El sentido de la Navidad
La Navidad es, ante todo, un mensaje de fe, esperanza y amor para un mundo que tiene por delante enormes desafíos que nunca antes enfrentó la humanidad. Los dilemas que plantea este complejo presente son también un llamado a reflexionar sobre el significado profundo de esta celebración íntimamente ligada a la fe cristiana.
hay algo que caracteriza a las sociedades actuales es el poco tiempo que el ser humano dedica a comprender los cambios que experimenta el mundo de la mano de los silenciosos, pero no por eso menos vertiginosos, avances en materia de biotecnología, inteligencia artificial y algoritmos, una combinación que -al decir de algunos científicos- en las próximas décadas podría reemplazar el trabajo de la intuición, es decir, de aquella facultad humana para comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento.
En este mundo tan complejo, la festividad en la que la comunidad cristiana de todo el mundo celebra el nacimiento de Jesús de Nazaret es una tradición que invita a pensar en la importancia de practicar la solidaridad y actuar siempre con afecto por el otro, especialmente por aquellos que más necesitan de nuestra ayuda.
Para muchos antropólogos e historiadores, la cooperación entre los seres humanos fue lo que permitió que el homo sapiens lograra, con luces y sombras, dominar el planeta. Los grandes logros de la humanidad, afirman (desde el viaje a la Luna hasta el descubrimiento de vacunas que salvaron millones de vidas), no se debieron al trabajo individual de unos pocos sino a la voluntad de muchas personas de unir esfuerzos en pos de un proyecto más amplio y generoso.
Por eso es importante que, en esta Navidad, cada uno pueda librarse de ese excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin prestar atención el interés de los demás.
La vida de Jesús muestra a los creyentes, y también a quienes no lo son, que es posible trascender las propias limitaciones, superar los egoísmos, y entregarse a los demás. El desafío es mayor en estos tiempos en los que no faltan los temores, conflictos y la incertidumbre.
La reunión familiar de esta noche, entonces, debe ser una oportunidad para el encuentro fraterno, para cultivar la amistad social, para sanar heridas y comenzar de nuevo, con la esperanza de que un Chaco y una Argentina mejor son posibles.
Hace pocas horas, el Papa Francisco en un mensaje grabado tras la audiencia privada concedida al secretario de Naciones Unidas, António Guterres, en el Vaticano, dijo que la Navidad, “en su genuina sencillez, nos recuerda que lo cuenta verdaderamente en la vida es el amor”.
En otras ocasiones también remarcó la necesidad de alejarse del consumismo y de las formas mundanas que tienden a prevalecer en la vida moderna.
En esta fecha tan especial para la cristiandad, es una buena ocasión para tener presente el consejo del Papa, para vivir esta Navidad con verdadera fe, siguiendo las enseñanzas de Jesús, que nos recuerda en cada momento de la vida la importancia que tienen la libertad, la igualdad y la dignidad de todos los seres humanos.
Es de esperar que todos los sectores de la comunidad chaqueña renueven en esta Navidad un firme compromiso con el diálogo y la paz social, para que el nuevo año que se acerca encuentre a todos predispuestos a trabajar por el bien común.
Si el conjunto de la ciudadanía acepta que compartir con el otro y trabajar con entusiasmo para superar las divisiones es el camino que nos ayudará a construir una provincia y un país mejor, entonces quiere decir que se ha comprendido el verdadero sentido de la Navidad.
Un sentido que, hay que decirlo, no es el del mero intercambio de regalos o el de una reunión social más, como insisten en mostrar las revistas y piezas publicitarias, las películas y series que abundan en estos tiempos de televisión por Internet y noticias falsas.
Vivir la verdadera Navidad, entonces, implica aprender a separar la paja del trigo, es decir, aprender a apartar todo aquello que es superfluo para quedarse con lo que es verdaderamente importante. No es una tarea sencilla en un mundo en el que hay una sobreabundancia de consumo y de información que tiende a nublar los sentidos. No es un trabajo sencillo, pero vale la pena.










