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El futuro del trabajo

En los países desarrollados se avanza a pasos acelerados con nuevas formas de producción que combinan sofisticadas tecnologías de automatización con la posibilidad de controlar máquinas y procesos desde cualquier lugar. Se trata de la llamada Cuarta Revolución Industrial o Industria 4.0, que plantea nuevos interrogantes respecto al futuro del trabajo en un mundo que tiene 190 millones de personas en situación de desempleo, la mayoría de ellos jóvenes.

Por otra parte, en una publicación del Banco Interamericano de Desarrollo que lleva por título “El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe”, las autoras de ese informe, Monserrat Bustelo, Agustina Suaya y Mariana Viollaz, advierten que en el nuevo escenario generado por la Industria 4.0 las mujeres corren mayor riesgo que los hombres de perder su empleo a manos de un robot y estiman que es posible que en los próximos años un 21 por ciento de las trabajadoras necesiten transitar hacia una nueva ocupación. Ante esta posibilidad, proponen potenciar el talento femenino a futuro y remarcan que las mujeres deben avanzar en la adquisición de habilidades digitales avanzadas y de esa manera, tener más influencia en la creación y uso de tecnología. Las investigadoras resaltan la necesidad de adoptar medidas que generen las condiciones adecuadas que garanticen la inserción laboral femenina y, en ese sentido, recuerdan que está demostrado que la participación de las mujeres en el mercado laboral genera mayores tasas de crecimiento y reduce la pobreza. De esta manera, afirman que promover la igualdad de género en los mercados laborales no solo es lo correcto, sino también lo inteligente tanto para los gobiernos como para las empresas. Al igual que otros investigadores, las autoras de este informe coinciden en señalar que en las próximas décadas el empleo de robots y el uso extendido de la inteligencia artificial afectará a todos los sectores de la economía y a las distintas ocupaciones, ya que la combinación de estas nuevas herramientas permite realizar tareas que históricamente estuvieron a cargo de humanos. Pero, en rigor, el cambio ya está en marcha.  A modo de ejemplo, se puede citar el caso de un grupo alemán que fabrica automóviles, que lanzó un plan global para renovar las 120 plantas que tiene en todo el mundo, entre ellas las que posee en el Centro Industrial Pacheco, en la localidad bonaerense de Tigre, para lo cual digitalizará los procesos de diseño, con la aplicación de escáneres e impresoras 3D e inteligencia artificial y avanzará en la automatización a través de internet de las cosas, lo que representa un salto cualitativo que, según los expertos, es la antesala de la transformación todavía más profunda que traerá la tecnología 5G, una herramienta que acelerará los cambios a escala global. Y este nuevo escenario, plantea también nuevos desafíos. Según la Organización Internacional del Trabajo, los avances tecnológicos a los que se hace referencia, crearán nuevos empleos, pero el problema es que los menos preparados para adaptarse a estos cambios en esta transición podrían sufrir la desocupación. En ese sentido, los especialistas de la OIT observan que, por un lado, las competencias de hoy no se ajustarán a los trabajos de mañana y, por otra parte, las nuevas competencias adquiridas pueden quedar desfasadas rápidamente. De este modo, el aumento de la automatización en distintos sectores productivos podría desplazar en todo el mundo a millones de trabajadores de sus empleos actuales. Frente a esto, la Organización Internacional del Trabajo propone aprovechar las posibilidades que brindan estas transformaciones profundas para construir un futuro con seguridad económica, igualdad de oportunidades y justicia social, evitando un mayor deterioro del tejido social. “Necesitamos un nuevo sistema que satisfaga las necesidades básicas de todos los seres humanos del planeta, que respete los recursos del planeta, que sea más justo, y cuyo objetivo principal no sea el crecimiento en sí, sino optimizar el bienestar humano”, dijo hace poco el economista británico Stewart Wallis, quien trabajó para el Banco Mundial y está comprometido con la tarea de promover ideas que ayuden a encontrar nuevas formas de practicar la economía.

Por último, vale rescatar lo que sostiene la OIT, cuando señala que la tecnología debe estar al servicio del ser humano, y remarca que la dignidad humana como fundamento de convivencia deber ser preservada de los peligros de las tecnologías disruptivas.