La Habana, Tonkin… ¿Ormuz?
No fueron pocos los analistas internacionales que relacionaron la seguidilla de incidentes en el Golfo de Omán con la creciente presión de EEUU contra Irán. El 11 de mayo Washington anunció el despliegue de su V Flota en el mar de Omán (antesala del Golfo Pérsico, estrecho de Ormuz mediante) con el argumento de que lo hacía para “defenderse” ante un hipotético ataque iraní, sobre el que no dio precisiones. Irán puso en alerta sus fuerzas, aunque la situación no escaló porque el régimen teocrático prefirió no responder.
El 13 de mayo se produjeron cuatro ataques contra buques petroleros frente a la costa de Emiratos Árabes Unidos, por los que Washington señaló a Irán. El día 15, el viceministro de Defensa de Arabia Saudita acusó a Teherán de ordenar “un ataque con drones” contra estaciones de bombeo sauditas. Ahora, dos nuevas explosiones fueron calificadas como “accidentes” por las empresas propietarias y como “origen indeterminado” por Irán.

En tiempos de tecnología bélica “inteligente”, que se produzcan dos ataques contra petroleros en la misma zona, luego de que allí se estacionara la V Flota, y que nadie logre especificar con precisión el origen, da qué pensar. EEUU redobló su apuesta y reclamó la reunión “urgente” del Consejo de Seguridad de la ONU para analizar los hechos. El secretario general de la ONU, António Guterres, condenó “el ataque” y subrayó que el mundo “no puede permitirse” una confrontación en el Golfo.
Rusia rechazó cualquier intento de sacar “conclusiones prematuras”, y Serguéi Riabkov, viceministro de Exteriores, advirtió que “Es demasiado pronto para saber qué o quién” está detrás del incidente: “No queremos que los hechos que acaban de suceder se utilicen para agravar la campaña de presión política, psicológica y militar contra Irán”. La Unión Europea advirtió que “La región no necesita más elementos de desestabilización y tensiones”, y pidió “máxima moderación” y “evitar cualquier provocación”.
Historia
El 15 de febrero de 1898, en plena guerra de cubanos contra españoles por la independencia de la isla, el acorazado estadounidense Maine anclado en el Puerto de la Habana “para proteger los intereses de ciudadanos estadounidenses” estalló, y tres cuartas partes de sus tripulantes murieron. Las causas de la explosión nunca quedaron claras, pero la opinión pública estadounidense, sacudida por los titulares de su prensa amarilla (los inefables Hearst y Pulitzer), aclamó la guerra hispano-estadounidense que terminaría dejando la isla en manos de Washington.
El 31 de julio y después el 4 de agosto de 1964, en el golfo de Tonkín, en Vietnam, barcos de la Armada de EEUU penetraron en aguas que Vietnam reclamaba como nacionales, y denunciaron que habían sido atacados por lanchas torpederas vietnamitas. El 7 de agosto, el Congreso de EEUU autorizó la participación directa de sus fuerzas armadas en la guerra de Vietnam, lo que rápidamente llevó el número de soldados estadounidenses allí de 50.000 a 500.000 con las consecuencias conocidas.
Solo en este siglo, documentos desclasificados del Pentágono y de la NSA confirmaron lo que el mundo sospechó durante mucho tiempo: el gobierno de Lyndon Johnson mintió sobre los incidentes del golfo de Tonkín con el fin de justificar la agresión directa a Vietnam. La gente del mundo del espectáculo suele decir que periódicamente es lícito repetir una y otra vez los mismos números artísticos, “porque el público se renueva”. En favor de los artistas, hay que decir que ellos no desatan guerras ni bombardean países extranjeros.










