Preocupante caída de la actividad industrial
En los últimos años, en materia de políticas públicas, la actual administración nacional ha dejado libradas a la suerte de cada una a casi todas las actividades que transforman las materias primas en productos elaborados; es decir, a casi todas las vinculadas con la industria. Los datos que aporta el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) así lo confirman: en septiembre, el sector industrial se desplomó un 5,1 por ciento, acumulando una caída de 17 meses consecutivos.
Estas cifras oficiales revelan, entonces, el serio deterioro sufrido por aquellas actividades que engloba el sector industrial en la Argentina. Así, se tiene por ejemplo que de las 16 categorías que mide el instituto oficial de estadísticas, 11 registraron una importante caída de la actividad. Los últimos datos disponibles, que son de septiembre pasado, muestran que el índice de producción industrial manufacturero tuvo un desplome del 5,1 por ciento respecto a igual mes del año pasado. Si se observa con más detenimiento el panorama, se puede comprobar que el sector automotriz fue el que sintió con mayor fuerza el impacto del fracaso de las medidas económicas del macrismo, ya que es el que encabeza el listado de sectores industriales más afectados. A la industria de la construcción tampoco le fue bien en estos años: la actividad del sector se desplomó un 8,5 por ciento comparado con septiembre del año pasado y retrocedió un 4,6 por ciento respecto de agosto último. De esta manera, acumuló 13 meses de variaciones interanuales negativas, registrándose en septiembre una fuerte baja de la demanda de insumos para la construcción pública en particular en el asfalto que mostró una variación negativa de -43,6 por ciento. En este punto, debe señalarse que la construcción es considerada ‘madre de Industrias‘ por su enorme efecto multiplicador positivo en otros sectores vinculados, como son los talleres metalúrgicos, los corralones, la industria maderera, las pinturerías y ferreterías, las fábricas de muebles de cocina y comercios que venden artículos para la seguridad de edificios, por citar solo unos pocos rubros que intervienen en forma directa en el desarrollo de una obra.
Según las cifras del Indec, de los 16 sectores de la industria manufacturera, 11 tuvieron un desempeño negativo. El sector automotriz, como se dijo, tuvo las bajas más pronunciadas con un retroceso del 16,2 por ciento producto de la caída del 24,6 por ciento en la producción de vehículos automotores y del 12,8 por ciento en autopartes. Por otra parte, como producto de la crisis, este año seis de las once multinacionales que fabrican automóviles y camiones en el país se han visto obligadas a suspender personal en forma rotativa, mientras que otras decidieron postergar inversiones.
El gobierno nacional del presidente Macri finalizará su mandato en diciembre próximo dejando una industria que utiliza casi la mitad de su capacidad productiva, lo que representa el menor nivel de actividad industrial desde el colapso económico del año 2001. En rigor, nadie debería sorprenderse frente a estos datos, teniendo en cuenta que el país viene sufriendo una sostenida caída de la demanda, con caídas del poder adquisitivo de los salarios, aumentos de tarifas y caída de las ventas, que se traducen en un marcado debilitamiento de la producción industrial. Todo parece indicar que en la Casa Rosada no comprendieron que es imposible poner en orden la economía desde el ajuste, y que la experiencia enseña que, en realidad, se ordena desde el crecimiento. A esta altura de los acontecimientos está claro que las políticas nacionales de los últimos años han tenido un alto costo en términos de nivel de actividad, empleo, proceso inflacionario y de poder adquisitivo de los salarios. Pero la Argentina tiene capacidad para recuperarse, es un país con un potencial enorme y por eso es de esperar que el próximo gobierno nacional promueva un modelo industrial basado en la innovación, con agregación de valor, que es lo que hacen los países más avanzados en materia industrial. Claro que también habrá que mejorar la competitividad, promover el acceso de las empresas al crédito con líneas directas para el sector productivo, una reforma tributaria para incentivar el desarrollo regional y de las pequeñas y medianas industrias y una política para el sector que haga hincapié en el desarrollo tecnológico.










