Niños con bajo peso al nacer, un problema de salud pública
La Organización Mundial de la Salud analizó, por primera vez de manera sistemática, 281 millones de nacimientos en 148 de los 195 países miembros de la ONU. Según ese relevamiento, en la Argentina siete de cada cien bebés pesan menos de 2.500 gramos al nacer. De ahí la importancia de promover, en todo el sistema, una atención sanitaria, accesible y adecuada para prevenir y tratar el bajo peso al nacer.
Expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) remarcan que el bajo peso al nacer sigue siendo un indicador importante para la salud pública en todo el mundo y está asociado a una serie de consecuencias a corto y largo plazo, como la morbimortalidad fetal y neonatal, las deficiencias en el desarrollo cognitivo y el aumento del riesgo de enfermedades crónicas en la vida adulta. El organismo internacional, que define “bajo peso al nacer” como un peso al nacer inferior a 2500 gramos, señala en su informe que en la Argentina nacieron, en 2015, 753.600 bebés vivos, y que de ellos 55.400 tuvieron bajo peso al nacer (el 7,3 por ciento). Según los registros que lleva adelante el Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación en nuestro país los porcentajes de niños que nacieron con esas características fueron 7,3 por ciento en 2013; 7,1 por ciento en 2014 y 2015; 7,2 por ciento en 2016 y 7,3 por ciento en 2017. Las autoridades de Salud explican que debido a que la incidencia del parto domiciliario en las estadísticas de nuestro país es muy baja porque el 99,9 por ciento de los niños nace en hospitales o sanatorios, se puede decir que los registros sobre este tema son muy confiables. A partir de la certeza que brindan estos datos, se deben adoptar medidas en el sistema de salud para reducir las tasas de bajo peso al nacer. Se cree que algunas variables como la incidencia de cesáreas, o el embarazo adolescente, son dos factores que tienen directa relación con el nacimiento de niños con bajo peso. Respecto de la práctica de cesáreas, las cifras oficiales revelan que ese tipo de intervenciones en nuestro país se dan en el 45 por ciento de los nacimientos que tienen lugar en el sistema público de salud, mientras que en el sector privado ese indicador llega al 67 por ciento; siendo que la Organización Mundial de la Salud considera que la tasa ideal de cesáreas debe oscilar entre el 15 y el 20 por ciento de los partos.
Por otra parte, la OMS remarca que, en nivel global, el nacimiento prematuro es la causa directa de mortalidad neonatal más frecuente. En ese sentido, un informe del organismo indica que cada año, 1,1 millones de neonatos fallecen en todo el mundo por las complicaciones asociadas al nacimiento prematuro. Es importante, entonces, que se impulsen políticas públicas que estén orientadas a reducir el porcentaje de recién nacidos con bajo peso en todo el país y, a la vez, aseguren que la madre tenga acceso a la atención sanitaria adecuada en las primeras 13 semanas de embarazo. Luego, cuando se produce el nacimiento, es necesario que tanto la madre como el entorno familiar comprendan la importancia fundamental que tiene la lactancia para el recién nacido con bajo peso. Distintos estudios confirman que todas aquellas decisiones que están dirigidas a mejorar la alimentación de los lactantes con bajo peso al nacer tienen mayores probabilidades de mejorar su estado de salud y bienestar inmediatos y a largo plazo, y repercuten considerablemente sobre los niveles de mortalidad neonatal e infantil en la población. Además, investigaciones realizadas por especialistas revelaron que, si la lactancia materna comienza el primer día de vida del niño, se genera una reducción significativamente mayor del riesgo de mortalidad neonatal que si comenzara más de 24 horas después del nacimiento.
Por último, debe recordarse que la lactancia materna aporta enormes beneficios para la salud del niño, ya que la leche materna contiene todos los nutrientes que el pequeño necesita durante los seis primeros meses de vida, y lo protege contra la diarrea y las enfermedades comunes de la infancia, como la neumonía; a lo que deben sumarse los beneficios a largo plazo para la salud de la madre y el niño, como la reducción del riesgo de sobrepeso y obesidad en la infancia y la adolescencia.










