Llegar al último entrenamiento de la Argentina, una odisea
La Selección tuvo su práctica final en el predio del Fluminense, a pocos metros de la favela Ciudad de Dios. El camino no estaba registrado en ningún mapa.

RIO DE JANEIRO (Giovanni Catalano, enviado especial) Lo que inicialmente iba a ser un viaje de 38 minutos terminó durando poco más de una hora. Es que 27 kilómetros separan el barrio Marechal Hermes del Jacarepaguá.La Selección entrenó por última vez en el CT Barra, donde practica el Fluminense.

El club carioca utiliza este predio para entrenar, ya que hace de local en el Maracaná y no utiliza su estadio propio hace tiempo.
Que uno de los límites de la favela más famosa de Brasil, Cidade de Deus (Ciudad de Dios), esté al lado del predio obligaba a permanecer atento.
Reconocida por el peligro del barrio y por aquel famoso film del 2002 homónimo, la tensión no podía pasar desapercibida.

Utilizando la aplicación Uber, todo iba normal con Renato hasta que el GPS marcó el desvío de la avenida Ayrton Senna y el ingreso a una zona extraña. Basura, cerdos, tracción a sangre. Panorama muy distinto hasta hace apenas 100 metros. Y es que la herramienta de georreferencia no suele fallar.
Renato advirtió la situación y frenó el coche a tiempo antes de entrar a la favela. Consultó a un vecino y le contestaron que ese no es el camino recomendando y que debía dar algunas vueltas para ingresar por la parte trasera del predio del Fluminense.
Entre risas, algunas piezas dentarias de menos y un portugués casi inentendible, el vecino agregó que ya hubo argentinos que cometieron el error de meterse en Ciudad de Dios.

Avispado, Renato aceleró hacia donde le indicó el hombre. El pavimento estaba descuidado, baches de distintos tamaños, hombres y mujeres idos consumiendo crack con absoluta normalidad, cerdos cruzando la calle, más basura, y presencia humana escasa.
Llegamos al punto indicado. Portón cerrado con candado y un desvío sin éxito. Desde adentro, le señalaron a Renato que ese portón antes funcionaba como ingreso pero fue cerrado. Que para esta Copa América la entrada es otra.
Con una cuota más de nerviosismo, Renato decidió rodear la favela hasta salir en una avenida. Tras meterse en una calle sin salida, una nueva consulta lo lleva a ingresar a un terreno muy parecido a una obra de pavimentación a medio empezar. Calle de tierras, pozos que obligaban a ir despacio y aún así un parachoques que no salía ileso.
Ya estábamos en zona desconocida para el GPS. Es que hasta hace un mes todo ese territorio era monte. Abrieron este camino justamente para que periodistas y delegaciones no precisen entrar por la puerta trasera, esa que estaba cerrada, y en consecuencia no cruzar por la favela.
La falla en la actualización del GPS no merece mucho análisis, pero tampoco la zona tuvo una señalización clara, para ser más preciso, no había ninguna señalización que indique por dónde entrar para ir al predio ni por dónde no entrar, ni hubo recomendaciones por parte de la Conmebol.
Luego llegó el micro de la Selección haciendo rally por la calle poceada. Y tras una hora de espera desde las 10 -horario estipulado para la práctica- fue liberado el ingreso a la prensa.
Eso sí, en escasos 15 minutos (en eso sí son muy puntuales) invitan a los periodistas y fotógrafos a retirarse. Un cuarto de hora que apenas sirvió para ver al conjunto albiceleste iniciar su precalentamiento. Algún trote, pique corto. Del otro lado, Armani, Marchesín y Musso practican salto y balones sencillos. En otro sector, sparrings jugaban ping-pong-fútbol.
"¡Listo muchachos, se terminaron los 15 minutos, muchas gracias!", decía Nicolás Novello, jefe de Prensa de la AFA, y otro entrenamiento sin mayores respuestas para las buscadas por los periodistas.










