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Las enfermedades que aumentan con la pobreza

La tuberculosis es un problema de salud asociado a la pobreza y las malas condiciones de vida que, sumado a las dificultades de acceso a los servicios de salud, requiere ser abordado por toda la sociedad. Así lo advierte un documento de la Organización Mundial de la Salud, que advierte sobre los riesgos que enfrentan los sectores que tienen acceso limitado a la atención de salud.

Si bien el documento no menciona expresamente la situación en Argentina, distintos estudios realizados en el país confirman que, históricamente, los casos de tuberculosis y de otros males, como el Chagas, por ejemplo, tienden a aumentar cuando empeoran las condiciones de vida de la población y se resiente el acceso a los servicios de salud de los sectores más vulnerables. Un gráfico elaborado por la cartera sanitaria nacional revela cómo, en el caso de la tuberculosis, el número de argentinos afectados por esta enfermedad aumentó cada vez que el país sufrió una crisis económica. De esta manera, la hiperinflación de finales de los años 80, el incremento de la desocupación durante el gobierno de Carlos Menem, la crisis de 2001, la debacle financiera internacional de 2008, así como el proceso de alta inflación y deterioro de la economía que se padece actualmente en el país tiene como común denominador el aumento de los enfermos con tuberculosis. Según los especialistas, hay factores que impactan en un incremento de los indicadores como la mala nutrición o la falta de acceso a una vivienda digna, que hace que muchos argentinos terminen viviendo en espacios públicos o bien hacinados en habitaciones precarias. Datos oficiales revelan que la infección bacteriana que provoca la tuberculosis registró en 2017 un nivel de incidencia de 26,5 infectados cada 100 mil habitantes. A lo largo de ese año hubo 11.659 casos, mientras que en 2013, la enfermedad había descendido en forma significativa, con una tasa de 21,6 cada 100 mil habitantes y 9.070 casos. Ahora se esperan las cifras oficiales de la evolución de la enfermedad en 2018, pero esos datos se conocerán recién el año que viene. Pero aunque todavía no se cuente con esa información, no debe sorprender a nadie que con la crisis que vive la Argentina, con un 32 por ciento de la población en situación de pobreza según el INDEC, haya aumentado el número de enfermos, confirmando así que estos males de la pobreza están estrechamente ligados a los ciclos económicos. Es muy poco probable que con el enorme deterioro que padece tanto el sistema productivo como el tejido social haya margen para mejorar los indicadores en salud pública. Al contrario, es casi seguro que al finalizar el mandato del presidente Macri habrá más casos de enfermedades ligadas a la pobreza.

Con respecto al caso específico de la tuberculosis, la Organización Mundial de la Salud advierte que, a pesar de que se trata de una afección curable y que se puede prevenir, todavía se registran altas tasas en el mundo de muertes por esta enfermedad. En ese sentido, señala que las personas inmunodeprimidas, como las que padecen VIH por ejemplo, desnutrición o diabetes, y los consumidores de tabaco, entre otros, corren un riesgo mucho mayor de enfermar. Además, observa que los nuevos desafíos que enfrenta la lucha de los sistemas sanitarios contra esta enfermedad, figura la resistencia a los medicamentos antituberculosos corrientes que llevan décadas utilizándose. Sobre ese tema, la OMS indica que en el año 2015, se registraron en las Américas 7.700 casos de tuberculosis multirresistente, el 59 por ciento fueron diagnosticados y solo el 74,8 por ciento de estos enfermos reciben actualmente un tratamiento eficaz.

Otra de las enfermedades relacionadas con la pobreza es el mal de Chagas. Se estima que cerca de un millón y medio de argentinos padecen esta enfermedad cuyo causante, el Trypanozoma cruzi, tiene la propiedad de ser más complejo que otros parásitos, lo que hace más difícil el trabajo de llevar adelante una inmunoterapia adecuada para avanzar en el desarrollo de vacunas efectivas. Se suele afirmar que, por sus características, el mal de Chagas es una enfermedad silenciosa, lo cual es cierto, pero debe señalarse que también es una enfermedad silenciada porque afecta en mayor medida a los sectores más desprotegidos de la población que tienen poca visibilidad y sufren con mayor dureza el deterioro de la economía.

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