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El reconocido arquitecto Ramón Gutiérrez en Resistencia

“Necesitamos mirar el patrimonio con ojos mejores”

Es un referente en patrimonio iberoamericano y vivió en el Chaco por casi 30 años. El arquitecto e historiador Ramón Gutiérrez fue uno de los científicos pioneros en el Instituto de Investigaciones Geohistóricas (IIGHI). Con CHAQUEÑA dialogó sobre el valor que se le asigna al patrimonio histórico en la Argentina y en países latinoamericanos.

Fotos de Fabián Maldonado y Archivo

Resumir el curriculum de Gutiérrez es muy difícil: es un referente en Europa y América para el conocimiento de la historia de la arquitectura y el urbanismo latinoamericano que en varias ocasiones se pronunció a favor de fortalecer una mirada propia desde el continente y desde nuestra cultura. 

Cuando se creó el IGHII Gutiérrez fue uno de los pioneros. Trabajó con destacados referentes como Ernesto Maeder y Alfredo Bolsi.

“Los europeos valoran el patrimonio cuando la ciudad es homogénea y la ciudad es siempre heterogénea; es decir, va a cambiar siempre”, define. A continuación va al punto: es patrimonio un edificio que pese a ser destruido y reconstruido puede conservar valor simbólico. Menciona a los japoneses y sus templos que mantienen un incuestionable valor patrimonial aunque los derriben y vuelvan a erigir.

Trae dos ejemplos más. Uno es el puente de los incas que comunidades indígenas en Perú realizan cada cierta cantidad de años. Entonces el docente invita a pensar: “¿Es o no es el mismo hace 300 años? Hay muchas cosas que tenemos que rearmar”.

En Buenos Aires, fundó el Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana (1995). Foto de su biblioteca en el Paikyn. Archivo de NORTE.
Otro caso. “Nadie nos dice que el campanile de Venecia se cayó en 1902 y fue reconstruido igual en 1912. Pero si acá quiero reconstruir algo me dirán que la valoración (de patrimonio) no corresponde porque es un falso histórico. Cuando es de ellos (los europeos) no lo es y cuando es nuestro, sí. Como decía Lugones hay que saber mirar con ojos mejores. Y entender que hay que mirar desde acá”.

Gutiérrez es miembro de número de la Academia Nacional de Historia, titular del consejo consultivo del IIGHI, doctor honoris causa en la Universidad Pablo Olavide de Sevilla y con su esposa Graciela Viñuales, también arquitecta, fundaron el Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana (Cedodal).

Un día después del acto por los 40 años del IIGHI repasó cómo llegó a Resistencia en los 60. Con la intervención militar de Juan Carlos Onganía debió renunciar a su cátedra en la Universidad de Buenos Aires. El rector de la UNNE le ofreció trabajo y de inmediato se mudó al Chaco.

En 1975 en el inicio de un programa regional del Conicet para investigaciones, actual IGHII, Gutiérrez viajó a Perú por dos años (de 1976 a 1977) pero a su regreso pese a tener una dedicación exclusiva en la Facultad de Arquitectura, siguió trabajando con Alfredo Bolsi y Ernesto Maeder. Y no es casualidad que en la juventud, sus dos hijos eligieran estudiar Historia y Geografía. “Siempre me acuerdo del más chico que era de este tamaño (y señala una altura que no supera la silla) y ya sostenía la cinta métrica”, sonríe.   

Graciela Viñuales se especializó en restauración de monumentos y en investigar ‘arquitectura de tierra’. La foto de la pareja de arquitectos se tomó poco antes de que regrese a Buenos Aires. Archivo de NORTE.

En 1989 dejó la docencia en la UNNE y se dedicó de lleno a la investigación en el Geohistóricas, institución que presidió en 1994 durante desempeño de Maeder como convencional constituyente (de abril a noviembre). En 1995 con su esposa Graciela regresaron a Buenos Aires. 


Una postal

De su arribo a la capital provincial, recuerda que pensar también que eran pocos los chaqueños. Y quien venía en general estaba de paso, no con la idea de arraigarse. “Maeder me dijo desde el principio: vos te vas a terminar yendo. Le respondí que pensaba quedarme y estuve 29 años. Es cierto que cuando se fueron mis hijos el mundo se me hizo más chico. Mis hermanos estaban más grandes y por eso con mi esposa tomamos la decisión de volver a Buenos Aires”.

También dice que a fines de los 60 no era común que la gente tenga casa propia y que el auto era un parámetro que definía el nivel social y económico de un trabajador. “Importaba menos la mudanza, cosa que a mí me aterraba. Hay ciertos cambios sociales que se fueron dando; hoy se tiene otra idea sobre la vivienda y uno se reencuentra con esta idea de que ya no sos de afuera”, sonríe. 


¿Hubo un momento que fuera más difícil investigar?

-Tuvimos varios problemas. En 1980 y 1981 impulsamos una campaña para que no vendieran ni demolieran el mercado central, un edificio del año 1913. Se vendió a un señor que había tomado un crédito al banco provincia pero nunca lo pagó. Después se subdividió el terreno y volvió a vender. Dijimos que era posible reconvertir el espacio en teatro. Pero eran tiempos complicados. En Resistencia no hay otro edificio de ese año. El Todaro es posterior, del veintitantos, lo mismo el parque 2 de Febrero. Y si se mira el proyecto original del Perrando, integrado a las lagunas es una maravilla cómo fue pensado.   


Una ciudad sobre lagunas…

-La ciudad tiene problemas de nacimiento, se formó sobre lagunas y el agua vuelve sobre sus cauces. Es un tema complejo. Recuerdo la inundación del 83, tengo fotos de gente pescando en una avenida. Nosotros vivíamos en el barrio Paikyn construido donde antes hubo una curtiembre; en 1905 los franceses consultaron a los indios dónde era más alto y ahí la instalaron, tuvieron la capacidad de saber preguntar a los que sabían.


Conjuntos habitacionales

Gutiérrez recuerda también que en los 80 se licitaron conjuntos de mil viviendas que se construyeron en terrenos bajos. “Era un problema. Además se hicieron con sistemas constructivos que en otros países como España los usaban como viviendas provisorias para situaciones de desastre. Algunos eran buenos proyectos como el del barrio San Cayetano pero en otros como el Barrio España tuvimos varios problemas, se nos volaron techos por ejemplo.


Pasado y presente del IIGHI

El Instituto de Investigaciones Geohistóricas se fundó en 1979 y Ramón Gutiérrez fue uno de sus científicos pioneros. A comienzos de este mes integró un panel con Norma Meichtry, Alfredo Poenitz y Enrique Schaller, por tratarse de los primeros investigadores que sentaron las bases de su organización.

El arquitecto también presentó una conferencia sobre patrimonio iberoamericano.

Gutiérrez escribió más de 250 libros y folletos hoy disponibles en bibliotecas del IIGHI, de Humanidades, Arquitectura, Artes y la biblioteca central de la UNNE. Con su esposa Graciela Viñuales y con el profesor Dick Alexander (que falleció en 1994) formaron un grupo de trabajo con académicos de Córdoba, Tucumán, de Santa Fe.

Alexander se radicó en Resistencia a finales de los años ’60 y junto a Gutiérrez fundaron el Departamento de Historia de la Arquitectura de la UNNE. Y en 1973 comenzaron a editar la revista Dana -Documentos de Arquitectura Nacional y Americana-, que se difundió a Latinoamérica.

En una entrevista para la Universidad de México (en 2014), Iván San Martín Córdova sostiene que “sus ideas han contribuido a la madurez del pensamiento arquitectónico y urbano en la valoración y conservación del patrimonio suramericano”.

Hoy Gutiérrez celebra que “el aporte que el Instituto ha hecho por el conocimiento en la región continúe”.


¿Cómo es hacer ciencia hoy?

-Hoy todo es muy distinto. Hice toda mi carrera en el Conicet, así que para mí la investigación es fundamental. Lo que se está valorando es lo cuantitativo y no lo cualitativo. Entonces se obliga a los muchachos a hacer artículos con revistas indexadas y todo el sistema de las ciencias duras. Un libro ya no es importante, es una pérdida de tiempo; mucho más lo es un artículo que señala un descubrimiento y lo fundamental es hacerlo en inglés. 


Además abundan disidencias y cuestionamientos a las academias

-Nosotros teníamos una mirada diferente. En Resistencia se creó la primera cátedra de historia de la arquitectura argentina, de todas universidades nacionales. Eran seis cursos cuatrimestrales. Cuando el profesor González Gadei se fue a La Plata accedí por concurso y lo primero que hice fue incluir la materia y al año siguiente la de historia latinoamericana y después, patrimonio. Cambiamos el centro de discusión, ya no estábamos discutiendo el Renacimiento, el Manierismo, ni el Barroco; estábamos discutiendo sobre nuestra arquitectura. Pero para hacerlo necesitábamos un apoyo para estudiar y por eso editamos libros. Además organizamos expediciones con los estudiantes a Bolivia y Paraguay. Esa forma de trabajar, sobre esas bases pudimos cambiar las cosas.

Organizamos unas 28 jornadas en seis años, siempre cambiando de lugar y de ciudades, incluso en Rosario, San Juan, Tucumán, además de Resistencia. Eso permitió que con el regreso de la democracia muchos académicos volvieran a las universidades a continuar un trabajo y evitar que se perdiera. 


Enrique Domingo Dussel Ambrosini.
También con el aporte de  Dussel

Enrique Domingo Dussel Ambrosini (nacido en 1934, en Mendoza)  fue profesor de Ética en la UNNE (de 1966 a 1968). Es un académico, filósofo, historiador y teólogo de origen argentino, naturalizado mexicano, reconocido por ser uno de los fundadores de la Filosofía de la Liberación y también uno de los iniciadores de la Teología de la liberación. Fue crítico del eurocentrismo, del occidentalismo y de la modernidad apelando a un nuevo momento: la transmodernidad. Defensor de una postura de "giro descolonizador" o "giro descolonial" participó en las jornadas que Gutiérrez propició junto a otros contemporáneos académicos de la región.

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