Compromiso para erradicar el trabajo infantil en zonas rurales
El trabajo infantil constituye uno de los obstáculos más graves que tiene la infancia para la inserción futura de niños y adolescentes en el mundo adulto. Por eso siempre son bienvenidas las iniciativas que se ponen en marcha para generar conciencia sobre este serio problema. En ese sentido, merece destacarse el reciente convenio firmado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la oficina local de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para erradicar el trabajo infantil en el campo.
Se trata de un acuerdo de cooperación entre ambos organismos con el objetivo de avanzar a paso firme en la erradicación del trabajo infantil en el ámbito rural, tarea que estará enmarcada en las acciones que lleva adelante la OIT en la Argentina y la región para promover el trabajo decente. El desafío, por cierto, es enorme. Según los últimos datos disponibles del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) sobre este serio problema, en 2018 había más de 206.600 niños y niñas, con edades que van desde los seis a los 15 años trabajando en zonas rurales de la Argentina, mientras en la franja adolescente de chicos que tienen entre 16 a 17 años se detectaron cerca de 85.000 casos. Debe señalarse, para que nadie tenga dudas, que el trabajo infantil está expresamente prohibido en nuestro país y constituye delito penal. La ley castiga con penas de hasta cuatro años de cárcel a quienes son hallados culpables de cometer este delito, y también aplica sanciones administrativas a los infractores con multas de hasta el 2.000 por ciento del salario mínimo vital y móvil por cada niño o niña que se encuentre en esta situación irregular. Además, si un empleador es hallado violando la ley, podrá ser incorporado como infractor al Registro Público de Empleadores con Sanciones Laborales.
A nivel mundial, y gracias al labor que viene realizando desde hace varios años la Organización Internacional del Trabajo, todos los países que integran el organismo —entre ellos, la Argentina—, asumieron el compromiso de llegar al año 2030 con la erradicación total del trabajo infantil, como se denomina a toda actividad económica o estrategia de supervivencia, remunerada o no, realizada por niñas, niños y adolescentes, por debajo de la edad mínima de admisión al empleo o trabajo, que es de 16 años, según lo establecido por la ley nacional 26.390.
Desde el INTA observan que en las zonas rurales se debe tener especial cuidado para que los niños no tengan contacto con agroquímicos, no participen de actividades peligrosas, nocturnas o estén en situaciones de inseguridad, como pueden ser el manejo de maquinaria agrícola o tractores.
EI convenio entre el INTA y la OIT, además de incluir actividades de cooperación, se centrará en la tarea de sensibilizar a toda la comunidad sobre esta compleja problemática, que está atravesada por diversos factores sociales, culturales y de desigualdad económica. Por eso es importante llevar claridad sobre algunas falsas creencias que no hacen más que invisibilizar el problema del trabajo infantil, como por ejemplo cuando se afirma que es mejor que los niños trabajen a que estén sin hacer nada, o cuando se sostiene que es mejor que un niño trabaje a que esté robando. Todos los niños tienen derecho al descanso, al juego y al ocio, que son elementos fundamentales que no deben faltar en la infancia de ningún niño, para que así el pequeño pueda disfrutar como corresponde de esa etapa de la vida y desarrollar la creatividad. Todos los adultos deben asumir el compromiso de velar para que se respeten estos derechos, porque de esa manera se estará garantizando a futuro una mejor integración a la sociedad de ese niño o adolescente cuando llegue a la vida adulta.
Por otra parte, hay que decir que la idea de que el trabajo infantil evita que los chicos caigan en la delincuencia también es falso. Está comprobado que no hay nada mejor que el chico crezca en un ambiente familiar, con una contención adecuada y un entorno que asegure la escolarización desde la infancia hasta la adolescencia, de manera que no tenga que verse obligado a trabajar. En otras palabras, y para que quede claro: ninguna forma o modalidad de trabajo infantil es formativa, ya que los trabajos que realizan niños y niñas afectan su salud psicofísica y les impiden el desarrollo de su infancia, limitan su tiempo de juego y de descanso, e interfieren en su educación.










