🎁 Muñecas LOL: un caro dilema para padres que tiene enfrente mucho más que un simple juguete
En los últimos tiempos irrumpieron en el mercado de los juguetes productos coleccionables que generan una intensa atracción sobre niños y niñas. Las muñecas LOL son probablemente los más conocidos y exitosos de ellos. Especialistas en psicología infantil realizan algunas advertencias.
Las muñecas LOL -y otros juguetes lanzados al mercado que también consisten en personajes coleccionables- se convirtieron en un dolor de cabeza para muchos padres y muchas madres. El producto no es apto para bolsillos sufridos (los precios varían entre los 1.000 y los 4.000 pesos) y además viene empaquetado de tal manera que el comprador no puede saber si está llevándose de la juguetería una muñeca nueva para su hija o una "repetida".
Es que uno de los atractivos principales para los niños, con estos juguetes, es el momento del "unboxing", es decir el desempaquetado, esos instantes de adrenalina plena en que van desarmando las coberturas y envoltorios que guardan al juguete. Hasta que llegan a él ignoran si es un componente de su colección nuevo o uno que ya tenían. La decepción de los chicos cuando se encuentran con una muñeca o un muñeco repetida/o es tan grande que generalmente la cosa termina en llanto y con los padres obligados a intentar algún cambio.

Allí surgen otros obstáculos: las jugueterías, obviamente, ya no reciben uno de estos juguetes una vez que fueron abiertos. Y aunque las redes sociales hoy facilitan la conformación de grupos en los que se hacen intercambios (al estilo de los coleccionistas de "figuritas", años atrás), muchos chicos no quieren saber nada de juguetes que ya han sido abiertos y con los que ya no pueden vivir el excitante proceso del unboxing (no por casualidad, los videos que los niños ven en la web sobre estos productos se esmeran en convertir el desempaquetado en una ceremonia imperdible).
Hablan los especialistas
Los juegos "sorpresa" que alientan a coleccionarlos no son algo nuevo. Varias décadas atrás usaron una estrategia similar los juguetitos que venían dentro de los chocolates "Jack" o del chupetín "Topolín", probablemente el antecedente más lejano en nuestro país, que en los '70 se vendía dentro de un sobre. El dulce iba acompañado de un pequeño juguete. Más cerca en el tiempo, los huevos Kinder (y sus primos más baratos, los Toys) repitieron la receta. Pero aquí el riesgo del juguete repetido no era tan importante, por el precio de estos productos, muy inferior a los de las LOL y sus similares.
El panorama se complica porque además de las LOL Surprise hoy están las Cry Babies (muñecas que son animalitos y vienen en pequeñas casitas), los Hatchimals (minianimalitos que están dentro de un huevo que hay que romper para descubrir cuál tocó), los Num Noms (peluchitos perfumados que se descubren al abrir un una especie de pote de yogur) y muchos más siguen la misma lógica.
"Hace un tiempo, cuando éramos chicos, estaban los Jack, donde la expectativa estaba puesta en el muñequito que te iba a tocar y no tanto en el chocolate. En el factor sorpresa va más allá del producto. Está la adrenalina de vivir el momento. En el cuerpo pasan cosas cuando vas a abrir algo que no sabés qué es. El cerebro lo registra y busca repetir esa sensación", dice la psicopedagoga Rita Marini, especialista en juego, citada en un informe sobre el tema publicado por el diario La Nación.
En el mismo artículo periodístico, Luciana Goldstein, psicóloga infantil, se centra en el coleccionismo que alientan estas piezas: "Desde el psicoanálisis coleccionar no es un tema menor -plantea-. Hay una expectativa de 'estar completos', que es una ilusión que como sujetos nos atraviesa a todos. Por eso, los juguetes que apuntan al coleccionismo y a 'completar' series, hacen eco en este importante aspecto de la constitución psíquica y es una de las razones por las cuales estos juguetes, que invitan a coleccionar, resultan tan exitosos -sostiene-. En los niños -al igual que en los adultos- la completitud aparece ligada a una experiencia de satisfacción y de placer. Imaginar 'tener todos' genera mucha expectativa. Todos queremos completarnos y desde estos juguetes se ofrece la ilusión de que vas a completar algo. Pero llenamos el álbum y confirmamos que no nos alcanza y seguimos pensando que necesito otras cosas para completarme y eso genera insatisfacción."
Por eso, para Goldstein, estos juguetes nos enfrentan al viejo y conocido binomio: placer- displacer: "El circuito que activa esta propuesta está enfocado en generar el placer de tener un ítem de la colección (placer-satisfacción), y a su vez el displacer por no tenerlos todos. Por eso no es casualidad que los juguetes incluyan en el packaging los ítems de la colección, o mejor dicho, de "todo lo que no tengo y podría tener" para satisfactoriamente completarme. Me compraste la L.O.L pero no estoy satisfecha porque en realidad quería la otra. Mi hija de 4 años me dijo: 'Mirá los otros que no me tocaron'. Desde la industria juegan con ese binomio", analiza Goldstein.
¿Qué hacer?
Las dos especialistas consultadas sostienen que el rol de los padres es fundamental para lidiar con estas cuestiones en torno al consumo. "Como mamá recomiendo medir la frecuencia de estímulos a los que están expuestos, como pueden ser las pantallas, para que justamente estos juguetes no se conviertan en el único objeto de deseo -advierte Goldstein-. Como padres siempre nos enfrentamos a esta paradoja del deseo de nuestros hijos: tener todos los muñecos de la colección no cancela la carta a Papá Noel la próxima Navidad".
Desde su rol de psicóloga, Goldstein también asegura que prohibir este tipo de propuestas no es la mejor idea. "Jugar a completar la serie es importante como operación, así como es positivo un proyecto de construir o completar algo -plantea-. El problema se da cuando es el único juguete o estímulo de juego ofertado. Existen muchísimos otros temas en la infancia que necesitan ser jugados. Por eso mi criterio suele ser ofrecer variedad y diversidad en los juguetes para ampliar los recursos de los más chicos".
En tanto, Marini, que tiene un posgrado en neuropsicología infantil, recomienda a los padres aplicar la estrategia de la anticipación: "Siempre hay alguna de estas muñequitas o juguetes que prefieren que les toque más que otros pero en general eso que desean es lo que no les toca. Muchos padres, con tal de que el chico no llore, le compran otra. Y otra, y otra. Por eso ayuda mucho anticiparse: hay que explicarles a los más chicos que con estos juguetes pueden pasar tres cosas: que no les guste la o el que le tocó, que ya lo tenga o la mejor opción que esté buenísimo y entonces el chico se ponga feliz -sostiene-. Está bueno que piensen antes y que no sea todo tan impulsivo porque estas maneras de consumo no te permiten transitar la situación. Y tratar de que se convierta en algo social y no individual. Ya a partir de los 5 años se pueden prestar, compartir y que no sea solo algo para acumular. Al ser tan populares, si tocó repetida, seguramente hay alguien o una amiga con quien intercambiarla. Es cuestión de encontrarle la vuelta".










