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En un partido muy caliente Argentina venció a Chile y se quedó con el tercer puesto

La Selección fue más que Chile y le ganó 2-1. Expulsaron mal a Messi, hubo VAR para un penalcito al rival y el arbitraje fue muy malo.

De pronto, el partido que no le importa a nadie se transforma en noticia mundial por obra y gracia, vaya novedad, de Lionel Messi. La cuestión es que lo que lo catapulta a ese lugar -paradoja del destino mediante- es una expulsión al 10, algo impropio y natural para su carrera, algo impropio y natural para lo que hizo.

Messi-Medel fue, desde los cinco minutos, un foco de conflicto en un campo minado de mirame y no me toques. Y Leo, en la jugada de las rojas, fue innecesariamente a empujar al chileno, un hombre siempre de pocas pulgas que reaccionó de forma intempestiva, como si le estuvieran sacando algo de mucho valor. Díaz de Vivar y el VAR determinaron que la Copa terminara para Messi antes de tiempo y los 45 mil hinchas en el estadio (mayoría de brasileños) silbaron al juez paraguayo de manera sonora.

Es imposible abstraerse de la roja a Messi y la Selección lo hizo. Y hacerlo fue otro paso adelante en este torneo que es realmente un paso adelante para la Argentina porque se sentaron bases, se afianzaron jugadores a futuro y se observó un compromiso colectivo que puede llegar, con más trabajo todavía, a minimizar ausencias pesadas. No es para descorchar ni mucho menos, sí para sostener el ímpetu en cada partido y sentir orgullo por ver a un equipo vestido de celeste y blanco.

Apellidos como De Paul, Paredes y Lautaro Martínez se ganaron un lugar con Scaloni hasta fin de año y con quien fuere más adelante. Dinosaurios como Agüero y Di María entendieron que el que no corre, vuela (del equipo). Joyas como Dybala deben usar este partido con Chile como plataforma de un real lanzamiento. Talentos como Lo Celso pueden ser una realidad. Jóvenes como Foyth son sin dudas el futuro.

Pero por encima de todo está el sentido de pertenencia, el hambre, la humildad deportiva, no creerse lo que -hoy- Argentina no es. Para ganar, tenés que ensuciarte las patas como pasó en cada partido que festejó. O lucharle como le luchó a Brasil.

Fuente: Olé