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Avance de la pobreza en América Latina

La pobreza y la pobreza extrema rural han vuelto a aumentar en América Latina, dejando atrás muchos años de progresos importantes. Así lo advierte un informe preparado por la oficina regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el que se analiza el panorama de la pobreza rural en los países de la región. El documento advierte, además, que si no se recupera la senda de eliminación de la pobreza y la pobreza extrema rurales, millones de personas quedarán excluidas de la oportunidad de contribuir al desarrollo de sus familias, comunidades y países.

El representante regional para América Latina y el Caribe de la FAO, el mexicano Julio A. Berdegué, observa en el prólogo del informe que los 33 estados miembros de Naciones Unidas de nuestra región, entre los que se encuentra la Argentina, han suscrito el compromiso de erradicar la pobreza rural, y lo han hecho porque es perfectamente posible lograr esa meta a más tardar en el 2030. Por otra parte, en una conferencia de prensa ofrecida esta semana por la FAO en Santiago de Chile se presentó la iniciativa “100 Territorios libres de pobreza y hambre”, con la que el organismo internacional busca intervenir en el marco de políticas públicas y trabajar junto a gobiernos, organizaciones, empresas y sectores de la sociedad civil para contener la pobreza rural, mejorar la vida de las comunidades y evitar conflictos como los generados por las migraciones masivas y el narcotráfico. Según informaron las autoridades del organismo, en una primera etapa, el proyecto se pondrá en marcha en zonas rurales de Colombia, Guatemala, Honduras, Salvador y República Dominicana y se espera que en los próximos meses se sumen otros países de América Latina, donde casi la mitad de la población rural vive sin los elementos mínimos para vivir con dignidad.

En la conferencia realizada en Chile, las autoridades de la FAO explicaron que si bien América Latina había registrado avances significativos en la reducción de la pobreza y el hambre, en los últimos años la brecha entre las áreas urbanas y las rurales se profundizaron. El problema es que este nuevo escenario sirve de caldo de cultivo para serios conflictos vinculados al narcotráfico, como la producción de coca o amapola para heroína, el desarrollo de economías ilegales o, como se observó recientemente, generar una situación de enorme inestabilidad que obliga a miles de personas a abandonar sus hogares para sumarse a masivas migraciones hacia naciones más ricas. Los casos más conocidos y recientes son las largas caravanas de migrantes pobres de Centroamérica que buscan atravesar México con la esperanza de llegar a Estados Unidos, donde se encuentran con la dura política antiinmigratoria de la administración Trump. Fue muy claro el representante de la FAO, Julio A. Berdegué, cuando hace pocas horas dijo en Chile que, en rigor, nadie explica que el origen de esas migraciones son la existencia de territorios donde la gente vive en extrema pobreza y abandono, sino que sólo se presta atención al fenómeno cuando se ham generado problemas en las zonas fronterizas.

El problema es grave. Según la FAO, en América Latina hay áreas rurales con niveles de pobreza y pobreza extrema por encima del 70 por ciento de la población del lugar y con una incidencia de desnutrición crónica que el organismo no duda en calificar de inaceptable. Frente a este preocupante panorama, el organismo considera que es necesario apoyar los procesos de provisión de bienes y servicios públicos de calidad, ya que estos territorios tienen el déficit más grande en estas materias. También advierte que esta situación se vuelve aún más compleja cuando las economías de la región se desaceleran, y consecuentemente, el gasto social y el ingreso de los hogares se contraen. En la Argentina, lamentablemente, esta situación es bien conocida, y a modo de ejemplo se puede citar el proceso de desmantelamiento que sufre la agricultura familiar y las consecuencias sociales que traen las políticas económicas basadas en el ajuste continuo. Vale recordar el informe de la Relatoría Especial sobre el Derecho a la Alimentación de la ONU donde se advertía sobre el fuerte impacto negativo de las medidas de ajuste en los sectores más vulnerables de la población en el país. Allí se alertaba también que la adopción de esas políticas en medio de una crisis económica, que ya aumentó significativamente la pobreza y redujo la capacidad de compra de los pobres, solo lograría agravar el impacto sobre la realización del derecho a la alimentación en la Argentina.

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