Bocanada poética con Madariaga
“Yo escribo porque me alza la naturaleza", declaró un día Francisco Madariaga. Mucho más que todo eso encontramos en sus poemas.
Lejos del aniversario de su nacimiento de su muerte. Lejos de las efemérides. Cualquier momento puede ser propicio, bueno, bello para volver a la poética de Francisco Madariaga. En esta cortamos el día, la mañana, la siesta, la tarde o la noche, algún momento del día con poemas.

El riesgo de la verdad
Caes en mí como una brusca levedad del clima,
del agua,
de una oblicua y desterrada colina,
castigo delicado de un paisaje solamente hollado
por su propia demencia.
Mi desnudez asume así tu cálido cristal
y se destina más al fondo del celo con piel sonriente candente de tu herida.
Adorada mía tapizada de rayos,
con tu colina bajando todas las aguas de la
locura.
Niña mía, con la boca cargada del esplendor del
plátano, alguien,
alguien tiene que depender del canto.
Lluvia en las pirquitas
a Leonardo Martínez
Va a seguir siendo mía la lluvia cuando yo muera,
todo va a seguir siendo mío,
el trueno conservará intacto su sonido casi negro,
y el árbol a orillas del corral gozará con ese trueno,
mientras el olor a presencia de la tierra en la lluvia
será el mismo olor de mi ausencia.
Así le sucede y le sucederá a todo lo que es pertenencia del planeta.
Entonces, a no gemir, mi lejano palmar, cuando yo muera,
porque somos un pormenor de presencia de lo inmortal.
Arte poética
No podríamos sostenernos con esta piel y este
polvo gemebundo, guitarrera de grandes
desgracias.
Solo no hay trampa para la orden de hacer fuego hasta que todo arda.
Los puentes están artillados y solo los cruzan
caballeros blancos vestidos con el aire de
un muerto que posee la victoria final.
Totalmente entorpecidos por la belleza de su
sangre.
El comercio solar
Limpiamente destituido en el fuego, alúmbrame,
alúmbrame obrera del día.
Entre los animales y los hombres, debajo de estos paraguas para el sol me estremece el
ladrillo,
la cal viva del niño.
Estos que me limitan y hace pequeño el canto.
Fuera de horario
Las máquinas del transporte automotor se desnivelan en mi alma
y tu tienes que corromperlas con tu gracia.
Guitarrera dormida en los planteles junto a mi
ventana, acostúmbrate a que quiero viajar siempre con el origen del amor en mi
pecho,
junto a la tolerable delicadeza terrestre de los
trenes.










