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El techo está lejos en el Norte, pero hay que invertir

Lo primero que se mejoró fue la genética, ahora el desafío es apuntalar la alimentación con mejor pasto y forrajes y la sanidad. Referentes de Aacrea, Aapresid e Inta ponen bajo la lupa en qué se avanzó y qué falta.

Quienes conocen el derrotero de la producción de carne en el norte argentino coinciden en que la evolución fue meteórica la última década, pero también se entusiasman con lo que puede venir: duplicar o triplicar la producción si se dan las condiciones para invertir, si se mejora la sanidad, la producción y consumo de pastos y los índices reproductivos. “Los últimos diez años la ganadería en el norte argentino evolucionó mucho más de lo que lo hizo en otras regiones, y lo bueno es que todavía tiene mucho por expandirse ajustando algunas cosas”, resumió el coordinador Nacional de Ganadería del INTA, Aníbal Pordomingo en diálogo con Clarín Rural.

Los últimos diez años la ganadería en el norte argentino evolucionó mucho más de lo que lo hizo en otras regiones.

Junto a Osvaldo Balbuena, veterinario del INTA Colonia Benítez en la Regional Chaco-Formosa; el asesor privado José Lizzi, líder del área de Ganadería de Aacrea; y Leonardo Ventroni referente de Aapresid y asesor en Agro Sudeste en Formosa (empresa de la familia Fogante), pusieron bajo la lupa pasado, presente y futuro de la producción de carne vacuna en el norte.

Lizzi identificó dos momentos en los que se invirtió, “un aluvión que llegó de la mano de la agricultura, en 2002/03 y otro después de la sequía de 2008/09, que fue de consolidación”. “Hay cuatro grandes ejes que marcan dónde estamos: recursos humanos y sanidad, que no están bien, alimentación que avanzó pero falta, y genética que está muy bien”, apuntó Ventroni. Todos coinciden que en el camino desandado la genética ha sido el pilar sobre el que empezó a edificarse una ganadería más eficiente. “Se acomodó la variabilidad del biotipo del norte, hoy tenés un brangus y braford bien definidos, con alta capacidad de desarrollo, buen rendimiento carnicero, altos índices de conversión y que funcionan muy bien en los sistemas intensivos a corral”, contó Pordomingo.

“Hoy la genética no es una limitante, ya se trabaja con Inseminación Artificial a Tiempo Fijo (IATF), una herramienta ordenadora, y DEPs que permiten incorporar las características que se necesitan para mejorar su rodeo”, especificó Balbuena.

En el capítulo del debe, Pordomingo destacó los niveles de destete, que están por debajo del 60% cómodos. “Es cierto que son zonas difíciles, con escasez o excesos de agua, altas temperaturas y una sanidad difícil”, apuntó. Aunque destacó que “no es imposible mejorar porque en el mismo lugar donde algunos logran el 50% de destete otros están en 80-85%, ¿cómo? Suplementando mejor la vaca, recriando mejor las hembras de reposición, haciendo destetes precoces y con un mejor manejo sanitario”.

Lizzi ponderó el cambio en el perfil productivo de la región: “Estas zonas consideradas habitualmente marginales, se identificaban con una cría de resultados malos que en el mejor de los casos alcanzaba 50% de destete, sin embargo, hoy empezamos a ver crías con 80-85% de destete en campos con buena tecnología y manejo y, a su vez, en las regiones donde se puede, hay una integración, ya no es sólo cría, sino también recría, invernada y engorde”.

Balbuena adelantó que desde el INTA están trabajando un proyecto para mejorar la cría y la recría con “acciones de extensión para difundir tecnologías probadas que contribuirían a aumentar estos índices de destete”. Un dato: “En el este del Chaco, en algunos casos hay que esperar a los tres años para el primer entore cuando debería ser por lo menos a los dos, pero como la recría es ineficiente las madres no llegan a los 340 kilos mínimos”, ejemplificó Balbuena.

Megatérminas al poder

Entre otras cosas, una de las llaves para mejorar la eficiencia productiva fue la adopción de pasturas megatérmicas, sobre todo el gatton panic, pero también grama rhodes, dichantium y brachiarias, que permiten aumentar la receptividad por superficie. “El gatton está ayudando en ambientes de pastizales muy degradados a triplicar o cuadruplicar las cargas”, indicó Pordomingo. El potencial es enorme si se piensa que la región podría tener el 30% de la superficie con megatérmicas implantadas y apenas si alcanza el 5%. El impedimento es que “en general no son de fácil implantación entonces requiere conocimiento e inversión”.

Ventroni destacó que la apuesta por agregar kilos con una buena recría pasto en el norte mismo es una posibilidad bien concreta pero hay que seguir mejorando: “Primero hay que saber qué megatérmica va en cada zona, porque gatton panic no va en todos lados, pero después, una vez que tenés el pasto, es importante poder consumirlo eficientemente”.

Claro, para esto se necesita inversión porque hacen falta potreros, lotes más chicos y aguadas. “Hay proyectos de inversión, pero con las tasas de interés actuales todo está parado”, señaló Ventroni. Y agregó: “Siempre sembrar una pastura en valores absolutos es caro, tenés que hablar de 200 o 300 dólares por hectárea, como una soja, pero es algo que vas a amortizar durante 10 años, vale la pena porque el número es rotundo: podés pasar de 80 a 300 kilos de carne por hectárea fácilmente”.

El líder de ganadería de Aacrea también destacó cómo ha mejorado la calidad de la carne que se produce en el norte. “Antes era un novillo de 4-5 años que nadie quería, hoy es un animal que se faena en el sur y se distribuye con igual o mejor calidad que las carnes de otras regiones y a buen precio”, apuntó.

*Publicado en Clarín

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