La recesión, un mal que perdura en la Argentina
El último informe mensual elaborado por la Unión Industrial Argentina confirma la gravedad de la crisis económica que atraviesa el país.
Según los datos de ese trabajo, la producción industrial profundizó su caída en marzo al registrar una contracción del 13,6 por ciento, comparada con igual período del año anterior y, además, tuvo un desplome del 6,3 por ciento contra febrero de 2018. No es el único sector que padece los efectos de una recesión que, lamentablemente, no es la primera que sufre la Argentina.
A propósito de las recurrentes crisis que sacuden al país, resulta interesante la lectura del documento presentado esta semana por el Banco Mundial en la sede que la Cámara Argentina de Comercio tiene en la Ciudad de Buenos Aires, titulado “Hacia el fin de las crisis en Argentina. Prioridades para un crecimiento sostenible y prosperidad compartida”. Según este trabajo del organismo internacional, entre 1950 y 2016, el país estuvo un 32 por ciento de ese período de tiempo con caída de la actividad.
En otras palabras, la Argentina pasó un tercio de los últimos 65 años en recesión. Los autores del trabajo apuntan, por otra parte, que fueron 14 las recesiones que atravesó la sociedad argentina en el período analizado. El documento del Banco Mundial señala que tantos años con falta de crecimiento no se registró, al menos hasta ahora, en ningún otro país del mundo, excepto la República Democrática del Congo, que tuvo el año pasado una tasa de inflación anual de un 50 por ciento y en estos días sufre, además de altos niveles de pobreza, el peligroso avance de una epidemia de ébola.
Respecto a la situación de los últimos años en la Argentina, el Banco Mundial observa en su informe que “los constantes desequilibrios macroeconómicos con un déficit primario del 4,2 por ciento del producto interno bruto (PIB) en 2017 y una inflación del 24,8% a fines de abril de 2017 combinados con grandes necesidades de financiamiento externo, hicieron que Argentina se volviese vulnerable a las turbulencias en los mercados emergentes que se registraron a fines de abril, lo que llevó a una fuerte depreciación del peso y un aumento del riesgo país”.
Frente a este complicado escenario, destaca la necesidad de trabajar en cuatro áreas para lograr un crecimiento sostenible que permita reducir la pobreza y generar prosperidad para los argentinos: una macroeconomía estable y equidad fiscal; apertura comercial; inclusión social basada en empleos de calidad, y protección del medio ambiente. Por otro lado, aconseja avanzar con una reducción de los impuestos distorsivos y con una ampliación de la base tributaria, para lo cual ‘es necesario definir responsabilidades en materia de gastos entre los diferentes niveles de gobierno y un sólido sistema de transferencias fiscales intergubernamentales para garantizar la provisión eficaz y equitativa de servicios públicos, así como mejores incentivos para la recaudación subnacional de ingresos’.
Otra de las conclusiones a las que llega el informe del Banco Mundial advierte que las recesiones en la Argentina no sólo se producen con frecuencia, sino que, además, son profundas. En ese sentido, el documento señala que en un ciclo de recesión el Producto Bruto Interno del país se contrae, en promedio, un 3,5 por ciento de crecimiento. Y agrega: el crecimiento económico promedio de largo plazo de Argentina ha sido de tan solo 2,7 por ciento y se sitúa por debajo de los niveles que presentan los países de la región del 3,7 por ciento, los nuevos países de ingresos altos que registran un 3,9 por ciento y los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que tienen un 3,2 por ciento.
En la presentación del informe del Banco Mundial, el director por Argentina, Paraguay y Uruguay del organismo, el alemán Jesko Hentschel, advirtió que en comparación con otros países de la región, el historial económico de la Argentina en el largo plazo ha sido desalentador. Es evidente que la actual gestión nacional tampoco ha podido liberarse de la recesión, una trampa de la que se logra salir con más valor agregado para la producción industrial y con la incorporación de tecnología y conocimiento, dos factores que, a la luz de los resultados, hoy se puede decir que no estuvieron entre las prioridades de la agenda nacional.
Temas en esta nota

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Sigue 9% por debajo de 2023

La industria acumula dos meses consecutivos de caídas
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La industria se derrumbó 12,8% en diciembre, la más pronunciada desde la salida de la pandemia

La inflación acapara toda la escena económica











