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El maltrato a niños en la frontera de EEUU

La reprochable política migratoria de separación de familias que promueve el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, escribió un nuevo capítulo esta semana con la decisión de un alto funcionario de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de renunciar a su cargo de jefe interino, en medio de fuertes críticas que presentaron organizaciones de derechos humanos por el trato denigrante que reciben niños migrantes y que provoca una enorme indignación dentro y fuera del país del norte.

Abogados de organizaciones no gubernamentales que visitaron un centro de la policía fronteriza estadounidense en Texas, donde estaban detenidos más de 250 niños, denunció que en ese lugar pudieron constatar la presencia de niños migrantes que permanecían encerrados sin acceso adecuado a agua, alimentos ni atención médica. Según activistas de organizaciones defensoras de derechos humanos, este tipo de maltratos se ha vuelto frecuente en esos centros de alojamiento de menores y tiene directa relación con la dura política migratoria, muchas veces al borde de lo inhumano, que instaló el magnate neoyorkino Donald Trump desde que llegó a la presidencia. Tras comprobar el trato degradante que reciben los niños, la organización Human Rights Watch elaboró un informe en el que denuncia la situación deplorable de los menores allí alojados, que son niños migrantes que viajaban solos hacia Estados Unidos o que fueron separados de sus familiares por las autoridades norteamericanas a cargo del control fronterizo. Durante la visita a los centros de detención, los abogados observaron la falta de elementos básicos de higiene como jabón y cepillos de dientes, además detectaron falta de camas y colchones, lo que obliga a algunos chicos a dormir en el piso, y casos de niños que no reciben atención médica adecuada. Según el informe de Human Rights Watch, los niños no tienen acceso a duchas ni a ropa limpia para poder cambiarse. Algunos chicos, incluso, aseguraron que llevaban varias semanas sin poder bañarse. Las denuncias de la organización de derechos humanos generaron un fuerte rechazo de ciudadanos y dirigentes políticos de la oposición hacia las políticas migratorias del presidente Trump. A través de la red social Twitter, estadounidenses que sobrevivieron al cautiverio en manos de piratas de Somalía o talibanes afganos criticaron al gobierno señalando que hasta sus captores les habían proporcionado un trato más humano, brindando elementos para el aseo.

La joven política norteamericana, representante del Partido Demócrata, Alexandria Ocasio Cortez, que el año pasado con 29 años se convirtió en la mujer más joven en ingresar en el Congreso norteamericano, criticó con dureza al gobierno de Trump: comparó a los centros de detención de niños con ‘campos de concentración‘ y dijo que son gestionados por una administración ‘fascista‘. La nueva promesa del electorado demócrata se ubica en las antípodas del pensamiento que mueve al controvertido empresario y conductor de TV devenido en presidente de la primera potencia mundial. Asegura que quiere promover ‘la justicia social, económica y racial en Estados Unidos’ y no teme afirmar que ‘no hay nada inherentemente noble en proteger un status quo que no atiende las necesidades de los estadounidenses de clase trabajadora’, una frase que no deja de llamar la atención en una sociedad de enormes contradicciones que tiene a más de 40 millones de norteamericanos (de los cuales cerca de 13 millones son niños) viviendo en la pobreza, a pesar de su capacidad para generar enormes riquezas.

Al parecer, la decisión de Trump de endurecer las políticas migratorias y de levantar un muro en la frontera con México ha generado entre los migrantes (la mayoría de países de Centroamérica) la idea de que cada vez será más difícil ingresar en Estados Unidos, lo que se tradujo en la decisión de hacerlo ahora, a cualquier precio. Si a eso se suma el drama de muchos migrantes que buscan huir de la violencia en sus países de origen, se pueden entender las razones del fuerte incremento de personas que quieren cruzar la frontera.

Por ahora son pocas las voces que condenan el trato que reciben los niños migrantes en los centros de detención de EEUU. Estos menores son víctimas de situaciones que han obligado a sus familias a sumarse a desplazamientos masivos en condiciones más que penosas. Si bien estas familias no cumplen con las exigencias migratorias del país del norte, ninguno de sus integrantes, y menos aún si son niños, debe ser víctima de un trato inhumano o denigrante. No hay excusa para que eso ocurra.

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