Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°

¿Democracia o autocracia?

En días como estos, que se repiten cada cuatro años, se viven las alternativas de los recambios de autoridades tras las elecciones. Tanto a nivel provincial como nacional y municipal surgen esperanzas, aunque muchos de los que ahora van a ostentar el poder ya sean conocidos y repitan en sus cargos.

Se suele decir, y con verdad, que, a pesar de todas las dificultades, mantenemos firmes la democracia que recuperamos aquel 10 de diciembre de 1983 -hace treinta y seis años- cuando asumió la presidencia Raúl Alfonsín y la gobernación Florencio Tenev.

Es cierto, mantenemos la democracia, su división en tres poderes, pero con el paso de los años quedan las formalidades y se van produciendo modificaciones que desvirtúan el verdadero sentido de “democracia” (gobierno del pueblo) para irse convirtiendo en “autocracia” de hecho. Y una autocracia “es un sistema de gobierno que concentra el poder en una sola figura, cuyas acciones y decisiones no están sujetas ni a restricciones legales externas, ni a mecanismos regulativos de control popular. ? La monarquía absoluta y la dictadura son las principales formas históricas de autocracia”.

En nuestro ámbito las figuras de los titulares de los Ejecutivos -nacional, provincial, municipal- son excluyentes. Son señores todopoderosos de los que dependen todas las políticas: económicas, laborales, educativas, de servicios y obras públicas, internacionales. Sus colaboradores (ministros, secretarios y otros funcionarios) son simples ejecutores y en muchos casos están pintados. Sus retratos, de considerables tamaños, cuelgan de todos los despachos.

Los poderes legislativos alternan entre ser escribanías de sus Ejecutivos o lugares de discusiones interminables en las que se impone la prepotencia del número, según resulte su composición partidaria o según conveniencia de determinadas alianzas. Se olvidan de que en ellos reside el auténtico poder del pueblo (demo -cracia) y aseguran responder a intereses partidarios, que muchas veces no son los mismos.

El último tercio del Poder lo ejerce la Justicia, hoy cuestionada y sospechada como nunca, desde el momento en que a quienes la ejercen los elige (o impone) una elite, que no rinden cuenta a nadie, que duran de por vida y que, ni siquiera tributan como los demás. En pocos años ha pasado de ser el Poder con más prestigio, al del peor concepto de la gente y no sólo por llegar tarde con sus fallos, sino por ser permeables al poder político o al económico.

DESGASTADA DEMOCRACIA

Estas, a veces un poco más, otras, un poco menos, son las características de la desgastada democracia, de apenas 36 años, pero que muestra muchos síntomas que esgrimieron como pretexto aquellos que en 1976 instalaron la sangrienta autocracia que marcó a fuego la historia del país.

Ante este panorama, nada alentador, es necesaria una reacción que ponga la cosas en su lugar. Quienes deberían tomar conciencia, parecen ocupados en muchas otras cosas y disputas de poder para perpetuarse en los cargos. Servirse, en vez de servir al pueblo (demo), su verdadero mandante y no se ocupan de cumplir con lo que les corresponde. Quizás porque la fiebre del poder les obnubila el horizonte y no se dan cuenta.

Y si la recuperación de la verdadera democracia no surge de los que detentan el poder ¿desde dónde se inaugurará un proceso de recuperación? Esta es una tarea que le corresponde a la nueva generación que se viene, aún no contaminada por los vicios descriptos y que no es cautiva de los caudillos de turno, por no estar colgados de sus sacos.

LOS PARTIDOS POLÍTICOS

Los partidos políticos o como se llamen, tiene que dejar de vegetar y de ser lugares de reparto de boletas para las elecciones para convertirse en lugares de aprendizaje real, de estudio y concientización de que el ejercicio de la política es servicio para quien le delega su poder (el pueblo), es temporal (el período que determina la Constitución) y no para su beneficio personal. Se deben despertar verdaderas vocaciones de servicio. ¿Habrá sido un indicio la gran cantidad de candidatos que hubo en las últimas elecciones, en las que en algunos municipios hubo hasta 14 y 15 postulantes a la intendencia?

Y para empezar hay que corregir enormes irregularidades como la difundida hace unos días como que cada uno de los 32 diputados le cuesta al Chaco 71 millones de pesos por año. Es la segunda Legislatura que más gasta en el país. Una gran disparidad con Santiago del Estero, por ejemplo, cuyos gastos por legislador son de $3,8 millones respectivamente, es decir que el costo en la provincia chaqueña es 18,6 veces el de la santiagueña. Por supuesto que ese no es el salario del diputado, sino todo lo que lo rodea, incluida ese enorme número de agentes que cobran sin trabajar y que son los “clientes”. Si no es cierto, se nos debe una explicación. Porque es un escándalo que una provincia que tiene los peores indicadores sociales de las 24 del país, haga este derroche con privilegiados que “trabajan” un día a la semana, que nadie les controla la asistencia ni lo que hacen y que no se ocupan de los problemas de fondo. ¿O la provincia no puede tener sus propias iniciativas para parar el hambre?, por ejemplo.

De la acción de todos, sobre todo del pueblo, depende que esta democracia no siga transformándose en una verdadera autocracia.

Te puede interesar