Erradicar el hambre y la inseguridad alimentaria
Según la agencia de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más conocida por sus siglas en inglés FAO, la seguridad alimentaria está garantizada cuando todas las personas “tienen acceso físico, social y económico permanente a alimentos seguros, nutritivos y en cantidad suficiente para satisfacer sus requerimientos nutricionales y preferencias alimentarias, y así poder llevar una vida activa y saludable”. Pero en pleno siglo XXI no son pocos los países en los que, lamentablemente, una porción importante de la población permanece al margen de la posibilidad de alimentarse en forma adecuada y digna.
Consciente de esta situación, el Papa Francisco hizo hace pocas horas un llamado para “erradicar con mayor rapidez y fuerza los complejos, graves e inaceptables flagelos del hambre y de la inseguridad alimentaria”. Así lo señaló en el mensaje que brindó en la Asamblea de la FAO, que se acaba de celebrar en Roma con la presencia de representantes de gobiernos y organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo. El Sumo Pontífice expresó en ese encuentro su preocupación por la falta de alimentos y de acceso al agua potable que afecta a millones de personas en todo el mundo, a la vez que remarcó la necesidad de actuar sobre las causas que las provocan. En ese sentido, observó que “en el origen de este drama se halla sobre todo la falta de compasión, el desinterés de muchos y una escasa voluntad social y política a la hora de responder a las obligaciones internacionales”. Expertos de Naciones Unidas estiman que en el mundo cerca de 800 millones de personas sufren de hambre, debido a que sus ingresos no superan los dos dólares diarios. No exageran quienes advierten que esta falta de acceso a los alimentos básicos es, hace ya bastante tiempo, un drama humanitario a nivel global, aunque esta generalización no debe impedir ver y analizar las causas que, en cada país, generan esta situación de exclusión.
La Argentina no es ajena al grave problema de la inseguridad alimentaria, pese a que —como remarcó el propio presidente de la Nación, Mauricio Macri, en su reciente visita a Japón—, es un país que produce alimentos de calidad para 400 millones de personas. Los alarmantes indicadores de desocupación y pobreza que reveló en los últimos meses el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, confirman el fracaso de un modelo económico que favorece a unos pocos. De hecho, el mismo organismo oficial reveló que aumentó la brecha entre los argentinos más ricos y los que están quedando en los márgenes de la sociedad, es decir, los más pobres.
De acuerdo a las cifras del instituto de estadísticas, en los últimos doce meses aumentó veinte veces la brecha de ingresos por persona entre el 10 por ciento más rico y el 10 por ciento más pobre de la población que, hay que decirlo, tiene cada vez menos posibilidades de acceder a la canasta básica alimentaria. Es que las políticas económicas, que desde fines de 2015 impulsa el gobierno nacional, hicieron que hoy una familia tipo tenga ingresos por 30.337,84 pesos para no caer en la pobreza. Fueron esas medidas que apuntaron al achicamiento del mercado interno lo que hizo también que en el último trimestre se registrara una nueva caída en el consumo por habitante en el país. Pero si este dato que confirma la caída del consumo en la Argentina es preocupante, lo es aún más el problema del hambre que sufren muchos en nuestro país y que debe resolverse con el compromiso de toda la comunidad, como bien señalara el Papa Francisco en su mensaje por el Día Mundial de la Alimentación, celebrado en octubre pasado. Vale aclarar que las palabras del jefe de la Iglesia no hacían referencia específicamente a la difícil situación que atraviesa la Argentina, sino a la situación mundial, aunque por supuesto no excluyen al drama argentino. Pero, como se sabe, el hambre no respeta fronteras, y por debe rescatarse también de ese mensaje el párrafo en el que el Papa observa que “no basta la intención de asegurar a todos el pan cotidiano, sino que es necesario reconocer que todos tienen derecho a él”.










