Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°

Agronegocios y el desafío de generar un sistema sustentable

Es innegable que el esquema de producción agrícola actual, bajo el paradigma del agronegocio -una derivación habilitada por la Revolución Verde- ha generado un incremento significativo de resultados. Sin embargo, tras décadas de vigencia, la sustentabilidad económica y ambiental y las consecuencias sociales evidencian hoy serias amenazas.

La dependencia tecnológica, el excesivo costo creciente de insumos -muchos derivados de una fuente finita como el petróleo- y de la maquinaria; la contaminación del suelo, de cursos de agua y napas freáticas -y de los humanos-; la pérdida del equilibrio ecológico, biodiversidad y diversidad genética; la disminución progresiva de la materia orgánica, de la masa microbiana y de macro y micronutrientes; la concentración de explotaciones y la desaparición del agricultor como sujeto activo de un proceso integrado a su medio, son parte de los problemas que empiezan a sumar fragilidades en sus resultados económicos. 

los-andes-.jpg
El primer congreso de agroecología se realizó este año en Mendoza, hace un mes. Foto de Los Andes.

Aun cuando la sustentabilidad ambiental y económica parezcan disociadas, su vinculación está estrechamente entrelazada.

Las consecuencias ambientales se venían evidenciando hace tiempo, pero ahora empieza a aflorar con mayor notoriedad.

Las consecuencias de la degradación y pérdida de la diversidad biológica conllevan inexorablemente a mayores riesgos y costos de producción. Esto puede evidenciarse con números y en publicaciones especializadas como la editada por la Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica de Naciones Unidas y varios informes de la FAO.

La FAO presentó en un informe de este año pruebas contundentes de que la biodiversidad que sustenta nuestros sistemas alimentarios está desapareciendo, lo que pone en grave peligro el futuro de ellos y medios de subsistencia, nuestra salud y medio ambiente.

unne.jpg
Un encuentro similar en la temática está previsto en Resistencia. Foto de delegación de la UNNE.

En el informe: fao.org/news/story/es/item/1181470/icode/ se cita que “menos biodiversidad significa que las plantas y los animales sean más vulnerables a plagas y enfermedades. La pérdida creciente de biodiversidad para la alimentación y la agricultura, agravada por nuestra dependencia de cada vez menos especies, está llevando nuestra ya frágil seguridad alimentaria al borde del colapso”.

La aparición creciente de malezas resistentes, la mayor incidencia y severidad de los ataques de insectos y patógenos, la pérdida de cualidades proteicas de granos y forrajes, las necesidades de fertilización en macro y micronutrientes, entre otros, son fenómenos económicos que se observan en nuestro país y región y que tienen por detrás un desequilibrio ambiental derivado de prácticas que soslayan la importancia de la biodiversidad para la agricultura, la alimentación y la salud y el bienestar humano.

El 26 de septiembre en un artículo de Lucas Villamil en Clarín Rural “Plagas y malezas: cómo reconstruir un sistema hackeado” el coordinador académico de Agricultura en la Unidad de Investigación y Desarrollo de Aacrea y catedrático de Agronomía de la UBA, Emilio Satorre, señalaba que hay un claro deterioro del ambiente biótico y el origen son los cambios en el sistema de producción (la expansión agrícola), en el sistema tecnológico y en la actitud del productor, que buscó la simplificación y concentración genética. “Las malezas resistentes son un síntoma del deterioro. Las resistencias son resultado de procesos adaptativos de la naturaleza, la biología nos enseña que para el manejo de un problema tenemos que cambiar constantemente su solución”. La descripción general fue confirmada más tarde por otros asesores que revelaron el exponencial crecimiento del número de especies -insectos y hierbas- resistentes o tolerantes a los agroquímicos más utilizados, en todas las zonas y todos los cultivos.

notas-.jpg
El patio de Ciencias Agrarias, de la Universidad Nacional de Cuyo, recibió a participantes provenientes de varios puntos del país. Foto de Notas.

Lucas Cazado, líder del proyecto plagas de Aacrea, comentó algunas conclusiones a las que llegó la red de evaluación de problemas presente en 14 regiones CREA. Según los datos de uso de herramientas biotecnológicas e insecticidas mostrados por Cazado, los mismos productores CREA, que cuentan con ‘acceso al conocimiento’, no están haciendo las cosas del todo bien. Usan insecticidas de amplio espectro que están afectando a especies benéficas que deberían ser aliadas del sistema. Por otro lado el uso creciente de soja BT en muchos lotes del norte y centro del país, con su consecuente menor uso de insecticidas para control de lepidópteros en etapas tempranas, redunda luego en un aumento de la presencia de chinches, que encuentran un nicho libre para reproducirse. Es decir, la solución a un problema es la causa de otro.

En la misma nota García Frugoni, líder del proyecto Malezas de Aacrea, refiere que hoy la cantidad de insumos que se está usando ya no se traslada a aumentos de rendimiento proporcionales. “Estamos empujando a los ecosistemas hacia umbrales peligrosos de degradación y explotación y sus efectos son cada vez más notorios. La restauración requerirá inexorablemente neutralizar los impulsores de la pérdida de diversidad biológica, y no será tarea sencilla ya que están profundamente enraizados en nuestros patrones de producción y consumo de las últimas décadas”.

El cambio de paradigma y un mensaje de esperanza

La agroecología es una práctica que combina la producción agrícola integrada con la ganadera, implica labranzas mínimas, policultivos asociados y consociados y fundamentalmente la no utilización de productos de síntesis química, herbicidas, insecticidas ni fertilizantes.

La viabilidad de realizar alternativas de producción agroecológicas extensivas está demostrada. La sustentabilidad no sólo es ambiental, sino que generan mejores resultados económicos. En el INTA Barrow el resultado de diez cultivos bajo manejo agroecológico en siete años les permitió comprobar que hubo un aumento del ingreso neto, pero también un crecimiento del 122% en los márgenes brutos y una reducción del 58% en los costos directos. Pero hay muchas más experiencias que lo sustentan.

Un enfoque equivocado en el que suele encasillarse a la agroecología es que su ámbito se reduce a la esfera de la agricultura familiar, a la pequeña escala, a la producción hortícola o de granja. Esta colocación no inocua en el debate, ha impedido hasta ahora visibilizar el potencial de prácticas agroecológicas sustentables para abordar desafíos de gran alcance.

Estudios y diversos casos vigentes de producción agroecológica a gran escala en nuestro país y en el extranjero aportan teoría y empírica suficiente para proyectar a esta herramienta como solución a los problemas señalados en planteo agrícolas extensivos.

El INTA cuenta con módulos de transición agroecológica en doce estaciones, la Universidad de La Plata, de La Matanza, de Río Negro, entre otras instituciones contribuyen a la investigación, extensión y educación de la agroecología en la Argentina.

La transición agroecológica presenta desafíos, pero éstos son menores en relación a la prospectiva que plantea la vigencia del modelo productivo actual, basado en la uniformidad genética y destrucción biótica.

El debate para mejorar la soberanía alimentaria y lograr sistemas agroalimentarios sustentables en nuestro país está colocando a la agroecología en un lugar cada vez más destacado. Este año se realizó en septiembre el Primer Congreso Argentino de Agroecología en Mendoza, cuyas ponencias y conclusiones aportaron resultados de investigación y experiencias para la implementación de esquemas alternativos de producción sustentable. El próximo congreso tendrá sede en Resistencia, la agroecología se va expandiendo, pues el hombre es esclavo de sus ideas, pero las ideas pueden cambiar.

Te puede interesar