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La página del lunes

Segundo puente, esa vieja deuda

En los últimos cuarenta días, en dos reuniones hechas en Resistencia y Corrientes, los Rotary Club de ambas ciudades convocaron a las fuerzas vivas para tratar de poner otra vez en consideración un proyecto que lleva, por lo menos, un cuarto de siglo en los papeles y en los buenos propósitos, pero cero en las realizaciones concretas: el segundo puente interprovincial entre las dos capitales. Pareciera que es un tanto desubicado en las actuales circunstancias en las que se habla de una emergencia alimentaria, plantearse una megaobra como la del segundo puente, que es, seguramente, multimillonaria en su costo.

Sin embargo, no es tan así. Se trata algo fundamental para toda la región que redundará en beneficios, que, a la larga, contribuirán a un mayor bienestar y, por ende, a superar las emergencias. Se debe, por lo tanto, avanzar en ambos sentidos.

El primer puente fue inaugurado el 10 de mayo de 1973 y hoy se acerca al medio siglo de vida. Comenzó a idearse en 1961 y la obra se empezó a construirse a fines de 1968, de modo que tardó menos de cinco años. Del segundo hace ya más de treinta años que se viene hablando.

Esa primera unión directa por sobre el Paraná entre las dos provincias fue fundamental para la región y marcó un hito para el progreso en esta parte del litoral argentino y sus conexiones con los países limítrofes. Es inimaginable pensarse hoy sin ese puente, que fue el primero del país por sus características, solo comparable con la obra del túnel subfluvial entre Santa y Paraná inaugurada en diciembre de 1969.

Decisión y empuje

Lo que significó el puente para el movimiento de todo tipo hizo que en poco tiempo la monumental obra quedara chica y se empezara a hablar de una segunda similar. La primera surgió merced a la decisión de dos gobernadores de la democracia (Duca Piragine Niveiro), continuada por el proceso militar que finalizó en 1973, pero sobre todo por el empuje de las dos comunidades con sus instituciones empresariales, universitarias, de transporte, de bien público y tantos otros, que reclamaron una y otra vez, y se mostraron dispuestas a participar.

Esto último hizo vislumbrar que un segundo puente podría concretarse pronto. Sin embargo, no fue así: llevamos más tres décadas a puro sueño y al presente estamos en punto cero. No sabemos ni siquiera si será ferrovial, dónde se ubicará su traza y cuáles serán sus características. Los gobiernos provinciales, fundamentales en el primero, parecen desentenderse esperando que todo surja de la Nación, y las instituciones preocupadas por su subsistencia, parecen haberla pasado para más adelante.

Por esto es bienvenida esta movida del Rotary, para que haya también quienes se ocupen de una obra que, bien entendida y planificada, podría convertir de veras en el tan cacareado nudo de transporte para el Mercosur y la conexión bioceánica, algo con lo que se han llenado páginas y páginas de los medios de comunicación, como discursos lanzados al viento.

Vieja historia

Esta historia comenzó a tomar forma concreta en un ya lejano 22 de septiembre de 1997, cuando los gobernadores de Chaco, Ángel Rozas y de Corrientes, Raúl Romero Feris, firmaron un acuerdo por el que crearon un ente biprovincial, “con el objetivo de construir un segundo puente sobre el rio Paraná entre las capitales de ambas provincias”. Se realizaron dos actos similares en las sedes de los gobiernos de ambas provincias, con el apoyo de las fuerzas políticas, entidades empresariales, universitarias, de las fuerzas vivas y se convino en ultimar detalles para producir, en poco tiempo, el llamado a licitación internacional para la mega obra.

Los avatares de la política hicieron lo que vemos hoy: nada de nada, a pesar de que hasta hubo llamados a licitación y de que fuera señalada como una de las prioridades por el actual gobierno nacional que culmina en diciembre de este año. Los entendidos en la materia de una y otra orilla han predicado en vano en todos estos años del 97 hasta ahora- y como ya se dijo, se discute aún si será ferrovial o no, por sólo señalizar un aspecto de los muchos que deberían tenerse en cuenta.

Lo que sucede con esta obra, que se espera sea financiada por la Nación, al contrario de la primera, es una muestra de la decadencia del país en todos los aspectos. Se espera todo del gobierno central y de los organismos internacionales, mientras que las provincias se debaten en cubrir las necesidades imprescindibles de la vida (salud, educación, seguridad, vivienda), muy mal atendidas por otra parte, y se llenan de empleados públicos. Y, sin embargo, una verdadera acción política orientada al bien común debería hacer ambas cosas. Algo similar le está pasando al Chaco de hoy con su segundo gran acueducto en obra hace casi una década, pero del que falta casi una cuarta parte. Los gobernantes deberían preocuparse más en cumplir con sus deberes fundamentales que en desvivirse por hacer “obras históricas”, que, miradas en contexto, son apenas deberes incumplidos.

Versos de Aledo

Entrega

¡Qué pena, hermano, qué pena!

Ver que nos dejan sin Patria

los de adentro y los de afuera.

(Aledo Luis Meloni, Umbral del silencio, 1983)

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