Una economía con las defensas muy bajas
Los coletazos de la guerra comercial de China con Estados Unidos, que se sintieron en todos los mercados del mundo, confirmaron la extrema vulnerabilidad del programa económico que impulsa el presidente Macri. Esta vez el golpe llegó desde el frente externo, con la depreciación en más de un dos por ciento de la moneda del gigante asiático que impactó en todas las economías emergentes, pero que en la Argentina puso en evidencia el nulo margen de maniobra que tiene el gobierno nacional ante cambios generados en el frente externo.
Este recrudecimiento del conflicto comercial entre las dos grandes potencias globales llegó en el peor momento para el gobierno de Cambiemos. Por un lado, porque se trata de una variable que está fuera del alcance del tablero de comando de la economía local y, por otra parte, porque los efectos de la decisión de China de devaluar su moneda desestabilizaron el tipo de cambio en la Argentina en la semana previa a las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) que se celebran este domingo. Se sabe que la imagen positiva que una parte del llamado electorado independiente puede llegar a tener del presidente Macri se desploma cada vez que sube el dólar, y es por eso que el gobierno nacional apostó casi todo a mantener dentro de cierta estabilidad el valor de la moneda norteamericana, para lo cual no dudó en subir hasta las nubes la tasa de interés, que esta semana superó la barrera del 60 por ciento solo para contener al dólar, con todo lo negativo que eso significa para la actividad económica de los distintos sectores. No exageraba la agencia norteamericana Bloomberg cuando hace pocos días sostuvo que la economía de Argentina se había transformado en la más dependiente y vulnerable del mundo, debido fundamentalmente al muy elevado ratio de la deuda externa de corto plazo, que trepó en la gestión macrista a un extraordinario 40,5 por ciento del PBI; y por la desviación de 35,8 puntos porcentuales de inflación por encima de la meta fijada para el primer trimestre de este año. No es casual que ante estos datos en la mano, y sin resultados relevantes para mostrar a la ciudadanía, la campaña electoral del oficialismo pida, aunque suene insólito, el voto sin reflexión. “No se necesitan argumentos, no es necesario dar explicaciones”, se planteó a través de las cuentas oficiales del presidente en Twitter y Facebook.
Mientras tanto, la “estabilidad monetaria” que pretende mostrar la administración Macri como si fuera todo un logro, depende exclusivamente de los préstamos que hace el Fondo Monetario Internacional a la Argentina, con el agravante de que la mayoría de los dólares que llegan de la mano del organismo multilateral entran por una ventanilla y salen por otra, para marcharse lejos, muy lejos, del agonizante sistema productivo nacional, que se resiente todos los días con el cierre de fábricas y destrucción de puestos de trabajo.
En un escenario tan complejo, la única estrategia que tiene el Banco Central para contener la fuga hacia el dólar (y por lo tanto evitar una nueva depreciación del peso que deteriore aún más el bolsillo de los electores) es la suba de la tasa de interés y, según trascendió esta semana, la autoridad monetaria interviene con el equivalente a 100 millones de dólares por día en el mercado de futuros. Un verdadero disparate que, por supuesto, está destinado a fracasar si se complican los factores externos que pueden volver a poner en jaque a la economía local y desestabilizar al tipo de cambio en lo que resta del año. Y nadie, en su sano juicio, puede garantizar hoy que las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China vayan a desaparecer en las próximas semanas o en los próximos meses. Por otra parte, el propio FMI tuvo que reconocer que la economía macrista tiene serios problemas, señalando que se subestimó la crisis y la inflación, de manera que ya no son solo las voces de la oposición las que lanzan las advertencias sobre el alto precio que tendrá que pagar toda la sociedad argentina por el modelo económico aplicado desde 2015 en adelante, que deja al país con las defensas muy bajas, haciendo muy poco probable que, al menos en el corto plazo, vuelva a tener un crecimiento razonable.










