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El pan de cada día

Esta semana se conmemoró el 74º aniversario de la creación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que tiene como objetivo principal la erradicación del hambre en todo el mundo. Para celebrar ese acontecimiento la Federación Internacional de Panaderos celebra cada 16 de octubre, en coincidencia con el día del nacimiento de la FAO, el Día Mundial del Pan. La fecha, además de recordar la importancia del pan en la historia de la alimentación, debe servir para reflexionar sobre una de las grandes paradojas de estos tiempos: el problema del hambre en el mundo no es por escasez de comida, sino por la desigualdad en el acceso a los alimentos.

Desde su aparición en la antigüedad hasta nuestros días, el pan ha sido siempre un símbolo que representa mucho más que un alimento. En casi todas las culturas, la imagen del pan está asociada a la satisfacción de las necesidades más elementales de los seres humanos. Algunos historiadores, incluso, señalan que la falta de este alimento básico fue uno de los factores que desencadenaron la Revolución Francesa y para sostener ese argumento recuerdan que en esos convulsionados tiempos el pan proveía más de dos tercios del aporte calórico diario en la alimentación de los franceses más pobres, es decir, la mayoría de la población. También observan que unos meses antes de la Revolución hubo una magra cosecha de trigo que redujo en forma notable la producción de pan que, como se dijo, era el principal sustento alimenticio de los sectores populares.

Hoy, a más de dos siglos de aquellos acontecimientos que sacudieron los cimientos de Francia y marcaron el inicio de la Edad Contemporánea, el problema del hambre sigue vigente en el mundo, pese a que en la actualidad las cadenas de producción alimentaria elaboran suficiente comida para nutrir a todos los habitantes del planeta. Según la Organización de Naciones Unidas, este año el hambre continuó aumentando en algunos países y más de 820 millones de personas sufren desnutrición crónica. La Argentina, lamentablemente, figura entre las naciones que en los últimos años no solo ha hecho poco para erradicar el hambre, sino que ha agravado el problema. Es que, como se dijo desde un principio, el problema no es porque faltan alimentos, sino porque sobra desigualdad. El economista serbio, Branko Milanovic, autor del libro “Desigualdad mundial. Un nuevo enfoque para la era de la globalización”, cuya lectura se recomienda, advierte que la desigualdad se ha convertido en uno de los principales problemas a resolver en las naciones de Occidente y observa que el fenómeno de la concentración de la riqueza en muy pocas manos terminará siendo una amenaza para la democracia, ya que lo que se puede comprobar en los países con altos niveles de desigualdad es que la concentración del ingreso refuerza el poder político de los que más tienen, y eso hace que los cambios a favor de los sectores más postergados en política tributaria, en el financiamiento de la educación pública y en el gasto en infraestructura sea menos probable.

También el economista francés, Thomas Piketty, autor del libro “El capital en el Siglo XXI” plantea en esa obra que la falta de equidad está creciendo en el mundo hasta niveles que son comparables con sociedades de hace más de 200 años, cuando la riqueza y la posición social heredadas predominaban por encima de las oportunidades universales. Tanto Milanovic como Piketty coinciden en señalar una de las grandes paradojas de este siglo XXI: el mundo logró un progreso material como nunca antes visto en la historia de la humanidad, pero solo el uno por ciento de la población global disfruta de las mejores viviendas, la mejor educación, la mejor alimentación, la mejor atención en servicios de salud y el mejor nivel de vida.

Las autoridades nacionales que asuman el próximo 10 de diciembre tendrán el enorme desafío de reducir los niveles de desigualdad, y garantizar que en Argentina, el país que produce alimentos para más de 400 millones de personas pero que -según sondeos realizados por distintas organizaciones no gubernamentales- experimentó en los últimos meses un incremento de la inseguridad alimentaria, a nadie le falte el pan en la mesa.

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