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Prédica episcopal por consensos necesarios

En la última asamblea plenaria celebrada por la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), los obispos argentinos señalaron, con preocupación, que las mayores deudas que pesan sobre el país siguen siendo la pobreza, la exclusión y la desigualdad.

Frente a este escenario social complejo y delicado, los religiosos volvieron a convocar a todos los sectores a unir esfuerzos para fortalecer la democracia y continuar en la senda del diálogo con el objetivo de dar respuestas efectivas a estos graves problemas.

Los prelados dieron a conocer un breve documento, que lleva por título “El fortalecimiento de nuestra Nación” y que se difundió al término de la 118ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) que se desarrolló en la localidad de Pilar.

El texto comienza destacando que “en el inicio de un nuevo período de nuestra democracia, por la cual hemos optado de manera irreversible, queremos caminar con los argentinos para consolidarla cada día más. Pedimos a Dios que nos ayude para que la senda democrática se traduzca en vida digna, desarrollo integral, trabajo para todos, acceso a la salud y educación de calidad. Reconociendo la inmensa dignidad de cada persona podemos decir que las mayores hipotecas del país siguen siendo la pobreza, la exclusión y la desigualdad”.

Vale detenerse en algunas de las palabras claves del texto, para reflexionar sobre ellas: democracia, vida digna, desarrollo, trabajo, salud, educación, desigualdad. Cada una de ellas encierra conceptos que deben estar siempre presentes en el debate público. Debe reconocerse, sin embargo, que cada uno de estos términos tiene una interpretación diferente según la mirada de cada cual.

No es lo mismo pensar en educación, salud o trabajo, por ejemplo, desde una situación de vida holgada y confortable en lo más alto de la pirámide social que desde el lugar de quienes quedaron por debajo de la línea de pobreza. Los contextos son distintos y las urgencias, obviamente, también. Pero esas diferencias, tajantes y dolorosas, al darse dentro de una misma comunidad necesariamente requieren de acuerdos que ayuden a acortar las brechas. Por eso, los obispos con sabiduría hablan de “un renovado esfuerzo de diálogo sincero y búsqueda de consensos en orden a generar síntesis superadoras”.

“La grandeza de nuestra dirigencia se manifestará en este intento si sabe incorporar también los esfuerzos y las búsquedas de los más pobres”, agregan los religiosos, en un párrafo que va dirigido a quienes tienen la responsabilidad de representar en forma genuina los intereses de todos y cada uno de los sectores de la sociedad, es decir los dirigentes políticos, gremiales, empresariales, representantes de organizaciones no gubernamentales y de asociaciones profesionales, ente otros grupos, que deben tener en estos momentos difíciles una especial predisposición para el diálogo y la búsqueda de acuerdos, a fin de asegurar una convivencia pacífica a partir de la cual se puedan buscar soluciones a los problemas más apremiantes.

Una buena dosis de madurez, sin dudas, allanará el camino. Más allá de las coincidencias o disidencias propias de la vida en comunidad, la provincia y el país necesitan hoy más que nunca un compromiso firme de todos con la mejora de las condiciones de vida de la gente , sobre todo de quienes más lo necesitan.

“Como ciudadanos responsables estamos llamados a formar un pueblo que, más allá de las discrepancias, sostenga referencias estables que conformen un proyecto común. Esto supone un renovado esfuerzo por superar las distintas formas de violencia y por construir la amistad social”, añade el mensaje de los obispos, en un párrafo que tiene una especial significación en la difícil coyuntura que atraviesan la Argentina y otros países de la región, como Chile, una nación que hasta hace poco era mostrada como ejemplo, pero que escondía evidentemente un profundo malestar social por un modelo económico que generó desarrollo pero también una enorme desigualdad.

Si se analiza con detenimiento la evolución histórica de las sociedades que hoy son las más prósperas y con mayor equidad del mundo, se podrá encontrar que todas utilizaron valiosas herramientas como el diálogo, el respeto por la diversidad, la búsqueda de acuerdos y la preocupación por el otro, para poder construir una comunidad más justa. Y eso es lo que, al fin y al cabo, proponen hoy los obispos para un país tan sufrido como la Argentina.

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