El gran negocio de la tinta para imprimir
Cuando llega una computadora nueva a un hogar es acontecimiento que a los pocos días revela una “imperiosa” necesidad: hay que comprar la impresora.
Por supuesto, la opción más económica y práctica parece ser la de ‘chorro de tinta’.

No importa el tipo de periférico que se elija, si tiene funciones de fotocopiadora o si lleva tres o más cartuchos de tinta, llega el aparato nuevo al hogar y después de un frenesí de impresión de todo tipo queda ocupando espacio.
En las oficinas sucede algo parecido pero por otro motivo más tenebroso, cuesta tanto reponer los cartuchos que hasta llegan a verse ‘encargados’ que deciden celosamente qué cosas valen la impresión.
Y así, de repente la “inofensiva” impresora suma nuevos militantes al odio universal.
La revista especializada NeoTeo precisa que en los últimos 30 años los precios de las tintas llegaron a niveles absolutamente ridículos, algo que golpea de lleno a usuarios ocasionales y profesionales por igual. ¿Por qué?

Millones de usuarios sufren la misma calamidad. Por un lado, hay que lidiar con controladores desactualizados y encargados de sistema que siempre tienen algo más importante para hacer que solucionar nuestras penurias. Después surgen conflictos de administración, con colas de impresión trabadas y otros errores mutantes. Finalmente, llegamos a la locura de la tinta.
Descontrol en envase chico
¿Quiere imprimir en negro? No se puede porque la impresora dice que se terminó el magenta. ¿Cartuchos alternativos? El fabricante lo acusa de ser un pirata traidor, y bloquea la impresora. Y si decide hacer las cosas de forma ‘oficial’ debe pagar una fortuna. No importa el camino que se tome, perderá siempre. ¿Cuál es el problema?, ¿por qué la tinta de impresora es tan cara?
Los cartuchos son en esencia un fraude dice la publicación, inspirado en el viejo modelo de negocios razor and blades, citando como ejemplo a la impresora HP ENVY Photo 4527 All-In-One una máquina cuyo precio es bastante accesible considerando que su costo real de fabricación es mucho más alto.

¿Cómo recupera la diferencia HP? Decapitando a sus clientes con el precio.
La excusa más común es que las inversiones en materia de investigación y desarrollo son muy altas. La realidad dice que el costo de fabricación de la tinta se ubica entre los 11 y los 35 dólares por litro (dependiendo de la aplicación), cuando un cartucho oficial HP 302XL negro de 8.5 mililitros (compatible con la HP 4527) cuesta en promedio 12 dólares en Argentina. Un producto que es hasta 95% de agua pura desionizada así que si lo pensamos bien sería más barato imprimir fotos con champagne. El químico más importante que tienen las tintas (después del colorante) se llama ciclohexanona que es una de las sustancias más útiles. Es un disolvente orgánico que se usa para pegar caños de PVC y sirve para que el color se combine con el agua. Y por último tiene etilenglicol, que funciona como una especie de anticoagulante para que la tinta tenga mayor vida útil en el envase.
Un profesional químico puede fabricar tintas sin problemas y de manera económica y por eso las marcas premium realizan una virtual declaración de guerra a quien decide rellenar cartuchos, y (lo más injusto), a quien decide utilizarlos.
En 2018, cerca de 900 actualizaciones de firmware fueron publicados por apenas nueve fabricantes de impresoras. Son más de dos actualizaciones por día. Las descripciones oficiales casi siempre hablan sobre ‘mejoras de seguridad’, pero lo que hacen es limitar el mercado, y bloquear el uso de cartuchos alternativos, la seguridad es para ellos.
Hay más: el usuario ni siquiera accede al total de la tinta en el cartucho. Un estudio de Consumer Reports publicado en 2018 indica que los modelos más populares gastan la mitad de sus cartuchos en ciclos de mantenimiento para conservar a los cabezales en buen estado. La compañía Bellevue Fine Art hizo sus propias pruebas, y la merma oscila entre el 14 y el 21%.
Uso prepago
Los cartuchos alternativos (muchos importados de China) y los sistemas continuos siguen ganando tracción. Los usuarios que priorizan los trabajos en negro saltaron a la tecnología láser y nunca volvieron atrás. ¿La respuesta de las compañías? Ofrecer ‘suscripciones de tinta’, planes para imprimir. Una locura protegida por feroces leyes de EE.UU que básicamente dicen que el único dueño de la impresora y sus tintas es el fabricante y tiene derecho a actualizarla vía Internet las veces que quiera. Si se decide no actualizar la impresora o usar cartuchos de otra marca o rellenarlos es muy probable que la máquina nunca más vuelva a imprimir correctamente y es solo un tema de software, no hay nada que el técnico pueda hacer como no sea conectarla y dejar que se ponga al día. La solución durará otro tiempo hasta que la víctima, usuario, decida que es mejor imprimir en otro lado y no con ese aparato que ‘se descompone’ cada 30 a 60 días.
Razor and blades
El razor and blades es uno de los modelos de negocio más antiguos, y que basa su efectividad en el consumismo y el poder de la oferta de ocasión.
El origen se le atribuye a King C. Gillete y funciona así: la adquisición de una máquina de afeitar es extremadamente barata (razor), pero sin embargo los recambios de las hojas son mucho más caros, y resultan necesarios para poder seguir usando la máquina (blades). Del mismo modo, impresoras de marca resultan atractivas en su precio sin que el vendedor alerte sobre la trampa de la tinta que es donde está el verdadero negocio.










