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Temporadas de cultivo

“El amor es un milagro, como el nacimiento de una semilla”.
Cultivar requiere trabajo, tiempo, invenciones, creaciones nunca antes experimentadas.

Cultivar necesita de coraje, para transitar adversidades juntos, senderos con piedras y ríos correntosos, tormentas con olas gigantescas, y luego la calma, sonidos suaves, tintineantes. Cultivar un amor es un acto heroico, energético, de fuego lento, osado.

La siembra, rociada, en su justa medida, alimentada diariamente, crece, se multiplica exponencialmente, se expande, y las personas lo hacen también, evolucionan, se acompañan, con alas de libertad, ya que sin él, no sería probable la construcción saludable de un vínculo.

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El amor es viaje, hacia lo desconocido y profundo de mí, te entrego quien voy siendo; es reciprocidad, como la tierra que nos obsequia maravillas cuando la removemos, abonamos y regamos.

Para que la plantación sea provechosa y duradera precisa que nos gustemos, miradas tiernas, atracción, contactos cálidos de la piel, confianza, cuidado, besos, abrazos, sostén, charlas hasta tarde, escucha, atención, paseos, muchos mates, cenas, silencios, ruidos, distancia, cercanía, sorpresas, creatividad, tardes de mandarinas al sol, ponerse en el lugar del otro, también paciencia para entenderse, porque conocerse lleva toda la vida, primero con uno, todo el tiempo y luego con el resto, ya que vamos cambiando de rumbos paso a paso. Definitivamente, tus manos entre las mías y sólo caminar.

Gracias por ser un hombre medicina, tu bondad te brinda un mundo de posibilidades.

¡Celebro tu existencia!

Corina Schaefer 

La Vida es un Cuento