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A 40 km de Castelli en Colonia Rodríguez Peña

Las ruinas de La Cangayé: olvidadas, pero no abandonadas

Cerca de un antiguo cauce del Rio Bermejo, a unos 40 km de la ciudad de Juan José Castelli existe un lugar mencionado en varios libros y ensayos de historia, pero a la vez un poco olvidado por los distintos gobiernos y organizaciones.

Por César Sosa Hrycyk  

Una pequeña porción de una parcela en la legua C de Colonia Pastoril Rodríguez Peña que también vive o vivió en la memoria de las comunidades originarias que habitaron la zona. Este pequeño punto, rodeado de un monte lleno de colores y sonidos, animales e historia, con un inmenso contexto histórico que marcó el Chaco, y que espera la visita de los estudiosos y autoridades que reclamen para sí mismos la posibilidad de re explorar y reescribir varias páginas de una historia con vaivenes tan sinuosos como esos brazos del Bermejo que también marcan su geografía. 

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La zona, bastante hermosa y rodeada de una espesa vegetación que bordea un antiguo cauce del Bermejo, ofrece un paseo vistoso pasa los ojos y oídos con un monte espeso y varias especies de aves. Abundan en la zona las madrigueras de vizcachas.

Estamos hablando de las ruinas de la Reducción de Nuestra Señora del Rosario y Santiago de los Dolores de la Cangayé, o simplemente La Cangayé como se la conoce hoy en día. Cuya traducción, según distintos investigadores de la tradición oral Qom, proviene de la deformación de ´Qom Lacagaxaye´ o ´Racaguiñi´ que se refiere a una zona azotada por un cataclismo ocurrido hace mucho tiempo, según artículos publicados previamente por este mismo matutino. Hasta allí nos acercamos, recorriendo los ondulantes caminos surcados por cauces de ríos secos y rodeados de la espesa vegetación del Impenetrable, gracias a la gentileza y amabilidad de un amigo personal compartido con mi predecesor Héctor Carlos Balustra: el Dr. Cesar Osvaldo Fontana.

De profesión bioquímico, suscriptor y ávido lector de NORTE, apasionado historiador y promotor deportivo que supo trazar con su trabajo junto a otros los destinos del reconocido club Abipones Rugby Club en sus orígenes hace ya más de 30 años, también es integrante de la Comisión Los Amigos del Bermejo y otras tantas instituciones locales, dejando su impronta de trabajo, seriedad y compromiso con cada una de sus intervenciones.

 

Pero su rol en este relato periodístico se relaciona prácticamente de manera personal. Desde hace un tiempo deseaba visitar este pequeño rincón vecino de nuestra localidad, cuyas leyendas y relatos despertaron mi imaginación cuando más joven y que pude concretar conocerlas gracias a que, precisamente Fontana, ha sido todo este tiempo la persona que garantizó su preservación y cuidado y quien en definitiva se ha convertido en mi guía turístico y orientador.

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El Dr. Fontana, parado al lado del cartel plantado en el medio de la reducción y que contiene el plano de la misma. A su vez apunta al acceso del predio, prácticamente pegado a una chacra, que contiene las ruinas con un ancho de más de 20 mts hacia sus lados. También se observa una pila de ladrillos que contenía la cruz que coronaba cada reducción, que actualmente se encuentra en el muro sur de la Parroquia Ntra. Sra. del Valle en Castelli (véase fotos de la tanda 5). Si bien, las edificaciones se encuentran prácticamente tapadas y llenas de cuevas de vizcacha, aún se puede hallar en la zona restos arqueológicos de la época.

Para llegar a ellas se debe seguir la ruta provincial 95 que pasa frente al acceso principal de Castelli y se cruza con la ruta 9 que va hacia Miraflores; de ahí en adelante se deben recorrer unos 40 km por caminos de tierra trazados por los consorcios camineros. En marcha tranquila, mientras intercambiamos una relajada conversación sobre el desarrollo de la zona, pasamos sobre los riachos Nogueira y Guaycurú hasta llegar al lote C, sobre un recodo del riacho Salado, antiguo brazo del Bermejo.

Historias enlazadas

Mientras vamos caminando hacia la entrada del predio que la delimita (que forma un curioso martillo si se lo mira desde arriba con un embudo como pie), el doctor va hilando el relato ensayado para muy pocos que lamentablemente se han interesado por ellas.

“El Padre Sena, predicando por estos montes perdió la vida y fue enterrado aquí”, explica. “Entonces el vino Martinet con los datos que obtuvo del Archivo de la Nación, con las coordenadas geográficas y efectivamente, en este lugar se desenterraron sus restos. Luego hubo una investigación en el Instituto de Paleontología de La Plata. También se desenterraron esqueletos pertenecientes a originarios que también fueron enterrados aquí, ya que la Cangayé era una reducción aborigen. Por el tamaño de los huesos, entre los mismos encontraron que sus manos estaban en posición de rezo y debajo de ellos una piedra rectangular. Porque cuando un sacerdote era ordenado en aquellos tiempos, el Papa le enviaba al obispo una piedra (Petrus, de la cita bíblica de Mateo 16:13-28). Su lugar de descanso final están en la Parroquia Nuestra Señora del Valle de Castelli”, afirma.

Antes de continuar y para entender la relevancia de estos apellidos: Sena y Martinet debemos repasar el año 1946, en el que Monseñor José Alumni junto a un grupo de expedicionarios en la que se encontraba Alfredo Martinet, con el objetivo de recuperar los restos del Padre José Bernardo Sena, que según el Archivo General de la Nación, estaban en el interior de una antiquísima iglesia ya en ruinas y tapada por el monte y que coincidían con el diseño del plano de Francisco Gabino Arias. Precisamente, a unos 1,60 metros de profundidad se encontró el cuerpo del sacerdote.

 

Mientras tanto que Alfredo Martinet ha sido (según relata María Elena Pastori de Fetter en su libro Homenaje a los Pioneros que hicieron Castelli, Ed. ConTexto) un apasionado por la historia del Chaco, que termina descubriendo el 17 de septiembre de 1943, en el camino de Sáenz Peña a Fortín Lavalle, a la altura del km 75 de la ruta 95, lo que luego sería llamado como las ruinas de Concepción del Bermejo o Concepción de la Buena Esperanza fundadas por el conquistador español Alonso de Vera, así como también de las ruinas de Guacará en la zona de Pampa Toloza.

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Actualmente funciona en la Facultad de Humanidades de la UNNE en Resistencia el Museo Regional que lleva su nombre y resume parte de sus invaluables aportes a la historia chaqueña. En cuanto al padre José Bernardo Sena, misionero Mercedario, la escritora Lidia Polich de Calvo, en su trabajo “Hombres y Mujeres que hicieron Chaco” (1999) lo describe como “conocedor de la zona y de las lenguas aborígenes, que había cruzado muchas veces el Chaco desde Corrientes hasta Tucumán.

Por ese motivo fue elegido por el Coronel Francisco Gabino Arias para llevar a los indígenas la noticia de la Expedición Reduccional de Arias y Cantillana, prometidas por Matorras. En 1780, al iniciar su última expedición contaba 41 años de edad. Salió con un carretón acompañado tan sólo por un muchacho, llevando regalos para los aborígenes a fin de disponerlos bien y facilitar los trabajos de la futura expedición.

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Las ruinas de La Cangayé fueron ubicadas en 1945 – a unos 60 kilómetros de la confluencia Teuco-Bermejo-, por Alfredo Martinet, quien junto a Monseñor Alumni y otros colaboradores realizaron el reconocimiento del sitio y excavaciones arqueológicas. Estas permitieron encontrar los restos del Padre José Sena, que tal como lo revelara la información documental, se encontraba enterrado al pie del altar de la iglesia. La cruz, entregada por Fontana es prácticamente idéntica a la de las ruinas de San Bernardo de Vértiz en la zona cercana a Miraflores.

Conocedor de las rutas que llevaban hasta el Bermejo no contó con un factor que hizo estragos ese año, una prolongada sequía, que agotó las aguadas y los esteros. La sed acabó con este esforzado misionero, que pereció en la travesía junto con su acompañante. Al enterarse Arias de este primero y doloroso contraste, mandó a dos partidarios (D. Juan Santos Zea y Antonio Burgueño) para que buscaran los restos del Padre Sena. Los hallaron el 5 de agosto de 1780. El día 6 se ofició una misa, se acomodaron sus restos en una urna que fue ubicada luego al pie del altar mayor en la Iglesia de La Cangayé”, para luego ser redescubiertos 165 años después por el entusiasta Martinet.

En 1943, un decreto del P.E.N. declaró las ruinas de San Bernardo de Vértiz y de La Cangayé, como Lugares Históricos Nacionales. La primera de ellas fue descubierta en 1884, por una columna al mando de Francisco Host, perteneciente a la expedición del General Victorica, a unos 116 kilómetros aguas arriba de la confluencia del Teuco con el Bermejo. Se relevó el sitio, constatando que el muro perimetral tenía un espesor de 50 cm. y los tabiques divisorios de 25.

Investigación propia

Fontana continúa con su relato: “cuando yo adquirí el campo en 1985 y vinimos con unos amigos a determinar el lugar donde sería mi casa, esta quedaba muy cerca de las ruinas. Al realizar la mensura, le solicité al agrimensor que me dejara a las ruinas fuera del campo.

 

En la legua C, lote 2 de la Colonia Pastoril Rodríguez Peña se encuentra el establecimiento forestal y agropecuario PAUMALÁ (en honor a sus 3 hijos). Las ruinas no pertenecen a César Osvaldo Fontana, dueño del establecimiento antes mencionado, sino que las mismas, son parte del patrimonio histórico de la Provincia del Chaco.

¿Porque comencé a preservar este lugar histórico? En aquellas épocas se publicaba un artículo en el diario NORTE, en la revista Chaqueña en el cual se afirmaba que las ruinas estaban abandonadas. En ese entonces le hice saber mediante una carta de lectores que en realidad las ruinas no estaban abandonadas, sino olvidadas, con sus límites y coordenadas perfectamente establecidas. Tal es así que hay restos de alambrado, aparte del cartel con el mapa de la reducción, también se encontraba un tronco de quebracho blanco con una placa de bronce del año 1981, con la leyenda ´Laua Raqagñi´, que en lengua mocoví significa ´Laguna que come a los hombres´.

Para que esa placa no sea robada yo, siendo miembro del consorcio caminero La Cangayé N°83, decidimos resguardarla en sus instalaciones hasta tanto se desarrolle un proyecto para este sitio. Así mismo, existe un pedestal de ladrillos en donde estaba enclavada una cruz de madera que dice ´12 de septiembre de 1780´ y que fue averiada por otro árbol que se le precipitó durante una tormenta de verano. Por lo cual la reconstruí y la entregué a la Parroquia de Castelli donde también se encuentran los restos del sacerdote Sena.

En ese momento hicimos un acta documento con fecha del 21 de febrero de 1990 en donde se hace constar la entrega al Padre Raúl Rodríguez, párroco de ese entonces, gracias también a un amigo de toda la vida el Juez de Paz Fernando Salcedo para que no se perdiera tan valioso patrimonio histórico”.

“La paz se firmó aquí porque en el medio del Chaco, desde Villa Ángela hasta aquí este era un coto de caza de mocovíes, que guerreaban con los Wichi que estaban hacia Salta al noroeste y con los Qom desde aquí hasta los límites de la nación Toba hacia la reducción de San Fernando Rey en Resistencia. Utilizaban la técnica del Chacú (que en quechua significa sistema de caza), que consistía en un gran circulo de ramas y árboles secos, dejando en un sector una pequeña puerta. El círculo se prendía fuego y a los animales no les quedaba otra que salir por ese único extremo en donde eran apresados.

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Cartel de acceso sobre el tejido perimetral. Letrero corroído por el tiempo y el clima en donde dice RUINAS DE LA CANGALLE.

Este hecho luego es tomado para imponer el nombre a nuestra provincia; pero además, para sobrevivir, se recolectaba los frutos del monte (algarroba, pencas de palmito, el agua del caraguatá cuando había mucha seca, entre otros)”. En cuanto al contexto histórico, Fontana relata que “para pacificar el Chaco, sale una delegación desde Tucumán y se firma la paz entre los 3 caciques, creando la reducción de Nuestra Señora del Rosario y Santiago de los Dolores de la Cangayé.

Este Riacho Salado era el antiguo cauce del rio Bermejo en aquellas épocas, que luego se corrió hasta el rio Bermejito y más allá hasta el actual cauce. Toda esta zona es terreno sedimentario debido a su pasado geológico, de allí también el mote de “rio salvaje”. La vieja compañía naviera de Roldán, allá por el año 1826, que venía desde Salta hacia Buenos Aires, pasando por los ríos Paraguay y Paraná, llevaba en sus barcos tabaco, madera y animales o cueros, navegando el Bermejo.

En sus relatos manifestaba que San Bernardo de Vértiz (como lo explica Luis Albornoz en su libro Allá en el Norte del Chaco) que tras su paso por las reducciones se encontraba con los aborígenes en donde se les enseñaba a sembrar, la música, artes y las prácticas religiosas. Cuando el peso del barco era mucha a veces encallaba, porque la profundidad del Bermejo no era muy grande, oportunidad que era aprovechada por los aborígenes para saquearlos y para evitar esta penosa situación se sacaban lastre de encima arrojando parte de la carga que traían.

En Asunción (Paraguay) se encontraba la conexión del rio Paraguay con el Paraná y (los españoles) estaban buscando una ruta terrestre desde el Virreinato del Perú hasta Asunción, pasando por Tucumán, para poder sacar las riquezas de oro y plata que luego llevaban a España, ya que si partían desde el puerto de Cartagena (Colombia) desde el Atlántico, los piratas ingleses los esperaban en las islas cercanas de San Andrés.

Por ello, desde Asunción, se funda en el territorio del Chaco en 1585 (5 años luego de la refundación de Buenos Aires), casi un siglo después de la llegada de Colón, la primera ciudad española, que luego se conocen como las ruinas del kilómetro 75 que se encuentran entre Tres Isletas y Sáenz Peña, descubiertas también por Martinet. En el derrotero de mi investigación pude entrevistarme con el profesor Ernesto Maeder, con el decano de la Facultad de Humanidades.

Así mismo, visité en Santa Fe al Colegio de la Inmaculada Concepción con más de 400 años de historia y una hermosa biblioteca con material valiosísimo sobre esta zona; encontrándome con un libro del padre Gabriel Grotti (1837-1914) que hablaba de este lugar. A pesar de mis esfuerzos, no encontré más información y desarrollé un proyecto propio que espero expresárselo a quien se interese por el patrimonio histórico del Chaco, porque esto no se debe ni se puede perder.

Considero que tenemos en nuestra provincia el recurso humano, las instituciones más estos sitios arqueológicos que nos permitirán reescribir y rescatar del olvido la verdadera historia de cómo fue surgiendo el Chaco. Este es un lugar para los historiadores, los investigadores, los profesores de historia. Esto no es poca cosa. Es algo que los chaqueños no podemos olvidar”, concluye.