El desmonte profundiza el sufrimiento wichí en Salta
La deforestación es uno de los problemas ambientales más graves del planeta, y la Argentina, Brasil y Paraguay son los países de América del Sur que perdieron la mayor cantidad de superficie boscosa en los últimos años.
La desaparición de estos bosques, que se produce por el avance de la frontera agropecuaria, impacta en forma directa en la vida de las familias indígenas y en la alimentación de los niños de esas comunidades.
La triste noticia que dio cuenta del fallecimiento por desnutrición de niños de la comunidad wichí en Salta volvió a poner la lupa sobre el drama de la pobreza, la falta de agua y de acceso a una nutrición adecuada y a una cobertura médica que padecen estas familias de pueblos originarios. Según referentes indígenas de esas comunidades, el acelerado proceso de deforestación de los últimos años, así como el empleo de agroquímicos en los cultivos de soja en las zonas donde habitan esas familias, son algunas de las causas que agravaron los cuadros de desnutrición en la población wichí.
Según el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, al menos 32 niños salteños de esa etnia permanecen internados con un mismo diagnóstico de base: deficiencia en la ingesta de calorías y proteínas, es decir, desnutrición.
El médico Rodolfo Franco, que está radicado y ejerce su profesión desde el año 2013 en la zona afectada por este drama, llevando alivio a las familias indígenas, no duda en afirmar que el desmonte es lo que causa la desnutrición. Es que, según explica el profesional de la salud, hasta que las topadoras comenzaron a arrasar miles de hectáreas, el monte era el hábitat natural de estos pueblos originarios. En ese entorno obtenían su alimentación a través de la caza, la pesca y la recolección, tres alternativas que desaparecieron de la noche a la mañana con la destrucción de los montes.
A esto debe sumarse que esta situación se da en el marco del histórico problema de la exclusión que sufren las comunidades de pueblos originarios desde los tiempos de la colonización y la conquista y que, a pesar de ciertos avances, permanece sin resolverse en lo estructural.
Según Franco, si bien algunas familias de esas comunidades indígenas incluso llegaron a disponer de pequeñas chacras, la falta de recursos y de apoyos condicionó la continuidad de esos emprendimientos, lo que repercutió otra vez sobre la calidad de la alimentación, sobre todo entre los más pequeños, que son los que corren mayor riesgo de contraer enfermedades debido a las bajas defensas generadas por la falta de una nutrición adecuada.
Según un estudio realizado por la Universidad de Salta, las tasas de mortalidad en menores de cinco años que viven en la zona de Santa Victoria Este, una de las regiones más postergadas del norte de Salta, triplican al promedio provincial y de toda la Argentina.
De acuerdo con esa investigación, entre marzo de 2018 y el mismo mes de 2019 murieron 13 niños de menos de cinco años, todos pertenecientes a comunidades originarias. Pero eso no es todo. También los adultos están expuestos a riesgos porque la calidad del agua -que es escasa en la zona- se ve afectada por el empleo de bidones que contenían productos agroquímicos para trasladar el líquido elemento desde el pozo hasta sus humildes hogares.
La decisión del gobierno nacional de enviar a la zona un equipo de profesionales para realizar tareas de perforación de pozos para la obtención de agua apta para consumo humano es un paso adelante, pero son necesarias políticas públicas integrales de largo aliento para erradicar la pobreza, la desigualdad y la exclusión de estas familias argentinas que viven en un estado de gran vulnerabilidad que debe preocupar no solo a quienes siempre trabajaron para mejorar la calidad de vida y defender los derechos de las comunidades de pueblos originarios, sino también a toda la sociedad.
El Estado, por su parte, debe garantizar el acceso a una nutrición adecuada y que se realicen controles de salud en este importante sector de la población, cuyos hábitos de vida se vieron injustamente afectados por el avance de los cultivos de soja y de las fumigaciones de los sembradíos.










