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La Página del Lunes

“Mejor que decir es hacer”

Estos tiempos preelectorales sirven para que los mal llamados “políticos” lancen palabras al viento, vacías de contenido para ver si consiguen que ciudadanos inexpertos y “clientes” decidan otorgarle su voto. Palabras llenas de lugares comunes que nadie puede rechazar, pero que tampoco dicen algo concreto.

Esto pudo apreciarse con creces la semana pasada, con motivo de las celebraciones del 25 de Mayo. Funcionarios de todos los órdenes pronunciaron lindos discursos, que nada dijeron, pero que quedaron bien en medio del fervor patrio. Llamaron a reivindicar la gesta de los hombres de mayo, a imitarlos, a la unión de todos para superar las dificultades. Todos lugares comunes con los que nadie puede estar en desacuerdo, pero que no comprometen.

Autoridades convertidas en oradores hablaron, para quienes quisieron escucharlos y luego reprodujeron los medios de comunicación dichos como estos: ;àsólo breves muestras de una verborragia que no tiene contenido por la conducta de quienes los pronunciaron.

Hechos que desmienten palabras

En efecto, pocas horas después, varios de los oradores de los festejos patrios que llamaron a la unidad desde las tribunas, desmintieron en los hechos sus propios dichos. Dos líderes de un mismo partido, hoy con mucha responsabilidad, se reunieron para decidir el camino a seguir y el informe de prensa que se difundió después fue contundente, “ninguno de los dos dio el brazo a torcer”. Pocas horas antes habían llamado a la “unidad como la de los próceres de mayo”.

Esto y muchas otras cosas que se dicen y luego no se cumplen, o se lo hace a medias, hace que la sociedad, cada vez, esté más descreída de lo que dicen los políticos que viven hace décadas de la teta del Estado desconociendo que la suya debería ser una función transitoria.

Partidos políticos desvirtuados

Y esto nos pasa porque los partidos políticos están desvirtuados. Ellos, que deberían ser verdaderas escuelas de dirigentes, son simples sellos, locales vacíos, que se movilizan sólo en los tiempos electorales y después vuelven a vaciarse, porque todos sus dirigentes ocupan cargos y nadie se responsabiliza de la formación de las nuevas generaciones. Siendo la tarea política una función de servicio en beneficio de la ciudadanía, debe ser esencialmente transitoria. Durar solo un tiempo para entregarse durante ese lapso en alma y vida a ejercer el cargo con suspensión de toda actividad y hasta de la afiliación, para dedicarse al beneficio de todos, de los de su partido y de los demás ciudadanos. Tendría que ser como un servicio civil obligatorio que debería dar paso a otros ciudadanos que tengan la misma vocación.

Y entre elección y elección los partidos no deberían desaparecer, como sucede ahora, sino tener plena actividad, para ir preparando a quienes van a ser el recambio. Estudiando y practicando todo lo que requiere una tarea en beneficio de todos, con un renunciamiento total y una entrega sin condicionamientos, sin otra recompensa que lo necesario para la vida digna de uno y su familia.

Eso es lo que hoy no se ve y, es por ello, que pasa lo que pasa: en cada turno electoral se empieza todo de nuevo, más si el que llega al poder es de otro signo del que lo deja. Se llena el Estado y todos los poderes de funcionarios nuevos, que se suman a los que ya están y que ni tienen experiencia, ni ganas de trabajar, sólo quieren vivir del Estado. Una prueba de que cada vez se habla mucho más de lo que se hace es que, las obras que necesita la gente tienen un proceso cada vez más largo con el acompañamiento de actos y más actos. Por ejemplo, hoy se inauguran hasta la instalación de nuevas ventanas, de refacciones como la pintura y el revoque. Se hace un acto para la anunciar la construcción de una ruta. Otro para el llamado a licitación. Uno más para la adjudicación de la obra. Luego otro para el inicio... Luego se inauguran por etapas... Y así nunca se terminan las obras y quedan para otro turno. Si no que expliquen qué pasó con el segundo gran acueducto del interior, que debió estar terminado para 2015, como se anunció repetidamente.

Si nuestros políticos fueran inteligentes deberían dejar de escuchar al coro de adulones y entender que lo que quiere la gente es que hablen menos y hagan más, que las obras se hagan de una buena vez y que cumplan con su mandato y se retiren a cumplir con su papel de ciudadanos. Hoy los chaqueños que nacieron con el regreso de la democracia tienen 36 años y saben qué hacer cuando llegue el momento de poner la boleta en la urna. Votar por el que más hace, no por el que más habla.

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