El derecho a la privacidad en tiempos de Google y Facebook
El vertiginoso avance que experimentaron en los últimos años las tecnologías de la información y la comunicación colocó al mundo en un estado de transformación social, económica y cultural, cuyas consecuencias a largo plazo son difíciles de predecir con precisión. En este escenario de cambios y de la mano de la creciente digitalización, gigantes tecnológicos como Google y Facebook supieron sacar ventajas de las nuevas reglas de juego y obtener enormes ganancias gracias a la facilidad con la que acceden a los datos personales de sus usuarios.
Miles de millones de dólares ingresan en forma periódica en las cuentas de estas megaempresas de tecnología (a las que se deben sumar otras no menos importantes como Microsoft, Apple y Amazon) que comparten una misma habilidad: pueden recopilar una gran cantidad de datos personales de sus usuarios con la ayuda de sus servicios, aparentemente gratuitos, que ofrecen a todo el mundo. Pero como ha ocurrido siempre a lo largo de historia de la Humanidad, tarde o temprano la mayoría de la gente se entera de cómo funcionan realmente las cosas. Y es por eso que, en los últimos tiempos, cada vez más organizaciones no gubernamentales que trabajan para promover una Internet libre de vigilancias, con menos controles y menos intromisión en los asuntos privados de las personas, vienen reclamando a estas compañías que sean más transparentes y den la posibilidad a sus usuarios de elegir qué información quieren compartir y qué datos prefieren mantenerlos dentro del ámbito de su privacidad.
Es que estas empresas tienen la capacidad de registrar todos los movimientos del usuario cada vez que este utiliza sus buscadores, mapas o aplicaciones diseñadas para facilitar la vida en estos tiempos; y además disponen de una serie de datos como la ciudad donde vive el usuario, sus gustos personales, los productos que compra, las páginas web que visita y hasta el modelo de computadora o celular que utiliza, por citar solo unos pocos ejemplos de una larga lista de información personal que cada uno deja cada vez que se conecta a Internet. Algunos defensores del derecho a la privacidad observan que hasta ahí no habría problemas, sobre todo si se tiene en cuenta que, se supone, el usuario acepta los términos y las condiciones que imponen estas empresas a la hora de usar un navegador, un buscador, una red social o un servicio de correo electrónico. El problema surge cuando esa información, que en principio es privada, llega sin autorización de los usuarios a manos de otras empresas que, por ejemplo, se dedican a influir en procesos electorales o de toma de decisiones que involucran a la ciudadanía, como ocurrió con el caso de la empresa Cambridge Analytica, que utilizó la información de 50 millones de usuarios de la red social Facebook para generar anuncios personalizados con el objetivo de influir en las decisiones de los votantes de Estados Unidos y los ciudadanos de Gran Bretaña durante la campaña del Brexit. Fue a partir de este escándalo que las organizaciones no gubernamentales volvieron a manifestar su preocupación por la manera en que Google, Facebook, Microsoft, Apple y Amazon usan y comparten la información de los usuarios. Hace poco, la organización Amnistía Internacional publicó el informe “Gigantes de la Vigilancia”, donde se advierte sobre el poder que tienen estas plataformas para recopilar y almacenar los datos personales de sus usuarios. Según ese documento, empresas como Googgle y Facebook ejercen una vigilancia omnipresente sobre miles de millones de personas en distintos países, lo que representa un peligro para la privacidad y los derechos humanos en todo el mundo. El documento advierte, además, que estas grandes compañías tecnológicas ofrecen sus servicios a miles de millones de personas sin cobrar ninguna tarifa, pero a cambio de esa prestación en apariencia gratuita, los usuarios ceden sus datos personales y se exponen al seguimiento continuo no solo en la web, sino también en el mundo físico, por medio, por ejemplo, de dispositivos conectados.
La primera respuesta a estas reacciones llegó desde Google, que anunció la decisión de adoptar cambios en sus plataformas para permitir a los usuarios tener un mayor control de sus datos, como por ejemplo, la posibilidad de utilizar Maps en modo incógnito, y eliminar en YouTube el historial en forma automática. ¿Son suficientes estas medidas? Por supuesto que no, pero lo importante es que cada vez más usuarios toman conciencia de la necesidad de defender el sagrado derecho a la privacidad.










