierto período de tiempo. Es natural, supongo, que al estar sujetos al cambio (que es lo único constante), tengamos diversos sentimientos hacia nuestras creaciones, en distintos momentos de la vida”.

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Traducción

a qué me parezco si no es al cielo

en qué me diluyo si no es en mí misma

de dónde renazco si no es del caos

de dónde me alimento si no es de las utopías

no son autoalabanzas;

todos debemos sabernos así de milagrosos

Proceso creativo

Sobre cómo escribe o cómo llegan sus poemas azules cuenta que todo surge de la observación. No de una mirada común o corriente, sino de aquella que va del día a día tratando de enfocar los ojos de otra manera atenta a una situación determinada. Vuelve su faz feliz, despreocupada, afable, “vivo el momento creativo de manera libre, no sigo reglas o patrones determinados. La escritura surge en algún momento y no puedo ejercer control sobre eso. Tampoco puedo decir ahora me siento y escribo, no me sale así”.

“Siento como si fuera un instrumento de una voz que usa mis manos para escribir algo que quiere decir y punto, más allá no puedo controlar nada. Hay poemas que nunca retoqué y quedaron así como llegaron, pues no había nada más que agregar o quitar. Otros en cambios fueron mucho más trabajosos, con ajustes y corrección”.

Tanto la escritura como cerrar un poema lo hace en soledad. Tan poco hay pautas para el punto final, “se gesta de manera genuina y total por mí”, advierte. La charla después se bifurcó en algunos textos puntuales de su reciente libro, sobre lo que somos cuando escribimos y en el contacto directo como personas, pero eso ya forma parte de otra entrevista. Su voz se apaga mientras la estela de su ser queda resonando en versos.

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