Cifras e indicadores que explican el descontento
En los últimos días se conocieron nuevos indicadores y cifras que permiten entender las razones por las cuales muchos argentinos desaprueban la gestión del gobierno nacional. El fuerte deterioro de los salarios, la suba del dólar (y su contracara, la depreciación del peso) y el incremento de los precios generales de la economía, son algunas de las variables que exponen claramente el fracaso de las políticas de ajuste permanente.
Las estadísticas no mienten: desde noviembre de 2015 hasta estos días, el dólar incrementó su valor a la velocidad de la luz, empujando a los precios y dejando muy atrás a los salarios de los argentinos. Un análisis del Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala, por ejemplo, reveló que en agosto pasado el consumo medido por el Indicador Mensual de Consumo (IMC) se contrajo un -11,3 por ciento anual, acumulando así catorce meses en baja. Según la misma fuente, la serie sin estacionalidad arrojó una fuerte caída de -5,8 por ciento mensual, la más pronunciada en al menos dos décadas, acumulando una baja de -15,3 por ciento desde el máximo alcanzado en enero 2018.
Los ajustes, por supuesto, impactaron de lleno en los hogares más vulnerables y sectores medios como ocurrió siempre que se aplicaron las conocidas recetas económicas que ya fueron probadas en la década de los años 90 y, antes, durante el último gobierno militar de la mano del ministro José Alfredo Martínez de Hoz. En este nuevo ensayo, que llegó de la mano de Cambiemos, la venta de autos nacionales en agosto se desplomó un -30,9 por ciento anual, afectadas por la fuerte suba del tipo de cambio; mientras que el IVA neto bajó un -6,4 por ciento anual, según el estudio de la Fundación Germán Abdala.
Por otra parte, de acuerdo a cifras aportadas por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas cayeron un -18,6 por ciento con bajas en todos los rubros, destacándose particularmente la merma de -15 por ciento en la venta de alimentos y bebidas. Pero eso no es todo. El consumo finalizaría con una baja superior al -10 por ciento dejando un arrastre para 2020 cercano a -3 por ciento, valor muy lejano a las estimaciones optimistas que la coalición gobernante Cambiemos presentó en el proyecto de presupuesto, según señala el Instituto de Trabajo y Economía que advierte, además, que de mantenerse esta tendencia el gobierno nacional finalizará la gestión con una caída en el consumo cercana al 20 por ciento respecto a diciembre 2015.
Algunos economistas cercanos a la administración macrista admiten que tras un primer semestre con escasa actividad, se esperaba una leve recuperación en la segunda parte de este año, pero el rápido traslado de la fuerte devaluación de la moneda nacional a los precios golpeó con dureza en el poder de compra de la gran mayoría de los argentinos. Es por eso que las ventas registraron en julio pasado una caída del 12,7 por ciento en supermercados y de un 15,4 por ciento en autoservicios mayoristas, mientras que en los shoopings -símbolo del consumo de las clases medias- el desplome de las ventas marcó un 9,8 por ciento. Así, el aumento de los precios en casi todos los productos de consumo masivo, que en los primeros días después de la última devaluación promedió el 15 por ciento, no hizo más que acentuar el malhumor de amplios sectores de la población que comprueban en sus propios bolsillos que cada vez resulta más difícil llegar a fin de mes, mientras se acumulan las deudas generadas por compras con tarjetas de crédito. Por otro lado, economistas del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) señalaron que el sector del comercio es el de mayor incidencia en la caída económica, reflejando una fuerte contracción del consumo que ocasiona la caída del poder adquisitivo real. A su vez, el Observatorio de la Cadena Láctea, que depende de la Secretaría de Agricultura de la Nación, reconoció que hubo una abrupta caída de la demanda de uno de los productos básicos del consumo familiar, la leche, a tal punto que en los últimos meses se llegó al consumo más bajo de los últimos 16 años. Frente a este difícil escenario, es comprensible el malhumor de muchos argentinos que comienzan a ver el alto precio que se tendrá que pagar por la crisis financiera, el alto endeudamiento y la fuerte caída de la demanda.










