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Desigualdad de género en el consumo

Nueva York se propone combatir el “Pink Tax”

El gobernador Andrew Cuomo prohibirá que los productos dirigidos a las mujeres tengan precios más altos que otros similares pensados para hombres.

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   Nueva York, 23 (NA) - La intención es terminar con el llamado “impuesto rosa”, fenómeno documentando en numerosos estudios según el  cual muchos artículos y servicios promocionados como femeninos resultan más caros que otros iguales para varones.

   “Es discriminatorio y repugnante para nuestros valores y le vamos a poner fin”, dijo el gobernador. Su propuesta figura dentro de un paquete de medidas de cara a  2020 e incluye legislación que prohibiría la discriminación de precios por género y que requeriría a ciertos negocios publicar listas de precios de sus servicios, bajo pena de multas.

   Cuomo subraya que a lo largo de su vida, una mujer tendrá que pagar miles de dólares más que un hombre por productos similares, lo que termina afectando su renta disponible y sus ahorros.

   A ello se suma, recordó, el problema de la brecha salarial, por el que tradicionalmente las mujeres ganan menos que sus compañeros varones por trabajos similares. “Durante demasiado tiempo las mujeres y las niñas se han  enfrentado a discriminación social y económica en todos los aspectos de su vida, pero en Nueva York estamos librando la lucha por una igualdad de género real”, subrayó finalmente el gobernador.

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Ellas ganan menos pero pagan más

   En toda Latinoamérica las mujeres ganan en promedio 14% menos que los hombres, según datos de ONU Mujeres, considerando puestos laborales iguales. Para peor, la brecha salarial se expande cuando se consideran el precio de ciertos artículos que se venden en versiones masculina y femenina, como por ejemplo las rasuradoras.

   Hay una extensa gama de productos en los supermercado que tienen versión para hombre y para mujer. A simple vista, son simples artículos de higiene personal cuya única diferencia parece ser el color, pero no es así: el rosa es más caro que el azul, o el verde, o el negro.

   El fenómeno es replicado por las grandes industrias y los grandes centros de venta en todo el mundo. El primer estudio formal al respecto fue dirigido por el Departamento de Asuntos de los Consumidores de Nueva York, en el que se compararon los precios de alrededor de 800 productos.

   El departamento neoyorquino encontró que, en promedio, las mujeres pagan hasta 7% más en productos exactamente iguales a los dirigidos a los hombres. Siguiendo el ejemplo de este estudio, el grupo feminista francés Georgette Sand inició una campaña pidiendo a la población que enviara fotografías de los artículos en cuestión: uno de mujer y uno de hombre donde se pudiera observar la diferencia de precio.

   Como resultado, el gobierno francés prometió la creación de una fiscalía especial que regule los precios de los productos para eliminar la diferencia de precios entre objetos para mujer y hombre. Lo anterior es una de las teorías principales de por qué las mujeres gastan más en productos personales que los hombres.

   Pero el “'Pink Tax” va más allá: incluso entre los juguetes para bebés y niños pequeños hay diferencias notables en precios, aunque sean exactamente iguales a excepción del color (rosa y azul). Incluso hay otra vertiente de este impuesto invisible que muchas empresas han negado, la de los productos de higiene femenina como toallas sanitarias, tampones, copas menstruales, etc.

   En este caso no hay diferencia de precio pues evidentemente, estos productos son de uso exclusivo de mujeres, sin embargo y debido a esta falta de comparación, los precios se disparan a gusto de los fabricantes.

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En un informe elaborado en 2015, el Ayuntamiento de Nueva York analizó los precios de juguetes, ropa, productos cosméticos y de higiene y confirmó que en el 42% de los casos los dirigidos a mujeres eran más caros.
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