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Juventudes que hacen la diferencia

Contra el prejuicio de la falta de formación o la inmadurez, Luciana ya publicó una novela a los quince años. Y contra las críticas a la generación dependiente de las nuevas tecnologías Emanuel comparte sus poesías en un diario impreso y no usa redes. 

Esta semana el diario La Nación presentó a cinco exponentes jóvenes narraban sus compromisos sociales y el trabajo que les demanda. En el mismo tono dos perfiles locales compartieron sus producciones con la redacción de NORTE en el último año y no fueron noticia. 

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“En muchas novelas juveniles (escritas por adultos) sus protagonistas se presentan como inmaduros y sin capacidad de pensar. O con una mirada superficial, me pregunto si será así como nos ven los adultos”, plantea Luciana.

Con 15 años Luciana Rosalía Rosso acaba de terminar el tercer año del secundario y comenta en qué consiste su primera novela: Lizandra, semillas de Luna. La obra fue declarada de interés educativo y cultural por diputados de la provincia.

“Uno de mis motivos principales para escribir es que en muchas novelas juveniles sus protagonistas se presentan como inmaduros y sin capacidad de pensar. O con una mirada superficial, vacía y sinsentido. Quería cambiar eso”, se presenta.

En coincidencia con la presentación de un plan nacional de lecturas para el país una meta personal de la adolescente es pedir a las autoridades de la provincia que incluyan su libro en bibliotecas del Chaco para que lo puedan leer chicos de la misma edad.

“En la literatura juvenil abunda el romance o situaciones en las que se muestra a un joven deprimido o dependiente. Quién nos conoce mejor que nosotros. Es verdad que queremos escribir pero faltan herramientas”, agrega. 

Aunque admite que no tenía pensado escribir una novela, asegura que la historia fue cobrando vida propia. El trabajo de año se podría describir como de un formato juvenil, en el género fantástico y de ficción basada en hechos históricos.

“Los relatos siempre me acompañaron durante mi vida, sean leyendas, cuentos porque la vida son relatos cotidianos, magia”-describe-“Cuando apenas había aprendido a leer me encontré con una herramienta para plasmar mis ideas y lo que iba investigando. Desde muy chica me interesaba por algo y lo relacionaba con ideas que me surgían o con conocimientos que ya poseía. 

 

-¿Cuáles son los temas de tu interés 

-A los seis, por ejemplo, me interesaba por temas de la naturaleza. Iba al jardín observaba las plantas, su textura, las flores y su estructura, los animales y las plantitas que se asemejaban a ellos o a seres fantásticos. Hasta hoy la naturaleza sigue siendo mi fuente de inspiración. Lo siento como parte de mí. Ahí empezaste a escribir.

 

-¿Leer otras obras fue una influencia?

-Más o menos. Escribía frases sueltas. Todo lo que me surgía lo anotaba. Después de varias lecturas e investigaciones me encontré con la fantasía y los seres fantásticos, que materializan todo lo que nos resulta invisible o inmaterial. Esas representaciones responden a nuestras preguntas desde que existimos y siempre nos acompañan. Durante mi proceso de escritura se establecieron en lo que iba produciendo, me acompañaron y ayudaron. Hay mitos y leyendas que encontramos en los barrios, así como relatos que forman parte de la cultura popular.

Entonces estudié más sobre la cultura y la percepción de diversas culturas, de la cosmogonía de cada comunidad. También la lectura de la Ilíada y la odisea me ayudó mucho. A lo que sumaron investigaciones de física, química, biología, historia y astronomía. De la observación de las estrellas de la percepción que tenían distintas culturas sobre ellas.

 

-A tu edad esto no es algo común, ¿cómo lo percibis?

-Para mí era algo natural. No lo veía como algo raro. Estos estudios y observaciones los hacía sola. Siempre me gustó hacerlo. 

En primaria les comentaba a mis compañeros que me gustaba escribir y estaban los que no creían y los que no le daban importancia a eso.

Con el tiempo en mis investigaciones, estudios y escrituras aparecieron escenas sueltas que de alguna manera estaban relacionadas entre sí. Constituían una historia. Entonces empecé a organizarlas. 

Primero quise escribir un cuento que al final se extendió y empezaron a aparecer muchos personajes con más historias. Como había leído muchas novelas me sentía preparada para escribir una. Sentía que esta historia era una. 

 

-Y ese proceso fue madurando, en todos sus aspectos…

-Claro. Ya sabía que (las novelas) se organizaban en capítulos y como mi mamá es profesora en Letras me acompañó en la (organización de la) estructura. Aún sin terminar la idea de publicarla permaneció como un sueño mío. El aliento de varios lectores me llevó a terminarla a los 12 años y llevó bastante tiempo el proceso de corrección y edición. 

Los contenidos

En el libro se presentan llaves que permiten acceder a ciertos misterios, hay ritos de iniciación, portales que conectan a diferentes dimensiones de la realidad. Incluida la dimensión sagrada, describe la autora. 

“Tomo una teoría de Einstein sobre las dimensiones conectadas. Hay claves que conectan mundos, así también como la mente y el alma que son otras dimensiones. Hay vuelos chamánicos o transportaciones, hay objetos y palabras que tiene poderes importantes porque producen efectos mágicos y transforman la realidad.    

 

-¿Cuánto suman soportes tecnológicos a este tipo de producciones?

-Como los jóvenes queremos escribir usamos herramientas digitales, como las aplicaciones para escribir, pero nos encontramos muy solos sin acompañamiento ni preparación previa, entonces así es como se vuelve a una literatura inmadura.

Por otra parte el género fantástico está relacionado los jóvenes y por eso se lo desprecia un poco. Cuando se habla del género fantástico se cree que son puras locuras imaginarias. En mi novela todos los personajes o eventos que aparecen cuentan con una base histórica y mitológica.

Por ejemplo al inicio comienza con una profecía. Aparece Proserpina, que es una de las diosas en la mitología griega, anunciando el inicio de la primavera. También interviene Arabia, un personaje basado en Arabia de Toscana, una profeta que extendió las creencias que trabajo. Y aparece una diosa de la Luna, que presento como progenitora de todos los poderes.

La novela está estructurada en los ciclos de la Luna, que son los de la vida, de la mujer y del conocimiento. En ella rescato el romance que era una forma de narrar historias de los juglares.

Y en la dedicatoria dedica el libro a Mamá Vieja Alejandrina Carrizo, mi bisabuela y curandera de Las Breñas. Incluso en alusiones a culturas que pueden parecer lejanas como la celta, la egipcia, la griega al final también aparece un personaje mítico regional (Anahí de la leyenda de la flor de ceibo) y las persecuciones que se dan también acá acerca de las creencias a la Luna.

 

La historia y su protagonista

Ahora que la producción ya está terminada Luciana asegura que la trama es compleja. La historia tiene por protagonista a Lizandra, cuya llegada al mundo “está rodeada de incertidumbre; y a medida que crece se ve que es muy valiente y con una visión crítica de todo lo que le sucede”.

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Emanuel asegura que su mejor público son los amigos y la familia son sus mejores lectores.

“La novela trata sobre toda su vida y sobre la llegada de un personaje desconocido que le revelará su origen y su misión en esta tierra. La identidad es una de las ideas importantes que planteo”. 

“Ella tiene muchas ansias por saber. Ese deseo y el gran secreto que le revelará la maestra Isabel la sentenciarán. Cuando a Lisandra se le revela recorrerá una ardua travesía hacia el reconocimiento de su ser y de su esencia y dones como mujer y de su misión en esta vida.

El contexto es la Edad Media, en un momento en el que era muy difícil de acceder al conocimiento. Y cualquier cosa que haga tambalear esa estructura será eliminada por eso es perseguida y en peligro”, continúa. 

 

-¿Por qué elegiste ese momento de la historia?

-Es que todas las escenas que se me aparecían estaban ambientadas en esa época y porque es en ese momento se establece un tipo de conocimiento, relacionado con las ideas de Platón, en relación con las ideas y lo abstracto, e inmaterial, que no se pueden medir. De ahí que se empiezan a perseguir a todas estas creencias.

 

Un poblador del mundo

Emanuel Acosta tiene 27 años y escribe cuentos, poesías, letras de rap y hip hop. A mediados de 2019 publicó unos cuatro cuentos en NORTE con una frecuencia semanal. 

Se presentó con una frase de Jorge Cafrune: “No soy de aquí ni soy de allá”.

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El libro se presentó en la Universidad Popular en 2018 y en Humanidades en 2019. Contiene ilustraciones de Joao Britos y de ella. Se encuentra en librería Contexto y Luciana también tiene ejemplares para la venta.

“Nací en Resistencia pero me crié en Mar del Plata, donde vivimos poco más de 11 años. Aunque me considero un poblador del mundo. No pertenezco a ningún lado. También anduve por Formosa, Corrientes Formosa, Rosario, Paraguay”.

Además de estudiar lengua qom y peluquería, Emanuel se formó para ser lutier y ya fabricó instrumentos autóctonos del norte: quenas hechas de cañas naturales, bambú, y con cañitos de PVC, un material que suele descartarse. 

“Regalar un instrumento hecho por vos sería un excelente obsequio, si se tiene en cuenta todo el proceso: cortar la caña, barnizar, hacer las perforaciones y dibujar las iniciales de la persona destinataria. Todo hecho en base al amor y con mucha paciencia”, plantea.

Al exponer su trabajo dijo que busca que conozcan lo que está haciendo, aunque también asegura que su mejor público son los amigos y la familia: “Son mis mejores lectores”.

Entre las temáticas elegidas describe que siempre busca pregonar sobre el amor el universo. “Me gusta hablar de vibraciones, frecuencias, la luz, las estrellas, los planetas, las cosmogénesis. Soy un rastaman y vivo enamorado de mis afectos. Es mi filosofía de vida. Ser un rastaman es ser parte de una cultura. Desde mi punto de vista es pregonar el amor, la paz, la bondad. Aunque no siempre tenga paciencia, porque por supuesto que me encuentro con mis temores y broncas también”.  

“Lo que siento es amor por la escritura. No uso ninguna red social, no tengo Facebook ni Instagram, uso solamente el diario, soy bien tradicional como lo hacía mi abuelo. Escribí un libro que está en proceso de corrección todavía y nació a partir de una actividad onírica, un sueño consciente, a través de la imaginación y la creatividad lo convertí en un cuento”.

En la despedida deja un mensaje que a la vez es una invitación: “Todos estamos en constante crecimiento. Ojalá en el futuro estemos en el nivel de conciencia superior”.