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Urge un tratado contra los robots asesinos

Un puñado de países ha avanzado en los últimos años en la construcción de armas letales autónomas, con gran poder destructivo, que están diseñadas para atacar objetivos sin la intervención de un ser humano. Se trata de los llamados “robots asesinos”, cuya capacidad de cometer asesinatos en forma automática ha generado enorme preocupación en organizaciones no gubernamentales de derechos humanos, que promueven la convivencia pacífica entre los pueblos.

Si bien la primera imagen que se puede presentar en la mente del lector frente a la idea de “robots asesinos” es la del humanoide de metal como el de la película de ciencia ficción Terminator, en rigor, estas armas autónomas que preocupan en la actualidad son drones, tanques o sistemas de misiles que, como se dijo, pueden seleccionar sus objetivos y atacar sin que, al momento de tomar la decisión, intervenga alguna persona.

Human Rights Watch es una de las 129 organizaciones no gubernamentales que presentaron esta semana ante la ONU un petitorio para que se redacte un tratado internacional que prohíba de manera preventiva la construcción de estas armas, y que garantice que en todos los casos habrá un control humano sobre el uso de la fuerza. En septiembre pasado, los ministros de Asuntos Exteriores de Francia, Alemania y de otros 20 países se manifestaron a favor de promover una declaración en las Naciones Unidas sobre sistemas letales de armas autónomas. También la organización no gubernamental Pax, con sede en los Países Bajos, se sumó al pedido de la comunidad internacional para la prohibición de armas totalmente autónomas planteando que la posibilidad de que estas máquinas con la ayuda de programas de inteligencia artificial decidan a quién atacar y a quién no representa un serio riesgo para la seguridad de las personas. Además, advierten, nadie está en condiciones de asegurar que se respetarán los estándares del derecho internacional humanitario, incluidas las reglas de distinción, proporcionalidad y necesidad de uso de la fuerza militar. En ese sentido, el documento presentado ante la ONU observa que si se permite que un grupo de países avance con la fabricación de estas armas se estará poniendo en riesgo el derecho fundamental a la vida y el principio de la dignidad humana.

Estados Unidos, Israel, Reino Unido, Corea del Norte y Rusia son los países que ya cuentan con este tipo de robots y, según denuncian las organizaciones no gubernamentales, pese a las objeciones presentadas en la ONU estas naciones continúan invirtiendo fondos y esfuerzos en el desarrollo de sofisticados sistemas de armas que no tienen control humano sobre las funciones más críticas, como son las de seleccionar y atacar objetivos. Expertos en políticas de desarme insisten en remarcar que estos “robots asesinos” atentan contra principios morales, éticos e incluso legales, y que por lo tanto se impone la necesidad de prohibir que se avance con su construcción. “Un tratado internacional es imprescindible para evitar un futuro sombrío de asesinatos mecanizados”, advirtieron representantes de Human Rights Watch, recordando que en agosto pasado Rusia y Estados Unidos se opusieron nuevamente a las propuestas para que, en el ámbito de la ONU, se discuta un nuevo tratado sobre robots asesinos, calificando esta medida como “prematura”. Es de esperar que, finalmente, se logre aprobar un tratado internacional que exija un control humano sobre el uso de la fuerza y que prohibiría de manera efectiva las armas totalmente autónomas. “Solo una nueva ley internacional puede abordar realmente las múltiples preocupaciones éticas, morales, legales, de rendición de cuentas, de seguridad y tecnológicas planteadas por los robots asesinos”, subrayaron desde Human Rights Watch.

Merece destacarse el fuerte llamado realizado hace pocos días por el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Antonio Guterres, para que se prohíban los sistemas letales de armas autónomas en todo el mundo. No se equivoca Guterres cuando señala que se trata de equipos de combate que son moralmente repugnantes y políticamente inaceptables. Es que, como bien señalan los expertos en desarme, estas máquinas carecerían de las características que son inherentes a los humanos, como la compasión, que son necesarias para tomar decisiones éticas complejas. Además, se teme que la decisión de reemplazar tropas con máquinas facilite la decisión de iniciar nuevas guerras y traslade aún más los dramas humanitarios de los conflictos bélicos a los civiles.

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