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Brasil debe ser una prioridad estratégica para Argentina

En las últimas semanas se han multiplicado los gestos de acercamiento entre los gobiernos de Argentina y Brasil, en lo que puede interpretarse como un saludable pragmatismo que, ojalá, ayude a la cooperación y, más allá de las diferencias ideológicas de quienes representan los gobiernos de turno, se traduzca en beneficios a largo plazo para ambos países.

Una clara señal del deshielo en la relación fue la decisión del presidente Jair Bolsonaro de aceptar, en menos de 24 horas, el pedido de acuerdo para que el ex gobernador de la provincia de Buenos Aires Daniel Scioli pueda desempeñar las funciones de embajador en Brasil.

El dato no es menor, ya que, como se sabe, el mandatario brasileño había tenido expresiones poco favorables a la nueva gestión del presidente Alberto Fernández. Sin embargo, todo parece indicar que afortunadamente prevaleció la sensatez y se optó por dejar de lado las agendas exclusivamente domésticas, retomando la senda de los intereses comunes.

En rigor, la voluntad de mantener la relación en buenos términos ya lo había adelantado en octubre pasado el embajador brasileño para el Mercosur, Bruno Bath, cuando aseguró que los intereses comerciales que tienen en común Argentina y Brasil prevalecerían por sobre las diferencias ideológicas. Pero no fue el único que se manifestó en ese sentido.

También Eduardo Bolsonaro, el hijo del actual presidente de Brasil, que es titular de las comisiones de Relaciones Exteriores y de Defensa del vecino país, reconoció que había un proceso de acercamiento entre ambos socios en marcha, opinión que fue compartida por los principales referentes de la industria tanto de Argentina como de Brasil, que coincidieron en señalar los vínculos entre ambos países debe ser una prioridad estratégica y debe estar por encima de las diferencias políticas e ideológicas de los gobiernos actuales.

De lo que se trata, en definitiva, es de preservar el proceso de integración y fortalecer los lazos de la relación bilateral, que deben cimentarse en la confianza mutua. No es una tarea sencilla, por supuesto, pero tampoco lo ha sido para los países que, por ejemplo, apostaron al proceso de integración en Europa.

Por eso es importante que la alta dirigencia política de ambas naciones esté de acuerdo en la necesidad de fortalecer los lazos de cooperación y amistad que, dicho sea de paso, también debe extenderse a los demás países integrantes del bloque regional y de América Latina y el Caribe. No debe olvidarse que, salvo el caso de las commodities, la mayoría -por no decir todas- las exportaciones industriales argentinas tienen como destino el mercado brasilero.

Dicho de otro modo, el principal cliente de los productos industriales argentinos es nada más ni nada menos que el gigante sudamericano, de manera que los vínculos comerciales con Brasil son claves para el futuro de la economía argentina. Se ha señalado en varias oportunidades en esta misma columna, que el desarrollo del vecino país tiene un enorme peso en el proceso de integración sudamericana y de ahí la importancia de avanzar concretamente con mejores resultados en la alianza estratégica entre ambos países.

Tanto el titular de la Cancillería argentina, Felipe Solá, como el flamante embajador argentino en Brasil, Daniel Scioli, tienen por delante un enorme desafío, que es lograr que la alianza de Argentina con Brasil se afiance más cada día, y de ser posible convencer a sus pares brasileños que la intención de cooperación entre ambos países, además de servir para hacer frente a la crisis global, debe servir también a un objetivo mayor, que es el proceso de integración sudamericano que permitirá avanzar hacia el pleno desarrollo económico y social de la región.

En el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, en tanto, se reconoce que la fuerte dinámica comercial bilateral tiene una importante incidencia en sectores estratégicos de las dos economías, sobre todo en la industria. En ese sentido, la Cancillería brasileña remarca que el sector automotriz se destaca entre las áreas beneficiadas por esta sociedad bilateral, que tiene efectos directos e indirectos sobre el conjunto de la economía brasileña, en campos tan diversos como minería, siderúrgica, metalurgia, química, petróleo y gas, además del sector de servicios (ingeniería, mecánica, administración, propaganda y marketing, entre otros).

Es de esperar, entonces, que Argentina y Brasil logren avanzar en la construcción de una relación política de confianza y cooperación, para beneficio de los pueblos de ambas naciones.

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