Córdoba 1969: los obreros encabezan la rebelión
Con los trabajadores al frente, el Cordobazo reunió en la misma escena y en un solo día a todos los que venían soportando casi tres lustros de agravios. E inauguró otro periodo de fuertes choques sociales que solo pudo acallar la más criminal dictadura de nuestra historia.
El Cordobazo puede compararse con las más grandes luchas obreras de la tradición argentina: la Semana Trágica de enero de 1919, la Patagonia Rebelde de 1920, la huelga de la construcción de 1936, el 17 de octubre de 1945, la lucha del Lisandro de la Torre en 1959, la huelga general de 1975. Pero el Cordobazo destaca por encima de todas ellas porque además de su intrépido temperamento insurreccional, se dotó de un liderazgo clasista inédito hasta el momento: los obreros acaudillaron a todas las clases populares que se rebelaban contra la dictadura.
Tras la caída de Perón, en 1955, las principales direcciones sindicales capitularon más temprano que tarde, provocando la neutralización de los innúmeros esfuerzos de la militancia peronista. Para la época previa al Cordobazo, buena parte del activismo había logrado superar por izquierda a esos sindicalistas anquilosados y colaboracionistas, transformándose en el elemento fundamental del enfrentamiento contra la dictadura de Onganía. Donde este proceso alcanzó su mayor envergadura fue en Córdoba, la provincia en la que el desarrollo industrial del período adquiría la mayor densidad.
Al mismo tiempo, los ataques de la dictadura golpearon a la mayoría de la población cordobesa. A los obreros ante todo, con bajas salariales sistemáticas y mayor intensidad de los ritmos laborales. A la clase media y a los pequeños comerciantes, con el desguace del mercado interno y una fenomenal restricción al consumo. A los estudiantes, con el proceso de liquidación de la gratuidad en la enseñanza y el alargamiento de las carreras. El 29 de mayo, los obreros cordobeses, los mecánicos en primer lugar, iniciaron una intervención tan potente y audaz que logró encolumnar tras ellos a esa colosal fuerza popular que se lanzaba contra la dictadura.
Sábado inglés
Krieger Vasena, ministro de Economía de la dictadura, creó condiciones para la mayor concentración industrial en favor de empresas extrajeras, liberó el giro de utilidades al exterior, redujo aranceles aduaneros para la importación de maquinaria y autopartes, y permitió que las grandes empresas importaran partes de otros países como si fuesen productos nacionales. Simultáneamente, subió tasas de interés y dificultó la financiación de pymes industriales, lo que perjudicaba a las autopartistas nacionales.
Desde la crisis industrial de 1963, Industrias Kaiser, la principal automotriz junto a Fiat, intentaba aplicar una racionalización que por su lado imitaban el resto de las fábricas. Pese a la resistencia obrera, en 1970 la productividad de todas las ramas relacionadas con la industria automotriz era 70% superior a la de 1964, los salarios eran 10% inferiores, y el desempleo había trepado otro tanto, según encuestas de la propia entidad empresarial cordobesa.
En tal situación, la dictadura intentó derogar el “sábado inglés”, ley conquistada ya en los años 30, que fijaba una semana de 44 horas con un salario de 48. Además, las llamadas “quitas zonales” pretendían reducir salarios a los metalúrgicos del interior, argumentando “menor costo de vida”, para reducir costos y facilitar la radicación de industrias.
Asambleas y huelga
El entorno de todo este proceso venía cargado de otros acontecimientos en el resto del país que elevaban la temperatura político-social. El fuerte aumento de los aranceles en el comedor de la UNNE en Corrientes desató fuertes protestas estudiantiles, y en la represión del 15 de mayo fue muerto el estudiante Juan José “Chelo” Cabral. El 17, los estudiantes rosarinos salieron a repudiar el hecho, y la policía mató a Adolfo Bello dentro del comedor universitario. El 21, mientras continuaban las protestas, los represores asesinaron al alumno secundario Luis Blanco, también en Rosario. En estas movilizaciones habían participado trabajadores de metalúrgicos.
Este conjunto de acontecimientos desató un proceso deliberativo entre los trabajadores de todo el país y especialmente en Córdoba, que fue arrinconando a los jerarcas sindicales, quienes se vieron obligados a convocar a paros parciales durante todo el mes de mayo, hasta culminar en un paro nacional llamado para el día 30. Los obreros cordobeses, por su parte, decidieron ampliar la medida de fuerza a 37 horas, comenzando al mediodía del 29. A las 10 de las mañana se detuvo el trabajo en todas las fábricas, se realizaron asambleas, y a las 11 partieron simultáneamente las columnas desde cada empresa.
Marchas y barricadas
Todos sabían que las fuerzas de seguridad intentarían impedir que los trabajadores ingresaran al centro de la ciudad, por lo que desde el primer momento iban dispuestos a apedrear a la policía y romper los retenes como fuera posible. Destacaron en la tarea los obreros de Santa Isabel, unos 3.000 que llegaron desde el sur con gomeras, bolas de acero y bombas molotov. Ya en los primeros choques la columna sufrió la baja de numerosos heridos y el asesinato del obrero Máximo Mena, de 27 años.
Pero no hicieron más que multiplicar su audacia y resolución, y rápidamente se plegaron otros sectores populares, la clase media, y más adelante los estudiantes. Poco después del mediodía la policía había sido totalmente desbordada, y pese a la pronta retirada se llevaron dos agentes muertos y varios heridos. No hubo saqueos, aunque fueron incendiados algunos emblemáticos locales de grandes empresas. Los obreros y los estudiantes controlaban la ciudad. Después de las cinco de la tarde, las tropas del III cuerpo de ejército irrumpieron en la ciudad, y luego de una noche de combates, hacia la madrugada lograban recuperar el dominio de la urbe.
Corto y mediano plazo
El Cordobazo dio por tierra en lo inmediato a los “ajustes” programados por el gobierno dictatorial; desató un proceso de organización de los trabajadores por fuera de las estructuras sindicales del peronismo ortodoxo y colaboracionista; abrió un período de puebladas (“azos”) en Mendoza, Rosario, Tucumán, y otros sitios; que determinaron el relevo de Onganía poco más un año después, luego la retirada de la dictadura y la vuelta de Perón, hasta llegar al punto más alto de la ofensiva obrera con la huelga general de 1975, que echó al organizador de la Triple A, López Rega.
En todo el período, los gobiernos que pasaron y desde la dirección misma del Estado, aplicaron infinidad de recursos, artilugios y experimentos para reducir, frenar, desarticular y neutralizar las consecuencias del Cordobazo. Desde un golpe de Estado en la misma Córdoba en 1974; pasando por la creación del grupo terrorista Triple A, que mataba activistas y trabajadores; hasta el golpe del 24 de marzo de 1976. El Cordobazo es un mojón central en la historia argentina, y una experiencia accesible a la memoria y a la conciencia de los trabajadores, para cuando vuelvan a requerirla.










