Avanzar hacia mercados financieros sostenibles
Avanzar hacia economías que no dependan exclusivamente de la emisión de carbono es clave para evitar que se vea amenazada la vida en el planeta. La reciente adhesión de las principales asociaciones que representan a entidades bancarias que operan en el país al primer Protocolo de Finanzas Sostenibles confirma la importancia de priorizar las cuestiones ambientales y promover estándares de sustentabilidad en los negocios bancarios y financieros.
Este primer protocolo es una iniciativa impulsada por la Fundación Vida Silvestre Argentina y BID Invest (el área de inversión en el sector privado del BID) que considera que los bancos tienen un importante papel que desempeñar para lograr el progreso económico y social de las comunidades. La propuesta se basa en la idea de que invertir en el desarrollo sostenible es una decisión inteligente de negocios; y por eso respondieron a la convocatoria la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA), la Asociación de Bancos Públicos y Privados de la República Argentina (ABAPPRA) entidad en la que participa el Nuevo Banco del Chaco- y la Asociación de Bancos Argentinos ADEBA, que se comprometieron a trabajar con modelos de negocios que, además de ser rentables, también generen impacto social y promuevan el cuidado del ambiente, garantizando la sostenibilidad a largo plazo.
Es que, de acuerdo a lo señalado por representantes de la Fundación Vida Silvestre, la sostenibilidad abre las puertas a nuevas oportunidades de negocio sin descuidar la protección del ambiente. Se trata de acciones que van más allá de los ya conocidos bonos verdes y de las energías renovables. De lo que se trata es de incorporar al sector bancario y financiero al desafío de avanzar hacia una economía baja en carbono, es decir hacia una economía que emita un mínimo de gases de efecto invernadero. El Protocolo de Finanzas Sostenibles, que estará vigente en los próximos cinco años, tiene como objetivo facilitar y fomentar entre las entidades financieras del país una serie de prácticas y políticas que promueven una integración entre los factores económico, social y ambiental, para encaminarse hacia un desarrollo sostenible.
De esta manera, las entidades bancarias se suman al esfuerzo que se viene realizando en distintos países para transformar la actual economía global que alimenta un consumo insostenible de los recursos naturales. Al respecto, expertos en el cuidado del ambiente explican que en el mundo se talan árboles a una velocidad mucho mayor de la que tardan en crecer, se extraen más peces de los que los océanos pueden criar y se emiten más gases de efecto invernadero de lo que los bosques y océanos pueden absorber. Para llamar la atención sobre ese grave problema, los científicos hacen referencia al llamado Día de la Sobrecapacidad de la Tierra, que es el día en el que se consumen los recursos que regenera la Tierra en un año. Así, por ejemplo, en el año 2000 el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra fue el 1 de noviembre, en 2014 el 19 de agosto, el 13 de agosto en 2015, en 2016 el 8 de agosto, en 2017 el 2 de agosto y en 2018 el 1 de agosto. Esto significa que en la mayoría de las sociedades actuales, la población está consumiendo por encima de los límites que tiene la naturaleza para regenerar recursos renovables en un año y absorber desechos. Es lo que los científicos llaman biocapacidad. Resulta alentador que las entidades bancarias comiencen a trabajar en propuestas de finanzas sostenibles para que formen parte de los nuevos modelos de crecimiento económico que necesitan el país, la región y el mundo, que no deben estar disociados de la toma de decisiones que permitan asegurar el cuidado del ambiente y la biodiversidad. De lo que se trata es de evitar que el déficit ecológico siga aumentando cada año en el planeta. El mundo financiero debe contribuir, con medidas que tenga a su alcance como bonos verdes o préstamos sostenibles, por ejemplo-, para detener el incremento en la deforestación, la pérdida de biodiversidad, la erosión del suelo, la contaminación del aire y el impacto del cambio climático. Se trata, por supuesto, de un desafío que va más allá de las obligaciones de los Estados y que compromete también al conjunto de la comunidad y, claro está, al sector financiero.










