Inocuo, una obra que hace parte al público e invita a reflexionar
Protagonizada por Diego Sánchez y Rocio Barreiro, Inocuo es una puesta en escena de producción local, que pretende sensibilizar al espectador sobre las consecuencias del accionar del hombre, a través de la producción, sobre el planeta. Buena música original y mucha intensidad.
Por Mariana A. Alegre
Con la dirección de Rocío Barreiro, quien protagoniza la obra junto a Diego Sánchez, Inocuo se presenta como una experiencia que pretende hacer parte al espectador, dentro del escenario. A través de la danza contemporánea, y de un acompañamiento muy bueno de música original, a cargo de Pablo Poblado y con la técnica de Lautaro Gómez Varela, la producción de estos jóvenes artistas busca sensibilizar al espectador sobre el cambio climático y cómo, la explotación de la tierra con métodos, muchas veces carente de buenas prácticas, se naturaliza.

Con una puesta en escena mínima, la obra comienza desde el ingreso a la sala, donde, lejos de ocupar el distante lugar de espectador en las butacas, los presentes se meten en el escenario mismo, con un mensaje que empieza a vibrar, en el inicio.
“El nombre Inocuo surgió de la forma en que llaman o describen a los productos agrotóxicos quienes los comercializan, describiéndolos como productos que no causan daños, ni trastornos en la salud ni en la naturaleza. Pudiendo así usar todo tipo de agrotóxicos y en grandes cantidades, mientras todo se daña de manera impune”, sostiene su productora.
En escena, lo mínimo, se expande con el acompañamiento de las luces y la música, junto a la intensidad del dúo al representar al ser humano y a la naturaleza, al mismo tiempo, y su desarrollo en el impacto de las actividades que denuncian.
La vivencia de cada espectador se torna única, en cada función, y en esto es clave la sinergia con la música original en vivo, la iluminación y la coreografía que tiene un despliegue muy cercano que envía el mensaje “no estás afuera de esto, sino que también sos parte”

La visión de un mundo industrial que no se sensibiliza a los recursos que la naturaleza la brinda, la desesperación y la resignación, vibran en la danza. “No lograremos que esto pare, pero quizás logramos que los habitantes abran los ojos y puedan, a través del arte, descubrir y ser consciente de esta realidad”, concluyen sus protagonistas, que fueron aplaudidos largamente por el público que vivió esta primera experiencia con obra.
Una buena propuesta cultural y artística, en un “escenario” como Charata, cuya economía vive de la producción agrícola, no puede pasar desapercibida, pero sin lugar a dudas su mayor impacto es abrir la mente de la ciudad a las propuestas culturales de producción local, que hace tiempo no se veían.










