Promesas al viento
A trece días de los comicios para elegir al décimo gobernador desde el regreso de la democracia en 1983 (dos repitieron), el clima electoral entre los “políticos” es casi irrespirable, mientras que los demás ciudadanos siguen preocupados en muchas otras cosas más vitales: la comida, los remedios, la escuela, el transporte, la ropa, el calzado.
En horas más los diez candidatos a gobernador (o nueve como en la primera vez por una injustificable excusa) volverán a tener un mal llamado debate, ya que se trata de una simple exposición de las propuestas o “promesas” a llevar adelante en su gestión. Todas enunciaciones, con las que nadie, tenga la camiseta que tenga, puede estar en desacuerdo, llegado el momento, en más de un cincuenta por ciento se convierten en “palabras que el viento lleva” o en simples “promesas de marinero”. Baste recordar comicios anteriores y ver la situación en la que nos hallamos.
Nadie puede dudar de que nos encontramos en una de las peores crisis de la breve historia del Chaco desde que es provincia y ello se debe a que, tanto sus conductores democráticos como los de facto, han fracasado pese a su verborragia, de lo contrario deberíamos estar mucho mejor de lo que hoy puede calificarse como una mera subsistencia.
Pero hay que convenir que son muchos los que, con espíritu patriótico, quieren sacar las cosas adelante. Si no, no se explicaría que ¡diez! candidatos quieran llegar a ser gobernador con un padrón de 932.110 electores, con lo que lo máximo que puede aspirar quien resulte electo es a obtener la preferencia de uno de cada diez electores, en el supuesto de que vote el ciento por ciento de los ciudadanos.
Un caso singular
Para ejemplo de que estos tiempos preelectorales son un muestrario de verborragia y de promesas que, se sabe de antemano, no cumplirán, vamos a mostrar un caso singular como lo es el de la construcción de algo indispensable en la vida de los seres humanos como lo que se ha dado en llamar el Segundo Gran Acueducto, cuya ausencia priva a por lo menos la mitad de los chaqueños de satisfacer el derecho humano de acceder al agua potable.
Tras la concreción del primer gran acueducto que llevó agua del Paraná hasta el centro chaqueño y se prolongó luego hasta Villa Ángela, a fines de las décadas del 70 y principios del 80, casi enseguida se habló de construir un segundo gran acueducto que llevara agua potable a la otra mitad de los chaqueños.
Un larguísimo camino
Fue en la segunda gestión del gobernador Ángel Rozas (1999-2003), cuando se dieron pasos concretos. En ese tiempo el proyecto contemplaba la toma de agua en el río Bermejo, para evitar la contrapendiente del agua. Fue así como el 6 de noviembre de 2000 se lanzó desde Sáenz Peña la licitación para abastecer con agua potable a la población que carecía del servicio. La obra tenía un presupuesto de 152 millones de pesos con aportes del gobierno nacional y un plazo de ejecución de cinco años. Se estableció que el 7 de marzo de 2001 se abrirían los sobres en Charata con las propuestas. Asistieron el gobernador y el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Rafael Pascual, que ese día estaba a cargo del Poder Ejecutivo por viajes al exterior del presidente De la Rúa y del presidente provisional del Senado, Mario Lozada. El 21 de marzo se abrieron los sobres con las empresas interesadas con la presentación de seis ofertas: Techint SA; Dycasa SA; Iecsa; Benito Roggio e Hijos; José Cartellone SA; Supercemento S.A. El desastre económico del país que acabó con la caída del presidente hizo que todo quedara en la nada.
Recién el 15 de mayo de 2007 en Margarita Belén, en la visita del presidente Néstor Kirchner, se anunció la primera etapa de la licitación del Acueducto del Norte, esta vez con toma desde el Paraná. Era gobernador Roy Nikisch. El 17 de junio de 2009 se lanzó desde Charata la licitación internacional de los 512 kilómetros para abastecer a 380.000 chaqueños. El presupuesto era de 1.149 millones de pesos y el plazo de ejecución de tres años. Era gobernador Jorge Capitanich y estuvo el administrador del Ente Nacional de Obras Hídricas Eduardo Bortolozzi. La obra sería financiada en un 70 por ciento por el Banco de Desarrollo Social y Económico (Bndes) de Brasil y el 30 por ciento restante con fondos nacionales y provinciales. Ese día, concluyó con una fiesta popular animada por Luciano Pereyra y La Mosca.
Veinte meses después, el 25 de febrero de 2011 en Sáenz Peña, se firmó el contrato de inicio de obras.
A esperar ¿hasta el 2021?
Cuatro años después, el 1 de marzo de 2015 se realizó el primer bombeo desde la estación La Escondida que puso en funcionamiento un tramo del acueducto, que une esa localidad con Sáenz Peña. La toma de agua se empezó desde el Paraná, y debía finalizar para septiembre del 2015. Sin embargo, eso no se concretó, como tampoco la finalización antes de concluir el segundo mandato de Capitanich. Durante la gobernación actual de Domingo Peppo las obras tuvieron varias idas y venidas pero el adelanto fue mínimo.
El 20 de septiembre último, en visita a Napenay, Concepción del Bermejo y Avia Terai el candidato a gobernador Capitanich dijo: “El segundo acueducto del interior lo dejamos en un 67 por ciento de ejecución y en el gobierno de Macri solo se hizo el 8 por ciento. Fueron unos absolutos inoperantes que no priorizaron una obra estratégica de más de 500 kilómetros para abastecer a 26 localidades. Esta obra será inaugurada en el 2021 y vamos a trabajar para los 100 millones de dólares que nos faltan”.
Una historia que lleva ya veinte años mientras la mitad de los chaqueños siguen esperando promesas que nunca se concretan. Si se cumple el pronóstico de la inauguración en el 2021, serán veintiún años de las primeras promesas de marineros que atravesaron seis perídos de gobernadores. ¡Todo un récord!










